Hito histórico en la tecnología militar: prueban por primera vez un motor líquido almacenable para hacer funcionar un misil hipersónico

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Publicado el: 29 de marzo de 2026 a las 20:42
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Motor Draper de Ursa Major para misiles hipersónicos, sistema de propelente líquido almacenable no criogénico.

La carrera por el hipersónico suele sonar a proyectos eternos, presupuestos inflados y prototipos únicos. Pero en marzo de 2026 la Fuerza Aérea de Estados Unidos ha puesto sobre la mesa algo distinto: un demostrador que afirma haber volado en menos de un año y que, por primera vez en este tipo de programas, apuesta por un motor de combustible líquido almacenable y “no criogénico”.

El detalle ecológico (y aquí está la clave) no es que un misil sea “verde”, porque no lo es. Lo relevante es otra cosa: el tipo de propelentes y lo que implica para riesgos químicos, logística y residuos. En la práctica, hablamos de menos dependencia de sustancias extremadamente tóxicas usadas históricamente en propulsión espacial y militar, aunque el impacto climático de quemar combustible siga existiendo. Y eso se nota.

Qué es el ARMD y por qué ha llamado la atención

El programa se llama ARMD y su objetivo declarado es demostrar una capacidad hipersónica “asequible” y rápida, con un primer vuelo logrado en un plazo inferior a un año. La idea es aprender en vuelo y acelerar iteraciones, en vez de quedarse años acumulando pruebas en tierra.

El motor protagonista es el Draper, de la empresa Ursa Major. El enfoque, según la propia compañía y fuentes del programa, busca un sistema que pueda almacenarse sin criogenia (sin tanques y temperaturas extremas) y que permita perfiles de vuelo con empuje controlable, algo que cambia cómo se diseña y se prueba un vehículo de este tipo.

El punto ambiental: menos toxicidad no significa “cero impacto”

Ursa Major describe el Draper como un motor de propelentes “no tóxicos” y almacenables, basado en peróxido de hidrógeno y queroseno. Esto importa porque, durante décadas, parte de la industria ha dependido de sustancias como la hidrazina, muy tóxica, cuyo reemplazo lleva años en la agenda de agencias e institutos de investigación.

¿Significa eso que el sistema sea ecológico? No exactamente. Que un propelente sea “menos tóxico” se refiere sobre todo a manipulación, almacenamiento y riesgos en caso de fugas o accidentes. Es decir, menos peligro químico directo para personal, suelos y entornos cercanos a bases o instalaciones.

Pero el queroseno sigue siendo un combustible fósil. Al combustionar, genera CO2 (y en función de condiciones, también partículas y otros compuestos). Así que, aunque se reduzca la “mochila” de toxicidad de ciertos propelentes, el problema climático no desaparece por arte de magia.

Por qué un motor almacenable cambia la película

En propulsión, la palabra “almacenable” es casi sinónimo de “listo cuando hace falta”. Los sistemas criogénicos son eficientes, sí, pero requieren mantener combustibles a temperaturas muy bajas, con una logística compleja y pérdidas por evaporación. En cambio, un sistema no criogénico puede permanecer preparado durante más tiempo y operar en rangos amplios de temperatura.

En lo cotidiano, sería como comparar una batería que puedes dejar cargada sin cuidados especiales con otra que exige estar siempre “en condiciones perfectas” o pierde rendimiento. En defensa, esa diferencia se traduce en menos infraestructuras dedicadas, menos maniobras de mantenimiento y, en teoría, menos puntos donde se generan residuos o incidentes de seguridad.

Además, el programa insiste en el coste y en la fabricación. Se menciona el uso intensivo de fabricación aditiva (impresión 3D) para reducir piezas, simplificar montaje y acelerar producción. Esto no convierte el sistema en sostenible, pero sí puede recortar desperdicio industrial y tiempos de fabricación si se aplica bien.

La paradoja “verde” en tecnología militar

Hay un matiz incómodo que conviene decir claro. Muchas mejoras ambientales en el sector militar no nacen para “salvar el planeta”, sino para reducir riesgos, costes y dependencia logística. Dicho de otro modo, se busca fiabilidad y rapidez, y como efecto colateral se eliminan algunos químicos especialmente peligrosos.

Aun así, desde el punto de vista de medio ambiente, cada sustitución de sustancias altamente tóxicas por alternativas menos peligrosas es relevante. Sobre todo en un mundo en el que las instalaciones industriales, los transportes de productos químicos y los ensayos también dejan huella. El problema es que, si el resultado final sigue quemando combustibles y generando emisiones, el avance es parcial. En buena parte, es una mejora de seguridad química, no una solución climática.

Y aquí viene la pregunta inevitable. ¿Puede una tecnología pensada para defensa impulsar cambios útiles en el sector civil, por ejemplo en propulsión espacial o en sistemas industriales? A veces pasa, y a veces no. Pero el debate está sobre la mesa.

Qué tener en cuenta si te preocupa la sostenibilidad

Si sigues estas noticias por el ángulo ambiental, hay tres ideas simples que ayudan a no perderse.

Primero, “no tóxico” no significa “sin emisiones”, significa menos peligrosidad química directa comparado con propelentes clásicos como la hidrazina. Segundo, “asequible” y “rápido” suele implicar procesos productivos distintos, como más fabricación aditiva y menos pruebas eternas, con efectos secundarios sobre consumo de materiales. Y tercero, el CO2 importa igual, aunque el sistema sea más fácil de almacenar y manejar.

El comunicado oficial sobre esta prueba del ARMD y el motor Draper ha sido publicado en AFRL.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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