Los expertos coinciden: si encuentras estos extraños agujeros en tu jardín, ten cuidado porque podrías tener una enorme familia de estos animales viviendo contigo

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Publicado el: 19 de mayo de 2026 a las 20:49
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Agujeros en el césped provocados por topos o topillos en un jardín.

Encontrar agujeros en el jardín no siempre significa que haya una plaga grave, pero sí es una señal que conviene mirar con calma. La tierra removida, los montículos o el césped levantado cuentan una historia, y muchas veces la pista está justo delante de nosotros.

La conclusión principal es sencilla. Antes de tapar el agujero o echar cualquier producto, hay que identificar al animal y comprobar si el daño se repite. Puede ser un topo, un topillo, una rata topera, aves buscando alimento o incluso un jabalí si la casa está cerca de una zona natural. Y no, no todos los agujeros son iguales. La University of Maryland Extension recuerda que identificar al responsable puede ser difícil, porque muchos animales excavan de noche o fuera de nuestra vista.

La pista está en el suelo

El primer paso es observar sin tocar demasiado. Importan el tamaño del agujero, si hay tierra acumulada, si aparece en el centro del césped o junto a muros, setos, leñeras y casetas.

También ayuda saber cuándo aparece el daño. Si el jardín amanece revuelto, puede tratarse de animales nocturnos o de actividad bajo tierra. Si ves movimiento de día, la lista cambia. Parece una tontería, pero mirar dos mañanas seguidas evita muchas falsas alarmas. La Iowa State University Extension plantea precisamente la identificación por rastros, túneles y zonas de alimentación en el césped.

Topos, el clásico del césped

Los topos casi nunca se ven, porque viven bajo tierra. Lo normal es descubrirlos por los montículos de tierra que empujan a la superficie al excavar sus galerías. Además, no comen raíces, sino lombrices y otros invertebrados, por lo que el daño a las plantas suele ser indirecto.

En España también hay que tener en cuenta al topo ibérico. La SECEM lo describe como una especie adaptada a la vida subterránea, con patas delanteras en forma de pala y uñas fuertes. Prefiere suelos profundos, estables y con lombrices. Por eso un jardín húmedo y con buen suelo puede ser tentador.

Topillos y rata topera

Los topillos son otra historia. Se parecen más a pequeños roedores y pueden dejar entradas bajas, senderos entre la hierba y zonas blandas en el césped. A diferencia del topo, sí pueden alimentarse de raíces, tallos, semillas o corteza en épocas frías. Ahí está el problema.

La rata topera también puede levantar sospechas en prados, huertos y jardines de ciertas zonas. El Atlas de Mamíferos Terrestres de España señala que excava galerías subterráneas y acumula montículos de tierra en superficie. En terrenos cultivados y prados de forraje puede llegar a causar daños importantes. No es poca cosa.

Cuando el césped aparece levantado

Si el césped no tiene un agujero limpio, sino parches arrancados como si alguien hubiera pasado una pala, la lectura cambia. En guías norteamericanas ese daño se atribuye a menudo a mofetas y mapaches, que buscan larvas, lombrices e insectos durante la noche.

En España, cerca de monte, riberas o zonas periurbanas, también hay que pensar en el jabalí. Su rastro son las hozaduras, esas zonas removidas donde el animal busca alimento bajo el suelo. Un trabajo sobre el impacto del jabalí en Aigüestortes registró superficie hozada variable y mayor actividad en primavera y verano. Quien haya visto un prado después de una noche de jabalíes sabe que el suelo queda como arado.

Cuidado con las listas importadas

Muchas guías que circulan por internet incluyen armadillos, mofetas, marmotas o mapaches como sospechosos habituales. Sirven para entender patrones, pero no deben copiarse sin contexto. Lo que ocurre en un jardín de Maryland no tiene por qué pasar en uno de León, Valencia o Girona.

El mapache sí aparece en España, pero como especie exótica invasora incluida en el catálogo oficial del MITECO. Eso significa que no debe tratarse como una visita simpática ni como una mascota perdida sin más. Si hay indicios claros o avistamientos, conviene avisar a las autoridades locales o ambientales.

No todos son enemigos

A veces el responsable no es un mamífero. Algunas aves rascan el suelo para buscar insectos, lombrices o semillas. El resultado puede parecer alarmante, pero suele ser superficial y temporal.

También hay abejas o avispas solitarias que hacen pequeños agujeros en suelos desnudos. Muchas no molestan y cumplen una función importante como polinizadoras. En estos casos, la mejor respuesta puede ser dejar pasar unos días y no convertir el jardín en una zona de guerra.

Qué hacer antes de actuar

Lo primero es fotografiar los daños, medir el agujero y revisar si hay huellas, excrementos, restos de comida o plantas mordidas. Después, elimina reclamos fáciles como pienso de mascotas, basura mal cerrada, fruta caída o montones de leña pegados a la casa.

No conviene improvisar con venenos, inundar madrigueras ni confiar en aparatos milagro. La Universidad de California advierte de que inundar galerías de topos y topillos no funciona bien, y que los dispositivos ultrasónicos o vibratorios no han demostrado eficacia frente a estos animales. Más gasto, mismo problema.

Cuándo pedir ayuda

Si el agujero está junto a cimientos, muros, tuberías o una zona de paso, hay que actuar con más prudencia. También si aparecen señales de ratas, si el daño se repite cada noche o si se sospecha de una especie invasora.

En esos casos, lo mejor es llamar a un profesional o al servicio municipal correspondiente. No se trata solo de salvar el césped. También importa evitar riesgos para personas, mascotas y fauna silvestre.

La guía de referencia sobre identificación de agujeros y animales que excavan en el césped ha sido publicada por la University of Maryland Extension.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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