Geólogos expertos en el espacio descubren un túnel de lava volcánica en un planeta ‘muerto’ a 38 millones de km de la Tierra

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Publicado el: 18 de mayo de 2026 a las 22:06
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Ilustración del túnel de lava volcánica descubierto bajo la superficie de Venus mediante radar espacial.

Venus siempre ha sido el vecino incómodo de la Tierra. Se parece a nuestro planeta en tamaño y estructura, pero su superficie es un infierno de calor, presión y nubes que no dejan ver casi nada. Allí, la temperatura ronda los 467 grados y la atmósfera atrapa el calor con un efecto invernadero extremo. No es precisamente un lugar amable.

Ahora, un equipo de la Universidad de Trento ha identificado bajo su superficie una enorme cavidad que interpreta como un tubo de lava. El hallazgo se ha publicado en Nature Communications y se basa en datos de radar recogidos por la misión Magellan de la NASA hace más de tres décadas. Lo curioso es que la pista estaba ahí desde los años 90. Solo hacía falta volver a mirar con mejores herramientas.

Un túnel bajo Venus

El descubrimiento se encuentra en la ladera occidental de Nyx Mons, un gran volcán en escudo de unos 362 kilómetros de diámetro. Los investigadores se centraron en un pozo llamado «A», una especie de abertura creada por el colapso de parte del techo de una cavidad subterránea.

Según el estudio, el radar detectó una señal muy distinta a la de otros pozos de Venus. Esa respuesta asimétrica y brillante encaja con lo que ocurre cuando las ondas del radar entran por una abertura y rebotan dentro de un conducto vacío. En otras palabras, no parece un simple agujero superficial.

Los autores calculan que la cavidad tiene un diámetro cercano a un kilómetro, un techo de al menos 150 metros de espesor y una altura vacía no inferior a 375 metros. El radar pudo seguir el interior durante al menos 300 metros desde la entrada. No es poca cosa.

Por qué importa tanto

Hasta ahora, la existencia de tubos de lava en Venus era una posibilidad razonable, pero no una observación directa. Se habían visto canales, fracturas y cadenas de pozos que apuntaban en esa dirección, pero faltaba una señal más clara del subsuelo. Esta vez, la señal aparece.

¿Qué significa esto en la práctica? Que Venus no es solo una bola abrasada cubierta de nubes. Su interior y su superficie guardan una historia volcánica mucho más rica de lo que parecía. Y eso cambia la forma de estudiar al planeta.

«Tenemos todavía un conocimiento limitado de Venus», explica Lorenzo Bruzzone, profesor de la Universidad de Trento y coordinador de la investigación. Para el científico, identificar una cavidad volcánica permite validar ideas que durante años habían estado en el terreno de las hipótesis.

La vieja Magellan vuelve a hablar

La misión Magellan llegó a Venus en 1990 y empezó a enviar imágenes de radar de gran calidad ese mismo año. Su trabajo fue clave porque las cámaras normales no sirven de mucho allí. Las nubes densas de Venus bloquean la visión directa de la superficie.

El radar, en cambio, puede atravesar esa cortina y dibujar el terreno. Magellan terminó ofreciendo una de las mejores visiones globales de Venus, con señales de volcanismo, movimientos tectónicos, canales de lava y otras formas que todavía hoy se siguen estudiando. A veces, los datos antiguos no envejecen. Maduran.

En este caso, el equipo italiano aplicó una técnica moderna de procesado de radar a imágenes tomadas entre 1990 y 1992. Lo que antes podía pasar como una rareza de la imagen se convirtió en una pista medible. Una entrada hacia una cavidad bajo la corteza venusiana.

Cómo se forma un tubo de lava

Un tubo de lava nace cuando un flujo volcánico avanza por la superficie y su parte exterior se enfría antes que el interior. La lava líquida sigue corriendo por debajo, protegida por esa costra sólida. Cuando el flujo se vacía, queda un túnel.

En la Tierra existen ejemplos conocidos, como los tubos volcánicos de Lanzarote. La diferencia está en la escala. En Venus, la gravedad algo menor y una atmósfera mucho más densa pueden favorecer que se forme antes una corteza aislante sobre la lava. Eso permitiría flujos más largos y conductos más grandes.

El estudio incluso compara la señal de Venus con una cavidad terrestre de Lanzarote, llamada Jameo Agujerado. La respuesta del radar se parece, aunque el tamaño no tiene nada que ver. En Venus hablamos de cientos de metros donde en la Tierra hablamos de decenas.

Mucho más que una cueva

Los investigadores creen que el tubo podría extenderse al menos 45 kilómetros bajo la superficie, aunque esa cifra es una inferencia basada en la cadena de pozos y en la forma del terreno. Es decir, hay indicios sólidos, pero hará falta más resolución para ver hasta dónde llega de verdad.

Este matiz es importante. No se ha recorrido el túnel ni se ha fotografiado su interior como haríamos en una cueva terrestre. Lo que tenemos es una lectura de radar muy potente, apoyada por comparaciones con estructuras conocidas y por modelos geométricos.

Aun así, el hallazgo coloca a Venus en una nueva conversación. Durante años, Marte y la Luna se llevaron gran parte de la atención cuando se hablaba de cuevas volcánicas. Ahora, el planeta más abrasador del sistema solar también entra en esa lista.

Lo que viene ahora

El siguiente paso será mirar Venus con instrumentos mejores. La misión EnVision de la Agencia Espacial Europea tiene previsto su lanzamiento en noviembre de 2031 y estudiará la atmósfera, la superficie y el interior del planeta. VERITAS, de la NASA, también apunta a Venus y no despegará antes de 2031.

Estas misiones podrían ofrecer imágenes de radar mucho más precisas que las de Magellan. También ayudarán a buscar otros pozos, otros tubos y quizá señales más claras de actividad volcánica reciente. El mapa subterráneo de Venus, en realidad, acaba de empezar.

Y aquí está lo fascinante. Un planeta que parecía demasiado hostil para guardar sorpresas acaba de abrir una puerta bajo su superficie. No una puerta para entrar, desde luego, porque Venus sigue siendo extremo. Pero sí una puerta científica para entender cómo evolucionan los mundos rocosos, incluido el nuestro.

El estudio completo ha sido publicado en Nature Communications.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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