Si la primavera te está pareciendo rara, no es solo una sensación. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) avisa de que el Pacífico ecuatorial se está calentando deprisa y que El Niño podría desarrollarse tan pronto como entre mayo y julio de 2026, después de un arranque de año en fase neutra. Los modelos, además, apuntan a que el episodio podría intensificarse en los meses siguientes.
¿Y qué significa esto para el verano, especialmente en Europa y en España? En la práctica, sube la probabilidad de temperaturas por encima de lo normal en tierra en gran parte del planeta, con una señal bastante clara sobre Europa, mientras que la lluvia es mucho más difícil de anticipar con la misma confianza. Es un aumento de riesgo, no una predicción al detalle.
Qué es El Niño y por qué importa
El Niño es la fase cálida de un ciclo natural llamado ENSO (Oscilación del Sur El Niño). Cada dos a siete años, aproximadamente, el agua superficial del Pacífico central y oriental se calienta más de lo habitual, los vientos alisios se debilitan y el reparto de calor y humedad cambia. Ese “empujón” termina influyendo en la temperatura y la lluvia en muchas regiones.
La clave ahora está en el océano. La OMM explica que, para mayo, junio y julio de 2026, los modelos casi coinciden en una trayectoria hacia El Niño y sitúan el promedio del indicador Niño 3.4 cerca de 1,5 °C en esa ventana. Dicho de forma sencilla, el Pacífico está acumulando calor en la zona que suele activar el fenómeno.
Los números del pronóstico
La NOAA (a través de su Climate Prediction Center) también ve el giro. En su informe del 9 de abril de 2026, señala que las condiciones neutras son las más probables hasta abril a junio, pero da un 61% de probabilidad a que El Niño emerja en mayo a julio y continúe, al menos, hasta final de 2026. Es un porcentaje alto para una predicción estacional, aunque no deja de ser probabilidad.
Hay otro dato que ayuda a poner los pies en el suelo. La propia NOAA añade que la posibilidad de un El Niño “muy fuerte” ronda 1 entre 4 y depende de que se mantengan ciertas anomalías de viento del oeste en el Pacífico ecuatorial durante el verano boreal, algo que no está garantizado, y la OMM recuerda que el término “super El Niño” no forma parte de sus clasificaciones operativas estándar. Por eso abril y mayo siguen siendo meses delicados para afinar intensidad.
Calor en Europa, pero con matices
En el pronóstico global de la OMM para mayo a julio, la señal es bastante directa. Se espera un dominio casi global de temperaturas por encima de lo normal sobre tierra, con probabilidades que a menudo superan el 70% a 80% en muchas regiones, y Europa aparece entre las zonas con un mensaje más consistente de “más calor de lo habitual”.
En España, eso se puede notar de formas muy cotidianas. Más días en los que el aire ya “pesa” a media mañana, noches tropicales que hacen difícil dormir y, por extensión, un tirón extra del aire acondicionado que acaba reflejándose en la factura de la luz. Pero Europa no responde solo a ENSO, también entran en juego otros motores atmosféricos, así que El Niño no te firma un verano exacto para tu ciudad.
Lluvia y agua
Donde el pronóstico se vuelve más complicado es en la precipitación. La OMM describe un patrón muy claro en el Pacífico ecuatorial, con una banda de mayor probabilidad de lluvias por encima de lo normal al norte del ecuador, y una tendencia a menos lluvia sobre el “Maritime Continent” y el este del Índico. A partir de ahí, el mapa se rompe en matices regionales.
En Europa y África, de hecho, la propia OMM reconoce que la señal de lluvia es en general débil para mayo a julio. Traducido a nuestro día a día, no hay un mensaje robusto que permita decir “este verano lloverá más” o “llegará una sequía” solo por El Niño. Lo sensato es mirar cómo llegan los suelos y los embalses a junio, porque el calor extra acelera evaporación y demanda de riego.
Impacto en naturaleza y salud
El Niño tiende a añadir un efecto calentador al clima global, y en un planeta que ya parte con más CO2 y más energía acumulada, ese empujón se nota más. La OMM recuerda que 2024 terminó siendo el año más cálido registrado por la combinación del fuerte El Niño de 2023 a 2024 y el calentamiento inducido por gases de efecto invernadero. También subraya algo importante, no hay pruebas de que el cambio climático aumente por sí mismo la frecuencia o la intensidad de El Niño, pero sí puede amplificar sus impactos.
Ese “amplificar” no es una palabra abstracta. Más calor significa más estrés térmico para personas y fauna, más presión sobre bosques y cultivos y, en algunos lugares, más riesgo de episodios extremos. En el plano global, la OMM resume efectos típicos, aunque cada evento es único, con más lluvia en zonas de Sudamérica o el Cuerno de África y más sequedad en Australia, Indonesia y partes del sur de Asia.
Qué conviene tener en cuenta desde ya
La buena noticia es que esto no pilla por sorpresa a los servicios meteorológicos. La OMM ha anunciado que publicará a finales de mayo su próxima actualización específica de El Niño y La Niña, justo cuando suele mejorar la confianza de las previsiones tras la barrera de predictibilidad de primavera. La NOAA, por su parte, tiene programada su siguiente discusión para el 14 de mayo.
Mientras tanto, hay decisiones pequeñas que ayudan. Seguir avisos de calor, ajustar horarios de actividad al aire libre, reforzar el ahorro de agua en casa y mirar con más cariño la eficiencia energética reduce vulnerabilidad y también emisiones, algo clave si la demanda eléctrica sube en plena ola de calor. No lo cambia todo, pero suma y eso se nota.
El comunicado oficial más reciente ha sido publicado por la Organización Meteorológica Mundial.












