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El león de las cavernas no era un león: el ADN revela una especie con casi dos millones de años de historia propia

El ADN de una cachorra congelada cambia la historia del león de las cavernas tras casi dos millones de años de evolución.

El león de las cavernas no era un león: el ADN revela una especie con casi dos millones de años de historia propia

En 2018 apareció en Siberia una cachorra congelada de león de las cavernas que parecía dormida. Se llamaba Sparta, tenía unos 32 000 años y conservaba pelo, garras y tejidos blandos de una forma excepcional. Ahora, su ADN ha ayudado a resolver una duda que llevaba mucho tiempo abierta.

Un nuevo estudio publicado en la revista Cell concluye que el llamado león de las cavernas (Panthera spelaea) no era simplemente un león moderno más grande y adaptado al frío. Era un linaje propio, separado del león actual probablemente desde hace unos 1,7 millones de años. No es poca cosa.

Un felino con historia propia

Durante años se ha descrito al león de las cavernas como una especie de versión gigante del león africano. Más robusto, más peludo y preparado para vivir en los paisajes helados del Pleistoceno. Pero el ADN cuenta otra historia.

Los investigadores analizaron 12 genomas de leones de las cavernas procedentes de Eurasia y del norte de Norteamérica, y los compararon con 20 genomas de leones modernos de África y el sur de Asia. El resultado fue claro. Los dos grupos formaban linajes evolutivos distintos, con historias demográficas separadas.

“Los leones de las cavernas se han presentado a menudo como una versión más grande y resistente de los leones modernos”, explicó David Stanton, autor principal del trabajo. Pero lo que muestran sus genomas es algo más profundo, una línea evolutiva que llevaba más de un millón de años siguiendo su propio camino.

Sparta cambió la historia

Sparta fue encontrada en Belaya Gora, cerca del río Indigirka, en el noreste de Siberia. Su conservación fue tan buena que los científicos pudieron obtener información genética de una calidad poco habitual en animales tan antiguos. Para entenderlo fácil, era como abrir una ventana directa a la Edad de Hielo.

El estudio no se apoyó solo en esta cachorra. El ADN se extrajo de dientes, huesos y también de tejidos blandos de ejemplares muy bien conservados en el permafrost. Esa mezcla de muestras permitió reconstruir una parte de la historia evolutiva de un depredador que dominó buena parte del hemisferio norte.

En la práctica, esto significa que los fósiles ya no solo cuentan una historia por su forma o su tamaño. También la cuentan por sus genes. Y ahí está la clave.

El hielo los acercó

Aunque eran linajes distintos, el león de las cavernas y el león moderno no vivieron siempre separados. El estudio detecta varios episodios de cruce entre ambos durante decenas de miles de años. La cantidad de ADN de león moderno encontrada en algunos ejemplares de león de las cavernas era pequeña, pero suficiente para dejar una pista.

En un león de las cavernas de Asia oriental central, de unos 20 000 años, los científicos hallaron entre un 3,2 % y un 4,4 % de ascendencia de león moderno. Según el trabajo, la fuente más probable fue una población ya extinta de leones del suroeste asiático.

¿Y cuándo se producía ese contacto? Sobre todo en los momentos más fríos. Durante las glaciaciones, los paisajes de tundra y estepa se extendían hacia el sur, empujando a los leones de las cavernas hacia zonas donde podían encontrarse con los leones modernos. Cuando el clima cambiaba otra vez, sus mundos volvían a separarse.

Las diferencias estaban en los genes

El equipo también encontró señales genéticas propias del león de las cavernas. Algunas estaban relacionadas con funciones como el crecimiento, la visión, el cerebro y el desarrollo circulatorio. Dicho sin rodeos, no se trataba solo de un animal más grande. Había cambios biológicos detrás.

Eso encaja con lo que ya sugerían los fósiles y el arte rupestre. En muchas pinturas paleolíticas, estos felinos aparecen sin la gran melena típica de los machos de león moderno. También se cree que eran más grandes y robustos, algo lógico para un depredador de paisajes fríos, abiertos y muy exigentes.

Pero conviene no ir más allá de lo que dicen los datos. Los propios investigadores hablan de señales compatibles con adaptación, no de pruebas cerradas para cada rasgo. En ciencia, ese matiz importa.

Por qué se extinguió

El león de las cavernas desapareció hace unos 14 000 años, al final de la Edad de Hielo. Y lo inquietante es que, según los investigadores, no parece que su extinción llegara después de una larga decadencia genética. No siempre hay una alarma lenta y visible antes del final.

La explicación más probable apunta a una combinación de cambios climáticos, caída de presas y presión humana creciente. Los grandes depredadores viven en lo alto de la cadena alimentaria, pero eso también los hace vulnerables. Si desaparecen los herbívoros de los que dependen, el golpe llega rápido.

La lectura para el presente es incómoda.

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