Los embalses de la cuenca del Segura comenzaron julio de 2026 con 664 hectómetros cúbicos almacenados, frente a los 348 hm³ registrados el 1 de julio de 2025. La diferencia es de 316 hm³ y supone un aumento de casi el 91 % en el volumen de agua disponible. La capacidad de las presas no ha cambiado, lo que ha cambiado de verdad es la cantidad guardada dentro.
La mejoría llega justo cuando el calor aprieta y el consumo agrícola aumenta. A mediados de julio, la cuenca todavía conservaba alrededor de 650 hm³, cerca del 57 % de su capacidad total, y la Confederación Hidrográfica del Segura mantiene que el abastecimiento, el regadío y los usos industriales están garantizados durante el actual año hidrológico. Es una buena noticia, aunque conviene leerla sin triunfalismos.
Un salto desigual
La fotografía de los grandes embalses explica buena parte del cambio. Fuensanta inició julio con 163 hm³, cerca del 78 % de su capacidad, frente a solo 60 hm³ un año antes. El Cenajo pasó de 111 a 277 hm³ y La Pedrera prácticamente duplicó sus reservas, desde 59 hasta 119 hm³.
No todos evolucionaron igual. Talave y Camarillas comenzaron julio ligeramente por debajo de los niveles de 2025, lo que demuestra que el gran salto de la cuenca se concentra en varias presas clave. Aun así, el sistema dispone de un colchón que el verano pasado no tenía, y no es poca cosa.
La lluvia llegó a tiempo
El año hidrológico comienza el 1 de octubre, no el 1 de enero. Desde entonces, la cuenca recibió episodios muy húmedos durante diciembre, enero, febrero y marzo, con precipitaciones por encima de los valores habituales en buena parte del territorio. Esa sucesión de lluvias alimentó las aportaciones y las reservas después de un 2025 mucho más seco.
El verano, sin embargo, ya está dejando su huella. Los embalses pasaron de 684 hm³ el 1 de junio a 664 hm³ al comenzar julio y a unos 650 hm³ a mediados de mes. Es un descenso esperable por el riego, el abastecimiento, la evaporación y la falta de lluvias, pero recuerda que el agua almacenada no es una fotografía fija.
Qué cambia para el campo
¿Qué significa esto en la práctica para los agricultores? Significa poder organizar la campaña con menos riesgo de recortes inesperados y con mayor seguridad para atender los riegos previstos. La CHS lo resume de forma clara al asegurar que «no se plantean dificultades en el cumplimiento de la garantía de los diferentes usos».
Eso no quiere decir que los tomates, los pimientos o las lechugas vayan a bajar de precio de forma automática. El precio final también depende de la energía, la mano de obra, el transporte, el clima y los contratos de distribución. Aun así, disponer de agua reduce uno de los grandes factores de incertidumbre y evita que la escasez obligue a cambiar planes en el último momento.
El trasvase da margen
La recuperación no depende únicamente del agua que cayó sobre la cuenca. Los embalses de cabecera del Tajo se encontraban en nivel 1 a comienzos de junio, por lo que el MITECO autorizó 120 hm³ para junio y julio, repartidos en 60 hm³ cada mes. Ese escenario aporta estabilidad adicional al abastecimiento y a las zonas regables vinculadas al acueducto Tajo-Segura.
La propia CHS recuerda que el sistema funciona con una mezcla de recursos. Incluye agua superficial, agua subterránea, trasvases, agua regenerada y agua desalada. En el fondo, la seguridad hídrica del sureste no descansa en una sola llave, sino en varias que deben funcionar de forma coordinada.
Por debajo de España
La reserva hídrica española se situaba el 14 de julio al 75,3 %, con 42.192 hm³ almacenados. El Segura aparecía al 57,2 %, por debajo de la media nacional y también de las cuencas internas de Cataluña, que alcanzaban el 87,9 %. El Júcar, otra cuenca mediterránea, estaba al 62,4 %.
¿Es entonces una mala cifra la del Segura? No, porque la comparación más útil es con su propio punto de partida. Pasar del 30,5 % al 58,2 % al comenzar julio en solo un año supone un cambio enorme para una cuenca semiárida y con una demanda muy elevada.
La sequía no desaparece
Los indicadores oficiales también invitan al optimismo prudente. A 1 de julio, la CHS situaba el índice global de escasez coyuntural en 0,849, dentro de la normalidad, y el índice global de sequía prolongada en 0,694, lo que indica ausencia de sequía prolongada. La previsión del organismo mantiene el escenario de normalidad hasta finales de septiembre.
Pero una temporada húmeda no elimina los problemas estructurales. El Segura sigue dependiendo de una gestión muy ajustada, de infraestructuras diversas y de un uso eficiente del agua. Confundir un buen año con una solución permanente sería como guardar el paraguas porque hoy ha salido el sol.
Lo que hay que vigilar
Durante las próximas semanas habrá que observar la velocidad a la que bajan las reservas, la evolución del Cenajo y Fuensanta, las aportaciones del trasvase y el comportamiento de la demanda agrícola. También importa mantener el consumo prudente que reclama la CHS, porque cada hectómetro cúbico que no se malgasta ayuda a llegar mejor al siguiente otoño.
El Segura afronta el verano de 2026 con mucha más agua, sin escenario de sequía prolongada y con los principales suministros cubiertos, pero sigue siendo una cuenca vulnerable. La buena noticia no es que el problema del agua haya desaparecido, sino que este año existe margen para gestionarlo mejor.
La nota oficial más reciente sobre la reserva hídrica ha sido publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.



