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Satélites captan que el hierro líquido del núcleo de la Tierra ha cambiado de dirección a 2.200 kilómetros bajo el oceáno Pacífico

Satélites detectan un sorprendente cambio de dirección del hierro líquido en las profundidades de la Tierra bajo el Pacífico

Satélites captan que el hierro líquido del núcleo de la Tierra ha cambiado de dirección a 2.200 kilómetros bajo el oceáno Pacífico

Una amplia corriente de metal líquido situada bajo el Pacífico ecuatorial cambió de dirección alrededor de 2010. Pasó de avanzar débilmente hacia el oeste a moverse con fuerza hacia el este. No giró todo el núcleo ni se invirtieron los polos magnéticos, pero el hallazgo revela que una región profunda del planeta puede reorganizarse en apenas unos años.

Frederik Dahl Madsen, de la Universidad de Edimburgo, lideró el trabajo junto a Isobel Howard, William Brown, del British Geological Survey, y Kathryn Whaler. El equipo reconstruyó el flujo entre 1997 y 2025 y halló indicios de que la corriente hacia el este empezó a debilitarse después de 2020. Aún no se sabe si fue un episodio aislado, una oscilación o el comienzo de una fase estable.

El giro bajo el Pacífico

El núcleo externo comienza a unos 2.900 kilómetros de profundidad y tiene alrededor de 2.200 kilómetros de espesor. Está formado sobre todo por hierro y níquel líquidos, mientras que el núcleo interno, sometido a una presión enorme, permanece sólido.

Ese metal conduce la electricidad y circula alrededor del centro sólido de la Tierra. Su movimiento mantiene la geodinamo, una especie de generador natural que sostiene el campo magnético terrestre. En la práctica, se parece más a un sistema de corrientes y remolinos que a una pieza que gira como una rueda.

La inversión detectada fue regional. El patrón dominante se mantuvo estable y explicó cerca del 95 por ciento de la variación observada, mientras que el cambio del Pacífico representó alrededor del 4 por ciento. Importante, sí, pero no un vuelco completo del núcleo.

Cómo lo vieron los satélites

Los científicos no pueden observar directamente el metal situado a miles de kilómetros bajo nuestros pies. En su lugar, midieron pequeñas variaciones del campo magnético con observatorios terrestres y con los satélites Ørsted, CHAMP, CryoSat-2 y la misión Swarm de la Agencia Espacial Europea. Cada señal ayuda a reconstruir qué ocurre en el límite entre el núcleo y el manto.

El equipo agrupó las mediciones en periodos de cuatro meses y creó 300 observatorios virtuales. Después aplicó el análisis de componentes principales, una técnica que separa un mapa complejo en pocos patrones. Así distinguió la gran corriente de fondo de los remolinos menores.

Los mapas comparan, entre otros momentos, la circulación de 2007 y 2020. Bajo el Pacífico ecuatorial, el flujo débil de la primera fecha aparece convertido en una corriente hacia el este mucho más marcada en la segunda. El máximo llegó cerca de 2020 y el modelo sugiere que desde entonces se está moderando.

La causa sigue abierta

La inversión coincidió con cambios detectados mediante terremotos y mediciones de la rotación terrestre en el núcleo interno. Una investigación publicada en Nature concluyó que esa esfera sólida rotó algo más rápido que el manto entre 2003 y 2008 y después retrocedió lentamente por una trayectoria similar hasta 2023. La coincidencia resulta llamativa, pero no demuestra que un fenómeno causara el otro.

Madsen y sus colegas plantean que ambos cambios podrían haber surgido de un mismo episodio en las capas más profundas. También contemplan que el calor no salga por igual en toda la frontera entre el núcleo y el manto y empuje el metal hacia el este en algunas zonas. Por ahora son hipótesis, no una respuesta cerrada.

«La vigilancia continua será esencial para determinar cómo evoluciona el flujo en los próximos años», señaló Madsen. La pregunta es sencilla de formular y difícil de resolver. ¿Volverá la corriente hacia el oeste o estamos viendo una nueva pauta estable?

Qué cambia en el campo magnético

El flujo del núcleo altera poco a poco el campo magnético y, a veces, produce cambios bruscos llamados «tirones geomagnéticos». No son terremotos, sino variaciones repentinas en la velocidad con la que evoluciona el campo. Un estudio de 2022 ya vinculó el tirón registrado sobre el Pacífico en 2017 con un cambio rápido del flujo.

Estos cambios importan porque los modelos magnéticos se usan en brújulas digitales, aviación, navegación marítima y operaciones espaciales. La actualización de 2025 del Modelo Magnético Mundial indica que el polo norte magnético se desplaza hacia Siberia a unos 35 kilómetros al año, tras haberse frenado desde unos 50. El nuevo trabajo no atribuye ese viaje del polo a la corriente concreta del Pacífico.

Tampoco hay señales de que esta inversión regional suponga un peligro para las personas o para el clima. La ESA subraya que su valor es científico y práctico, porque permite mejorar los modelos de un campo magnético que nunca está completamente quieto. Nada de catástrofes, mucha geofísica.

Lo que falta por saber

Reconstruir corrientes del núcleo a partir del magnetismo no produce una única respuesta perfecta. Los investigadores probaron tres formas de modelar el flujo y todas recuperaron el cambio general bajo el Pacífico, aunque los detalles dependen de los supuestos empleados. Esa cautela importa tanto como el resultado.

Las series continuas de satélites como Swarm y de observatorios terrestres dirán si la corriente sigue debilitándose, recupera su dirección occidental o entra en otro ciclo. Al final del día, la ciencia sigue una corriente que nadie puede tocar, pero cuyas huellas llegan hasta nuestros instrumentos.

El estudio principal se ha publicado en Journal of Studies of Earth’s Deep Interior.

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