Dos profesores y sus alumnos de un instituto inglés localizaron en 1966, con una radio militar de segunda mano, la base espacial secreta soviética de Plesetsk, que Moscú no reconoció hasta 1983

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Por HoyECO
Publicado el 8 de octubre de 2026 a las 20:43
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Imagen en blanco y negro tomada por un satélite estadounidense de una zona de lanzamiento de Plesetsk, en el norte de Rusia

En la primavera de 1966, los alumnos de la Kettering Grammar School, un instituto de Northamptonshire, en Inglaterra, anotaban a la hora de comer los pitidos de los satélites soviéticos con un receptor militar de la Segunda Guerra Mundial. Con esas notas, su profesor de física, Geoff Perry, acabó situando en el mapa la base de lanzamiento de Plesetsk, en el norte de Rusia, que la Unión Soviética mantenía en secreto.

La base está a unos 800 kilómetros al norte de Moscú y nació en 1957 como la primera base operativa de misiles balísticos intercontinentales del mundo, según la Agencia Espacial Europea. Su existencia siguió siendo un secreto de Estado soviético hasta 1983, diecisiete años después de que un instituto inglés publicara dónde estaba.

Un receptor del Ejército en el aula de física

El proyecto lo pusieron en marcha dos profesores del centro, Geoffrey Perry, de física, y Derek Slater, jefe del departamento de química y radioaficionado. El 16 de mayo de 1960 captaron su primera señal, la de Korabl Sputnik 1, una nave soviética de pruebas que en Occidente se conocía como Sputnik 4.

El aparato era un Marconi CR-100, un receptor fabricado para el Ejército británico durante la guerra. Slater lo había comprado en 1958, después de comprobar en 1957 que su equipo anterior no alcanzaba los 20 megahercios en los que emitía el Sputnik, según el catálogo del National Space Centre de Leicester, que hoy conserva la radio.

La BBC cifró su precio en unas 25 libras. Los profesores pidieron prestado además un generador de señales y tendieron un cable entre dos edificios del colegio para usarlo como antena. Como el receptor no era lo bastante estable para sintonizar con precisión, lo acompañaban con un frecuencímetro BC-221 del Ejército de Estados Unidos, también excedente militar.

El efecto Doppler como lección de física

Perry quería usar los satélites para explicar el efecto Doppler, el cambio de frecuencia que se percibe cuando una fuente de ondas se acerca y luego se aleja, como la sirena de un coche de policía al pasar. «Quería mostrar la frecuencia del satélite cuando venía hacia el colegio, cuando pasaba por encima y cuando se alejaba, y enseñar cómo cambiaba», contó a la BBC Michael Sinnett, uno de sus antiguos alumnos.

Con las ondas de radio de cualquier nave ocurre lo mismo, ya sea un satélite de los años sesenta o una sonda lejana como la Voyager 1, cuya señal tarda más de 23 horas en llegar a la Tierra. La frecuencia que se recibe sube mientras el emisor se acerca y baja cuando se aleja, y ese cambio marca el momento exacto del paso.

Al principio el trabajo lo hacían los dos profesores, pero en 1962 se sumaron las primeras alumnas, chicas de la Kettering High School for Girls que acudían al centro para sus clases de ciencias y vigilaban el equipo en las horas libres. En 1964, cuando la tarea ya superaba a los docentes, nació oficialmente el grupo de seguimiento de satélites del instituto.

Los alumnos llegaban antes de clase y volvían en el recreo del mediodía para anotar las lecturas, según la BBC. El equipo estaba instalado al fondo del aula de física.

Kosmos 112 y su órbita de 72,1 grados

La primera pista llegó con Kosmos 112, lanzado el 17 de marzo de 1966. «Recuerdo la emoción cuando captamos las señales del Cosmos 112, el primer satélite lanzado desde Plesetsk», escribió Sinnett en 2016 en un texto publicado en Orbital Focus, la web que recoge la historia del grupo.

«Entonces nos dimos cuenta de que se había lanzado un satélite con una señal ligeramente distinta», explicó a la BBC. Su órbita tenía una inclinación de 72,1 grados y un periodo de 92,07 minutos, según detalló Perry en una carta publicada en Flight International el 21 de abril de 1966.

La inclinación es el ángulo entre el plano de la órbita y el ecuador. Los Cosmos de ese tipo solían salir con unos 65 grados, así que un valor tan alejado de lo habitual hacía sospechar de un lugar de lanzamiento distinto.

En la carta, Perry añadía que el lanzamiento se produjo a una hora inusualmente tardía, las 10:35 GMT, y que las señales eran débiles y breves. Después de repasar la hoja de predicciones de la Radio and Space Research Station, concluyó: «Un examen más detallado de esta hoja confirma que el lanzamiento no pudo originarse en el complejo del mar de Aral», es decir, en el cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán.

Su primera hipótesis no fue Plesetsk. «Un compañero observador, Sven Grahn, de Estocolmo, me ha sugerido que un lanzamiento desde el extremo sur de Nueva Zembla (71° N, 52° E) satisfaría todas las observaciones anteriores, y me inclino a estar de acuerdo», escribió en la misma carta. Nueva Zembla es un archipiélago del Ártico ruso, bastante más al norte de la ubicación real.

Kosmos 129 y el cruce de dos trayectorias

Kosmos 114, lanzado el 6 de abril con una inclinación de 73 grados, reforzó la idea de una nueva base, pero no bastaba para fijar el punto de partida. Para eso, como explicaron después Sheldon y Perry, hacían falta vuelos con inclinaciones distintas cuyas trazas sobre la Tierra se cruzaran.

Esa nave fue Kosmos 129, lanzado en octubre de 1966 con una órbita inclinada unos 64,6 grados. Al prolongar sobre el globo su recorrido inicial, la línea cruzaba la de Kosmos 112 junto a la localidad de Plesetsk, al sur de Arcángel, en la línea de tren que une esa ciudad con Moscú.

Torres de lanzamiento y un cohete en el cosmódromo de Plesetsk, en el norte de Rusia
Cosmódromo de Plesetsk. Foto: Ministerio de Defensa de Rusia (CC BY 4.0)

Según la BBC, en el instituto trazaban esas órbitas sobre un viejo globo terráqueo con un trozo de cable. Un ordenador de una empresa de Kettering ayudó después a confirmar el cálculo de Kosmos 129, según la reconstrucción que publicó Space Daily en septiembre de 2026.

Perry anunció la localización el 3 de noviembre de 1966 en una reunión de la Sociedad Interplanetaria Británica en Londres, y Flight International publicó su segunda carta, ya con la ubicación, el 10 de noviembre.

De una revista especializada a la prensa mundial

The New York Times se hizo eco del hallazgo el 21 de diciembre de 1966. En plena carrera espacial, la Unión Soviética llevaba ventaja en muchos frentes, y años después llegaría a posar en Venus una sonda que resistió 127 minutos en su superficie.

«Era una historia muy buena para las potencias occidentales», dijo a la BBC Matt Grant, profesor de la Universidad de Essex. «Hacía que la idea de que los soviéticos tenían un programa de satélites ultrasecreto pareciera ridícula», añadió, y recordó que en Estados Unidos había mucha ansiedad porque el programa lunar consistía en ponerse a su altura.

Cuando la CIA revisó un informe para el Senado que preparaba Charles Sheldon, de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, pidió que se retiraran las referencias a Plesetsk porque estaban clasificadas como secretas. Para poder mantener el dato, Sheldon avisó al Washington Post de las cartas de Perry, y el hallazgo se convirtió en noticia mundial, según el National Space Centre británico.

«Lo que empezó como un simple experimento de física se convirtió en un acontecimiento mundial», resumió Sinnett.

Lo que el instituto no descubrió

El instituto no se adelantó a los servicios de inteligencia. Plesetsk ya se había mencionado en la prensa occidental como zona de misiles, y su papel espacial «presumiblemente era conocido por los gobiernos occidentales, pero la primera revelación pública de este cosmódromo espacial vino de la Kettering Grammar School», escribieron Sheldon y el propio Perry en un informe para el Senado de Estados Unidos.

Bob Christy, otro alumno que participó, cree que los estadounidenses probablemente ya conocían la base y que el mérito del colegio fue hacer pública la información. «No se trataba de estudiar el programa espacial ruso, sino de ayudar a los chicos a entender el espacio», dijo a la BBC.

Tampoco fue una deducción de una tarde. Pasaron más de siete meses entre el lanzamiento de Kosmos 112 y el anuncio en Londres, y la primera propuesta, Nueva Zembla, resultó equivocada.

Casi cuarenta años vigilando satélites

El grupo de Kettering siguió funcionando casi 40 años y se convirtió en una de las mejores fuentes públicas de información sobre los satélites soviéticos. En 1978, después de que un alumno detectara irregularidades en una órbita, Perry anticipó la caída en Canadá de un satélite soviético con energía nuclear, según el Science Museum Group.

Perry fue nombrado miembro de la Orden del Imperio Británico (MBE) en 1973, dejó la enseñanza en 1984 y murió el 18 de enero de 2000 cerca de su casa de Bude, en Cornualles, a los 72 años. Hoy el seguimiento de lo que hay en órbita es tarea de agencias y redes profesionales, que vigilan desde satélites activos hasta la basura espacial que acaba chocando contra la Luna.

Imagen: Gobierno de Estados Unidos (dominio público)

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