Microchips con células de los astronautas del Artemis II pueden transformar la medicina: mini avatares expuestos a rayos cósmicos galácticos

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Publicado el: 22 de abril de 2026 a las 08:03
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Microchip con células humanas en la cápsula Orion durante la misión Artemis II con la Tierra y la Luna al fondo

¿Cómo se ensaya un viaje al espacio profundo sin convertir a una tripulación en conejillo de indias? La misión Artemis II ha vuelto a la Tierra con una respuesta tan pequeña como llamativa, cuatro chips transparentes cultivados con células humanas que viajaron junto a los astronautas en su ruta alrededor de la Luna.

En el interior de la cápsula Orión no solo iban Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. También iba una “bahía científica” compacta que alojó cuatro organ chips con muestras vivas procedentes de los propios miembros de la tripulación, con control de temperatura y de flujo de líquidos para que el tejido siguiera funcionando durante el vuelo.

Cuatro chips que viajaron junto a la tripulación

Artemis II amerizó el 10 de abril de 2026 frente a la costa de San Diego tras un viaje de casi 10 días. En su punto más lejano, la nave estuvo a 252.756 millas de la Tierra, unos 406.771 kilómetros.

En el interior de la cápsula Orión no solo iban Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. También iba una “bahía científica” compacta que alojó cuatro organ chips con muestras vivas procedentes de los propios miembros de la tripulación, con control de temperatura y de flujo de líquidos para que el tejido siguiera funcionando durante el vuelo.

Qué es un órgano en un chip

Un organ chip es un dispositivo con microcanales por donde circulan nutrientes y oxígeno, imitando condiciones del cuerpo. Se parece en tamaño a una memoria USB, pero por dentro se comporta como un pequeño sistema de laboratorio que permite ver cómo reacciona un tejido ante un “estrés” concreto.

Esta tecnología lleva años desarrollándose para estudiar tratamientos sin necesidad de probarlos directamente en pacientes. En la práctica, ayuda a predecir si un fármaco puede ser tóxico o si un cambio ambiental altera células humanas de forma medible.

Por qué la médula ósea es la primera elegida

La misión AVATAR se centra, de momento, en la médula ósea porque es la fábrica de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Además, es un tejido especialmente vulnerable a la radiación, algo clave cuando se sale del “paraguas” del entorno terrestre.

NASA explica que estudiar cómo la radiación afecta a la médula ósea también puede aportar pistas sobre lo que ocurre en tratamientos médicos como la radioterapia o algunos fármacos que dañan el ADN. Es decir, la pregunta espacial tiene un espejo muy terrestre. 

El objetivo real es saber antes de ir

En el fondo, el lema que se repite en estos proyectos es “know before we go”, saber antes de ir. Si un chip con tejido de un astronauta puede anticipar riesgos, se abre la puerta a enviar estos modelos antes que las personas, para ensayar contramedidas y ajustar la protección sanitaria con datos.

La propia Lisa Carnell, directora de la División de Ciencias Biológicas y Físicas de la NASA, lo resumió así, “Esta tecnología podría cambiar las reglas del juego para la NASA y para la medicina en la Tierra”. Y añadió que podría permitir “personalizar kits médicos” para futuras misiones y mejorar la atención a pacientes aquí abajo.

Donald Ingber, fundador del Instituto Wyss y responsable del proyecto, también apuntó la ambición del enfoque cuando habló de “avatares” de tejidos específicos de cada persona. La personalización importa porque dos cuerpos no responden igual al mismo entorno, y en el espacio esa diferencia puede ser crítica.

Una medicina más precisa y, en buena parte, más sostenible

La promesa de los organ chips no es solo “hacer ciencia en la Luna”. Es conseguir modelos más predictivos que, si funcionan como se espera, eviten que muchos desarrollos se estrellen al final del camino, cuando ya se han invertido años, materiales y recursos en la cadena de investigación.

NASA ya explicaba en 2021 que chips de tejido más duraderos podrían reducir la dependencia de pruebas en humanos y animales, además de ayudar a predecir fallos de fármacos y a personalizar medicina. Es un enfoque que encaja con una idea de investigación más eficiente, con menos ensayo y error.

Dicho esto, conviene el matiz. La Oficina de Responsabilidad del Gobierno de Estados Unidos señala que la tecnología es prometedora, pero aún tiene retos como la falta de estándares y de estudios de validación, y que hoy suele complementar, no sustituir por completo, métodos tradicionales. No es poca cosa.

Qué pasa ahora con estos “avatares” lunares

Tras el regreso, las muestras se analizarán y se compararán con controles paralelos mantenidos en la Tierra. El objetivo es ver qué cambia en las células formadoras de sangre cuando se combinan radiación de espacio profundo y microgravedad, y cómo se parece eso a lo que se observa en análisis de sangre de los astronautas antes y después del vuelo.

Los resultados no van a llegar en una semana. Los equipos necesitan tiempo para mirar procesos moleculares y rutas celulares con detalle, y ahí es donde se verá si este “doble” en chip refleja de verdad lo que vive el cuerpo humano. Si sale bien, la puerta se abre a estudiar más órganos y más perfiles de personas en futuras misiones.

La información oficial de la investigación AVATAR ha sido publicada en NASA.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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