Ciencia

En 1945 el calor extremo de la bomba atómica fundió metal, tierra y hormigón hasta crear un tipo de material nunca antes visto que podría cambiar la ciencia para siempre

El calor extremo de Hiroshima creó una aleación desconocida que, 81 años después, sorprende a los científicos.

En 1945 el calor extremo de la bomba atómica fundió metal, tierra y hormigón hasta crear un tipo de material nunca antes visto que podría cambiar la ciencia para siempre

Casi 81 años después del bombardeo de Hiroshima, un equipo internacional ha identificado una aleación que no figuraba en los registros científicos. El hallazgo cabe en una mota de unos 10 micrómetros, apenas una centésima de milímetro, atrapada dentro de un fragmento de vidrio creado por la explosión.

El trabajo, dirigido por el cristalógrafo Luca Bindi, de la Universidad de Florencia, revela una combinación ordenada de seis metales y silicio. Pero hay un matiz importante. La “hiroshimaíta” no es la nueva aleación, sino el material vítreo que la contenía, y solo apareció un grano desconocido entre 34 muestras analizadas.

Qué es la hiroshimaíta

La hiroshimaíta es el nombre que los investigadores utilizan para unas partículas de vidrio formadas durante la explosión de la bomba atómica del 6 de agosto de 1945. Proceden de materiales urbanos que se fundieron o vaporizaron y después se enfriaron con enorme rapidez.

Estas partículas fueron reconocidas en arena de playas de la bahía de Hiroshima por el geólogo Mario Wannier. Una investigación de 2019, realizada junto a Hans-Rudolf Wenk y otros especialistas, señaló que aquella mezcla podía incluir materiales de construcción, metales y otros componentes de la ciudad.

En el nuevo estudio, Bindi trabajó con Wenk, de la Universidad de California en Berkeley, Wannier y Teresa Salvatici, de la Universidad de Florencia. El equipo volvió a esas pequeñas cápsulas del desastre para observar qué se había formado en su interior.

Un grano entre 34 muestras

Los científicos examinaron 34 fragmentos de hiroshimaíta mediante microscopios, análisis químicos y difracción de rayos X. Esta última técnica permite deducir cómo están ordenados los átomos, algo parecido a reconstruir un edificio mirando el patrón de sus sombras.

Solo una muestra contenía cuatro granos metálicos de alrededor de 10 micrómetros. Tres eran aleaciones conocidas de hierro y cromo. El cuarto tenía una composición y una estructura cristalina que el equipo no había encontrado descritas hasta ahora.

“Solo se encontró un grano de la nueva aleación, por lo que parece rara”, explicó Bindi. Esa escasez obliga a ser prudentes. El hallazgo está bien caracterizado, pero todavía no permite saber si el material fue excepcional o si quedan más partículas similares por localizar.

Cómo nació en la explosión

La bola de fuego de Hiroshima alcanzó temperaturas superiores a los 7.000 grados Celsius. El calor vaporizó o fundió suelo, edificios, vidrio y piezas metálicas, creando una nube en la que materiales que normalmente permanecen separados pudieron mezclarse.

Al expandirse y enfriarse, parte de ese vapor se condensó en gotas diminutas y quedó congelado en estructuras fuera del equilibrio habitual. En la práctica, el enfriamiento actuó como una cámara ultrarrápida que fijó una disposición atómica antes de que pudiera transformarse en otra más común.

Un estudio de 2024 sobre los vidrios de Hiroshima estimó que algunas partículas pudieron condensarse durante los primeros segundos de la bola de fuego. Aun así, la receta exacta de la nueva aleación sigue sin conocerse. Los autores consideran probable que proceda de una mezcla de acero estructural, aluminio y otros materiales urbanos.

Un cristal fuera de lo común

El grano contiene hierro, cromo, níquel, manganeso, molibdeno y aluminio, además de silicio. Una aleación es una mezcla de elementos en la que al menos uno es metálico. Aquí, esos componentes no aparecen repartidos al azar, sino integrados en una red cúbica muy ordenada.

Eso resulta llamativo porque las mezclas con muchos componentes suelen solidificarse de formas complejas. Las condiciones extremas de Hiroshima habrían favorecido primero la mezcla y después un enfriamiento tan veloz que dejó conservada una organización atómica poco habitual.

El estudio no midió la resistencia, la dureza ni la capacidad anticorrosión de este grano. Algunas aleaciones multicomponentes sí muestran propiedades útiles, pero no se puede trasladar esa idea automáticamente a la muestra de Hiroshima. Por ahora, es una mota de interés científico, no un material listo para fabricar.

Por qué importa

El descubrimiento muestra que una explosión nuclear no solo destruye materiales, también puede generar fases cristalinas que no aparecen en procesos geológicos o industriales corrientes. Para la ciencia de materiales, es una ventana a reacciones que ocurren bajo temperaturas extremas y enfriamientos casi instantáneos.

También puede aportar información a la ciencia forense nuclear. La composición y la estructura de estas partículas pueden conservar pistas sobre los objetos vaporizados y sobre las condiciones de una detonación, como si fueran un archivo microscópico del suceso.

El grupo de Bindi ya describió en 2026 una estructura cristalina desconocida en restos del ensayo nuclear Trinity, realizado en Estados Unidos en 1945. Ambos trabajos sugieren que los residuos de explosiones históricas aún pueden contener materiales que la ciencia no había identificado.

Lo que falta por saber

El siguiente paso será buscar más granos y comprobar si la misma estructura aparece en otras hiroshimaítas. También hará falta recrear condiciones comparables en el laboratorio para entender qué mezcla, temperatura y velocidad de enfriamiento fueron necesarias.

Hay, además, un límite evidente. Un único cristal microscópico no basta para prometer aplicaciones ni para definir una nueva familia de materiales. Su valor inmediato está en lo que cuenta sobre un proceso extremo y sobre las huellas físicas que dejó una catástrofe humana.

El estudio oficial se publicó el 29 de julio de 2026 en Science Advances.

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