Los antibióticos no dejan de funcionar por arte de magia. Algunas bacterias fabrican enzimas que desactivan medicamentos tan comunes como las penicilinas y las cefalosporinas, y la empresa valenciana ZZPharma quiere bloquear esa defensa con candidatos a biofármacos de tamaño diminuto. La compañía, impulsada por la catedrática Amparo Pascual-Ahuir, se ha incorporado al ecosistema de innovación de la Universitat Politècnica de València.
La idea es administrar estos nanobodies junto al antibiótico para que el tratamiento vuelva a atacar a la bacteria. Los primeros resultados son prometedores, sobre todo con el candidato B2, pero conviene poner el freno justo a tiempo. Por ahora, el equipo ha demostrado que puede inhibir varias enzimas en ensayos de laboratorio, no que ya cure infecciones en animales o personas.
La defensa que rompe el antibiótico
Muchos antibióticos betalactámicos actúan dañando la pared que protege a la bacteria. Las betalactamasas funcionan como unas tijeras químicas que cortan la parte esencial del medicamento antes de que haga su trabajo. En la práctica, eso puede dejar al médico con menos opciones y obligarle a recurrir a tratamientos más complejos.
La dimensión del problema va mucho más allá de un laboratorio. La Organización Mundial de la Salud calcula que la resistencia bacteriana estuvo asociada a más de 4,7 millones de muertes en 2021 y que una de cada seis infecciones bacterianas confirmadas en laboratorio fue resistente a antibióticos en 2023. Un análisis global publicado en The Lancet proyecta para 2050 unos 8,22 millones de fallecimientos asociados y 1,91 millones directamente atribuibles a esta resistencia.
Qué son los nanobodies
Los nanobodies son anticuerpos de un solo dominio, versiones mucho más pequeñas que los anticuerpos convencionales. Esa talla reducida les permite alcanzar zonas de una proteína que pueden quedar fuera del alcance de moléculas mayores, mientras que su estabilidad facilita el diseño y la producción en sistemas biológicos.
No es un formato puramente teórico. La Agencia Europea de Medicamentos ya describe como nanobody el principio activo caplacizumab, utilizado para un raro trastorno de la coagulación, aunque eso no demuestra que funcione contra infecciones. En el proyecto valenciano, el objetivo es convertir estas moléculas en inhibidores de betalactamasas y usarlas como acompañantes del antibiótico.
Cómo se hizo la prueba
El trabajo científico fue realizado por Paloma Osset-Trenor, Markus Proft y Amparo Pascual-Ahuir. Participaron el Centro de Investigación e Innovación en Bioingeniería de la UPV, el Instituto de Biomedicina de Valencia del CSIC y la unidad asociada del Centro de Investigación Príncipe Felipe.
El equipo estudió cuatro betalactamasas relacionadas con bacterias difíciles de tratar, entre ellas Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa y Mycobacterium abscessus. Para medir su actividad, introdujo los genes de esas enzimas en Escherichia coli de laboratorio y utilizó una sustancia que cambia de color cuando la betalactamasa la rompe. Después comparó lo que ocurría al añadir los candidatos B2 y B5.
B2 fue el candidato más amplio
Los dos nanobodies frenaron la enzima BlaMab-2, pero B2 mostró un comportamiento más uniforme. También inhibió KPC-2, VIM-2 y OXA-48, tres betalactamasas de familias distintas, y su efecto fue especialmente fuerte frente a KPC-2. B5, en cambio, tuvo una respuesta más irregular según la enzima.
La comparación con inhibidores ya conocidos ofrece una imagen con matices. B2 se situó en un rango parecido o favorable frente a algunos compuestos en determinadas pruebas, pero fue menos potente que un inhibidor de nueva generación llamado taniborbactam contra VIM-2 y OXA-48. No ganó en todo, y ese detalle evita convertir un buen resultado inicial en una promesa clínica que todavía no existe.
Del laboratorio a ZZPharma
ZZPharma nació para llevar esta línea de investigación hacia el desarrollo de biofármacos. La UPV anunció en julio de 2026 su incorporación como nueva spin-off universitaria, dentro de un programa que ayuda a transformar tecnologías académicas en compañías capaces de atraer inversión y llegar al mercado.
La tecnología está protegida por una patente de la UPV que incluye varios anticuerpos de un solo dominio contra betalactamasas. Paloma Osset-Trenor y Amparo Pascual-Ahuir figuran como inventoras, y el artículo científico también declara esa relación con la patente. Es un dato relevante para entender cómo una investigación pública puede dar el salto a una empresa.
Lo que todavía falta
El trabajo publicado se limitó a medir la inhibición enzimática en el laboratorio y en bacterias modificadas. No probó si la combinación de nanobody y antibiótico elimina una infección real ni presentó ensayos en animales o pacientes. Antes de hablar de un tratamiento harán falta estudios sobre seguridad, duración en el organismo, llegada al foco de infección y fabricación a gran escala.
La necesidad, mientras tanto, sigue creciendo. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades estima que la incidencia en la Unión Europea de infecciones sanguíneas por Klebsiella pneumoniae resistente a carbapenémicos aumentó un 61 por ciento entre 2019 y 2024. Por eso una estrategia que alargue la vida útil de antibióticos existentes merece atención, aunque aún tenga que superar el tramo más difícil del camino.
El estudio principal se ha publicado en Frontiers in Microbiology.



