La Fundación Ciudad de la Energía (CIUDEN), dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), ya ha completado las pruebas de funcionamiento de una batería de flujo de vanadio (VRFB) de 1 MW y 8 MWh en su Centro de Desarrollo de Tecnologías de Cubillos del Sil (León). CIUDEN asegura que es “la batería más grande de Europa” de esta tecnología, y no llega sola, se integra en un sistema híbrido que combina solar, tres tipos de baterías y producción de hidrógeno verde.
La idea de fondo es sencilla, aunque la ingeniería sea compleja. Si queremos más renovables, hace falta guardar energía cuando sobra (por ejemplo, al mediodía con mucha fotovoltaica) y usarla cuando falta (al atardecer, cuando en casa se encienden luces, hornos y calefacciones). En Cubillos del Sil lo están probando a escala real, con más de 15 horas de autonomía según CIUDEN, y con un objetivo muy concreto, sacar datos útiles para la industria del hidrógeno y los combustibles sintéticos sostenibles.
Qué se ha instalado exactamente
El nuevo sistema VRFB tiene 1 MW de potencia y 8 MWh de energía, e incorpora además un módulo específico de experimentación de 100 kW y 800 kWh para ensayos de I+D+i. La ejecución del proyecto se adjudicó a la empresa española CYMI por 6,4 millones de euros e integra tecnología de la compañía surcoreana H2 Inc, según detalla CIUDEN en su comunicado.
Conviene traducir estas cifras a algo más cotidiano. MW es la potencia (lo “rápido” que puedes entregar energía) y MWh es la energía acumulada (lo “mucho” que puedes guardar). Dicho de forma simple, 8 MWh es el tamaño del “depósito” y 1 MW es el caudal máximo del “grifo” cuando se abre.
Tres baterías para un mismo problema
Lo interesante aquí no es solo el vanadio. CIUDEN ha hibridado tres tecnologías distintas en el mismo emplazamiento, una batería de sodio azufre (NaS) de 1 MW y 5,8 MWh, una de ion litio de 600 kW y 1,3 MWh, y ahora la de flujo de vanadio de 1 MW y 8 MWh. Sumadas, dejan una capacidad total cercana a 15 MWh.
Cada una cubre un hueco diferente. Las de ion litio suelen ser muy rápidas para responder a cambios, las NaS están pensadas para sostener energía durante más tiempo, y las de flujo de vanadio juegan fuerte cuando lo que se necesita es almacenamiento largo con buena durabilidad. En la práctica, no se trata de elegir “una batería ganadora”, sino de combinar para que el sistema completo sea más estable.
Por qué el vanadio puede cambiar las reglas
Las baterías de flujo de vanadio funcionan con electrolitos líquidos almacenados en tanques y con una reacción redox del vanadio en cuatro estados de oxidación. Esa arquitectura tiene dos consecuencias que a la industria le interesan mucho, una vida útil “superior a 20 años” y la posibilidad de desacoplar potencia y energía, lo que facilita ampliar capacidad sin rediseñar todo el sistema.
Esto importa porque el almacenamiento no es solo un accesorio bonito para las renovables. Es el “músculo” que permite que una planta solar se comporte de forma más predecible, reduciendo parones y picos. Y cuando hablamos de procesos industriales, esa estabilidad se nota.
Hidrógeno verde cuando el sol no acompaña
En Cubillos del Sil, el almacenamiento no está ahí solo para alimentar la red o para hacer demostraciones. También se conecta con dos electrolizadores, uno de alta temperatura con celda de óxidos sólidos (SOEC/SOFC) y otro de membrana polimérica protónica (PEM), con potencias de 300 kW y 250 kW, respectivamente, según CIUDEN.
El electrolizador PEM, por ejemplo, se diseñó pensando justo en la variabilidad renovable. CIUDEN explica que requiere 250 kW, puede producir hidrógeno con una pureza del 99,999% y trabaja entre 5 y 35 bar, cumpliendo la norma UNE EN 17124:2022. Está fabricado en Segovia por H2GREEM Global Solutions y llega con monitorización para medir caudal y pureza en tiempo real.
¿Y qué significa esto en la práctica? Que el hidrógeno verde puede producirse de forma más flexible, sin depender tanto de que “justo ahora” haya sol. Con baterías, se suaviza la operación, se evitan arranques y paradas continuas y se aprende qué configuración funciona mejor cuando se quiere escalar de verdad.
Un banco de pruebas que busca datos, no titulares
CIUDEN insiste en que el objetivo principal es obtener datos técnicos y operativos para el desarrollo a escala industrial. En el comunicado se habla de analizar eficiencia, degradación, integración con renovables y respuesta ante diferentes perfiles de carga, que es justo lo que suele faltar cuando un proyecto pasa del papel al mundo real.
El proyecto, además, está financiado con fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) de la Unión Europea dentro del programa Next Generation EU. Y aquí hay un matiz importante, esto no es solo tecnología, también es transición justa en territorio. La directora del Instituto para la Transición Justa (ITJ), Judit Carreras, lo resumió así, “apostar por el hidrógeno renovable no solo impulsa la descarbonización, sino que contribuye a generar actividad, innovación y empleo cualificado” en zonas que están redefiniendo su futuro energético.
Al final, este tipo de instalaciones sirven para responder a la gran pregunta que todo el mundo se hace, incluso sin decirlo. ¿Podemos tener más renovables sin que la red sea una montaña rusa y sin que la industria se quede sin energía fiable? En Cubillos del Sil están montando el experimento completo para comprobarlo.
La nota de prensa oficial ha sido publicada en la web de CIUDEN.













