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La NASA lo ha confirmado: el fenómeno El Niño ya ha comenzado tras una subida sin precedentes del nivel del mar, y los expertos avisan de que será el episodio más fuerte jamás registrado

La NASA confirma el inicio de El Niño tras detectar un aumento inédito del nivel del mar en el Pacífico.

La NASA lo ha confirmado: el fenómeno El Niño ya ha comenzado tras una subida sin precedentes del nivel del mar, y los expertos avisan de que será el episodio más fuerte jamás registrado

La NASA ha confirmado el regreso de El Niño en junio de 2026 después de detectar, mediante el satélite Sentinel-6 Michael Freilich, zonas de altura del mar por encima de lo normal en el Pacífico ecuatorial. No es un detalle menor. Cuando el agua se calienta, se expande, sube ligeramente el nivel de la superficie marina y deja una huella clara para los satélites.

La NOAA declaró oficialmente las condiciones de El Niño el 11 de junio, tras observar temperaturas del mar al menos 0,5 ºC por encima de la media durante varios meses en el Pacífico central y oriental. La advertencia para Europa existe, pero debe leerse con cuidado. No significa que España vaya a tener un tiempo concreto por decreto, sino que entra en juego un gran motor climático capaz de inclinar la balanza del calor, la lluvia y los temporales en muchas zonas del planeta.

La señal está en el Pacífico

El Niño nace lejos de Europa, frente al Pacífico tropical, pero su influencia puede viajar miles de kilómetros. La NASA explica que las aguas cálidas se han acumulado en el centro y este del Pacífico, mientras varias ondas Kelvin han avanzado hacia Sudamérica durante la primavera.

Estas ondas son grandes masas de agua cálida que se desplazan bajo la superficie. A simple vista no las vemos, pero los satélites sí. En mayo, el Sentinel-6 ya había observado niveles del mar cerca de Perú más de 15 centímetros por encima de los valores medios a largo plazo.

Josh Willis, investigador del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, resumió la situación con una frase sencilla, “veremos lo grande que se hace”. Y ahí está la clave. El fenómeno ha empezado, pero su intensidad final aún depende de cómo evolucionen el océano y los vientos durante los próximos meses.

Por qué inquieta ahora

El Niño no es nuevo. Es una fase natural del sistema climático conocido como ENSO, que alterna periodos cálidos, fríos y neutros en el Pacífico ecuatorial. Pero esta vez aparece en un planeta que ya viene de años de temperaturas muy altas. Eso cambia el marco de fondo.

La Organización Meteorológica Mundial avisó el 2 de junio de que había un 80 % de probabilidad de El Niño entre junio y agosto de 2026, con opciones cercanas o superiores al 90 % de que continuara al menos hasta noviembre. También señaló que la mayoría de modelos apuntaban a un episodio al menos moderado y posiblemente fuerte.

La NOAA fue incluso más concreta en su discusión del 11 de junio. Según su informe, las condiciones de El Niño ya están presentes y se espera que se refuercen durante el invierno del hemisferio norte de 2026 a 2027. Además, estimó una probabilidad del 63 % de que sea muy fuerte entre noviembre y enero. No es poca cosa.

Europa recibe el golpe de lejos

La conexión entre El Niño y Europa no funciona como un interruptor. No basta con que el Pacífico se caliente para saber si lloverá más en Madrid, hará más viento en Galicia o habrá un invierno suave en Berlín. La atmósfera es bastante más caprichosa.

El Met Office británico recuerda que El Niño puede alterar la circulación atmosférica, mover la corriente en chorro y cambiar las rutas de las borrascas. En Reino Unido y el norte de Europa, sus efectos suelen ser indirectos, aunque puede aumentar la posibilidad de un otoño y comienzo de invierno más templados, húmedos y ventosos.

El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea también ha puesto el foco en Europa. Según su análisis de junio, si el episodio alcanza mucha fuerza, podría favorecer condiciones más cálidas de lo normal en el continente, con una señal que se reforzaría hacia la primavera de 2027. Pero no habla de una receta exacta para cada país. Y eso conviene recordarlo.

El Mediterráneo mira al agua

Para el sur de Europa, la preocupación tiene otra cara. El Mediterráneo ya vive con veranos duros, sequías recurrentes, noches tropicales y episodios de lluvias torrenciales que descargan en pocas horas. Quien haya pasado una ola de calor pegajosa en julio sabe que no hace falta mucha explicación.

La OMM advierte de que El Niño suele aumentar las temperaturas globales y alterar los patrones de lluvia. También matiza algo importante. No hay pruebas de que el cambio climático haga más frecuentes o más intensos estos episodios por sí solo, pero un océano y una atmósfera más cálidos pueden amplificar sus impactos.

En la práctica, esto obliga a mirar más allá del mapa del tiempo de mañana. Embalses, agricultura, incendios forestales, salud pública y demanda eléctrica pueden notar el efecto combinado de un episodio cálido global y un clima europeo ya tensionado. No es alarmismo. Es gestión del riesgo.

Lo que habrá que vigilar

Los próximos meses serán decisivos. La NASA señala que El Niño suele alcanzar su punto máximo entre noviembre y enero, por lo que todavía queda margen para saber hasta dónde llegará el episodio actual. Esa espera no es cómoda, pero es normal en este tipo de fenómenos.

El ECMWF, el centro europeo de predicción a medio plazo, pide prudencia con los titulares demasiado rotundos. Sus expertos recuerdan que los modelos estacionales muestran escenarios probables, no certezas absolutas, y que la intensidad final de El Niño aún tiene incertidumbre.

Aun así, la señal es lo bastante seria como para prepararse. El Met Office advierte de que este episodio podría provocar un repunte temporal de la temperatura global y dejar calor residual suficiente para que el próximo año entre en la pelea por los registros más cálidos desde 1850.

Un aviso sin alarmismo

La lectura más sensata es esta. El Niño ya está activo, los satélites lo ven y las agencias meteorológicas lo están siguiendo de cerca. Pero sus efectos no serán iguales en todos los lugares ni llegarán al mismo tiempo.

Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, lo expresó de forma clara al pedir preparación ante un episodio potencialmente fuerte. Prepararse no significa entrar en pánico. Significa reforzar avisos tempranos, revisar planes contra sequías e inundaciones y tomarse en serio la información científica antes de que lleguen los problemas.

El comunicado oficial sobre el regreso de El Niño ha sido publicado por NASA Earth Observatory.

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