El embalse de Navamuño, en Salamanca, aparece entre las ubicaciones prioritarias del borrador del Programa Nacional de Almacenamiento Hidráulico de Energía. La propuesta le asigna 280 megavatios (MW) de potencia y 2,24 gigavatios hora (GWh) de almacenamiento, una combinación que permitiría entregar su potencia máxima durante unas ocho horas. No es poca cosa.
Pero hay un matiz importante. La central no está construida, las obras no han comenzado y el proyecto todavía no cuenta con una aprobación definitiva. Lo que el Gobierno ha formalizado es el contrato para desarrollar el programa nacional, estudiar las alternativas y preparar futuros concursos, y ahí empieza realmente la historia.
Qué está aprobado
La Dirección General del Agua adjudicó el desarrollo del programa a la UTE formada por TYPSA y Jesús Granell Ingeniero Consultor. El importe de adjudicación asciende a 1.733.463,18 euros y el contrato tiene un plazo de ejecución de 24 meses.
¿Significa esto que las excavadoras llegarán ya a Navamuño? No. El encargo cubre la planificación del PNAHE, los estudios de viabilidad y el apoyo técnico necesario para ordenar los proyectos que podrían salir después a concurso.
La documentación oficial explica que el programa servirá de base para convocatorias posteriores destinadas a nuevas centrales hidroeléctricas reversibles. En la práctica, Navamuño está bien colocado en el mapa inicial, pero todavía depende de los resultados técnicos, económicos y ambientales. La selección definitiva llegará después.
Las cifras de Navamuño
El diseño preliminar contempla una potencia de 280 MW, una capacidad de 2,24 GWh y un depósito superior estimado en 2,89 hectómetros cúbicos. La relación es sencilla. Si la instalación entregara 280 MW de forma constante, podría mantener ese nivel durante alrededor de ocho horas.
Potencia y energía no son lo mismo. Los 280 MW indican cuánta electricidad podría aportar la central en un momento determinado, mientras que los 2,24 GWh muestran cuánto tiempo podría sostener ese esfuerzo. Es la diferencia entre la fuerza de un grifo y el agua disponible en el depósito.
Navamuño es un embalse de titularidad estatal situado en el término municipal de Candelario. Su función hidráulica actual debe seguir protegida, especialmente porque el agua almacenada está vinculada al abastecimiento de Béjar y de municipios del entorno. La energía no puede desplazar al agua de consumo, y ese será uno de los puntos delicados.
Una batería de agua
Una central de bombeo reversible funciona con dos depósitos situados a distinta altura. Cuando sobra electricidad en la red, las bombas elevan agua hasta el depósito superior. Más tarde, cuando aumenta el consumo o baja la producción renovable, el agua desciende y mueve las turbinas.
Es como un ascensor de agua. Subirlo consume electricidad y bajarlo permite recuperar buena parte de esa energía, aunque siempre existen pérdidas en el proceso. Por eso el bombeo no crea electricidad, sino que la guarda para utilizarla en un momento más útil.
¿Qué cambia esto en la práctica? Ayuda a que los excedentes solares del mediodía o la producción eólica de una noche ventosa no se desaprovechen por completo. Después, esa energía puede volver a la red durante la cena, cuando cae el sol, sube el consumo y todos miramos de reojo la factura de la luz.
Por qué la necesita España
El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima prevé alcanzar 22,5 GW de almacenamiento en 2030. Durante 2025, tecnologías como el bombeo y las baterías ayudaron a integrar 9.213 GWh en el sistema eléctrico, un 6,2 % más que el año anterior. Cuanta más energía solar y eólica entra en la red, más capacidad hace falta para trasladarla de unas horas a otras.
El bombeo también puede aportar respuesta rápida, reserva y apoyo a la estabilidad del sistema. No es un escudo mágico contra cualquier apagón, porque una interrupción eléctrica puede tener causas muy distintas. Pero sí añade flexibilidad y capacidad de reacción, y eso se nota cuando la red trabaja bajo presión.
En el fondo, Navamuño forma parte de una idea más amplia. España quiere aprovechar algunos embalses públicos ya existentes para reducir parte de la obra nueva y ordenar el despliegue de centrales reversibles. Utilizar una presa construida no elimina el impacto, pero puede evitar levantar toda la infraestructura desde cero.
El examen ambiental
Aquí está el verdadero filtro. El programa debe pasar por una evaluación ambiental estratégica y cada central que avance necesitará después su propia tramitación. También habrá que estudiar las conducciones, las turbinas, el nuevo depósito, la conexión eléctrica y los movimientos de agua.
Los técnicos deberán comprobar la compatibilidad con los caudales ecológicos, los usos actuales, las masas de agua y las figuras de protección del entorno. En un embalse ligado al abastecimiento, cualquier cambio en la explotación tendrá que demostrar que no pone en riesgo el suministro ni deteriora los ecosistemas aguas abajo.
Además, una central de bombeo mueve agua repetidamente entre dos cotas. La evaluación tendrá que revisar las variaciones de nivel, la calidad del agua, los sedimentos y la posible afección a hábitats y especies. Los números energéticos pueden ser atractivos, pero no deciden solos.
Lo que falta
Durante los 24 meses del contrato se elaborarán estudios y se ordenarán las opciones del programa. Después podrían llegar los concursos públicos para permitir que una empresa tramite, construya y explote una central, normalmente a cambio del correspondiente canon por utilizar la infraestructura estatal.
Incluso si Navamuño supera esta primera selección, el futuro adjudicatario tendría que completar la evaluación de impacto ambiental, obtener los permisos hidráulicos y energéticos, asegurar el acceso a la red y cerrar la financiación. El contrato oficial no establece por ahora una fecha de inicio de obras ni de entrada en servicio.
La conclusión es más prudente que algunos titulares. Salamanca no tiene todavía una megabatería de 280 MW, pero sí una propuesta con cifras concretas y un proceso administrativo ya iniciado que deberá demostrar su viabilidad y su compatibilidad con el agua.
La formalización oficial del contrato para desarrollar el programa ha sido publicada por la Dirección General del Agua en el Boletín Oficial del Estado.



