El Parque de la Naturaleza de Cabárceno (Cantabria) acaba de sumar un hito poco común. El 10 de marzo de 2026 nació una cría de hipopótamo pigmeo (Choeropsis liberiensis), una especie en peligro de extinción, y el Gobierno regional lo presenta como la primera reproducción con éxito de este animal en el parque.
La noticia no es solo tierna, también es seria. Los nacimientos en cautividad de este animal son escasos y el primer mes suele marcar la diferencia, así que cada avance cuenta. ¿Puede una cría nacida en Cantabria ayudar a salvar un animal que se esconde entre ríos y selvas a miles de kilómetros?
Los primeros 30 días
La cría es un macho y pesó alrededor de cinco kilos al nacer. Llegó al mundo por la noche y al aire libre, pero el mal tiempo obligó a trasladarlo con su madre a una cuadra climatizada del recinto.
El equipo veterinario ha seguido su evolución muy de cerca. Según los cuidadores, está ganando cerca de medio kilo al día, una progresión que permite empezar a sacarlo al exterior a partir de esta semana.
En animales tan sensibles, ese primer tramo es delicado. Hay que vigilar alimentación, temperatura y estrés, porque un pequeño problema al principio puede torcerlo todo. Y eso se nota.
Napoleón y Cleo
Detrás de este nacimiento hay dos nombres propios. El pequeño es hijo de Napoleón, un macho de 19 años que llegó a Cabárceno el año pasado desde el Zoo de Basilea, y de Cleo, una hembra de 31 años.
El parque ha tenido que adaptar el espacio para que madre y cría estén tranquilas. Su director, Míchel Valdés, lo resumió así, “una rápida adaptación del recinto y de la zona de baño” para que ambos tengan una piscina separada.
Este tipo de cambios no son un capricho. En la práctica, ayudan a reducir tensiones y a controlar mejor la salud del recién nacido, algo clave cuando se intenta sacar adelante una especie amenazada.
Qué es el programa EEP
Cabárceno enmarca este nacimiento dentro del Programa Europeo de Especies en Peligro, conocido como EEP. Es un sistema en el que varios centros coordinan reproducción y traslados para mantener diversidad genética en poblaciones gestionadas fuera de la naturaleza.
¿Y cómo se hace eso sin improvisar? Con registros y análisis de población para decidir qué cruces convienen y cuándo tiene sentido mover animales entre parques. La propia EAZA explica que los coordinadores usan herramientas de gestión para elaborar recomendaciones de cría y transferencias.
Este punto importa porque evita el “efecto isla”. Si cada parque criara por su cuenta, la consanguinidad y la pérdida de diversidad aparecerían antes de lo que parece. Cuando se trabaja con números pequeños, ese riesgo es enorme.
Un animal que se esconde en la selva
El hipopótamo pigmeo no es una versión en miniatura del hipopótamo común, es un animal distinto y mucho más discreto. En libertad vive cerca de cursos de agua y zonas pantanosas de selva tropical en África occidental, y su comportamiento reservado hace que contar individuos sea difícil.
Por eso, cuando se habla de cuántos quedan, siempre hay un margen de incertidumbre. Las estimaciones que se manejan suelen moverse en torno a los 2.000 a 3.000 ejemplares en la naturaleza, con una tendencia a la baja.
También hay un detalle que ayuda a entender su vulnerabilidad. Los adultos pesan, de media, entre 150 y 250 kilos, bastante menos que el hipopótamo anfibio, y dependen de bosques y riberas que hoy se fragmentan con facilidad.
Las amenazas reales
El problema principal no es una sola cosa, es la suma. La pérdida de hábitat por deforestación y la expansión humana (madera, agricultura y también minería en algunas zonas) rompen el mosaico de bosques donde se refugia la especie.
Cuando el bosque se corta en piezas, los animales quedan más expuestos. Las organizaciones que trabajan sobre el terreno advierten de que esa fragmentación aumenta el contacto con personas y eleva el riesgo de caza y de perturbaciones.
Aquí es fácil caer en el “qué pena” y quedarse ahí, pero conviene ir un paso más allá. Si el objetivo es conservarlos, criar en Europa ayuda, pero proteger ríos, selvas y corredores en sus países de origen sigue siendo la pieza grande del puzle.
Lo que podemos aprender en Cantabria
Un nacimiento así tiene un valor que va más allá del recinto. Sirve para recordar que la crisis de biodiversidad no es un concepto abstracto, también se mide en individuos contados y en hábitats que desaparecen casi sin hacer ruido.
Para quien visita un parque como Cabárceno, el mensaje es sencillo. Respetar distancias, evitar ruidos y no convertir la visita en una carrera de fotos ayuda a que estos animales estén más tranquilos, sobre todo en fases sensibles como la crianza.
Y para el resto, incluso desde casa, hay una idea útil. Reducir el consumo ligado a la deforestación y apoyar proyectos serios de conservación en los países donde vive la especie es una forma práctica de conectar lo local con lo global, sin grandilocuencias.
El comunicado oficial ha sido publicado por el Gobierno de Cantabria.












