Ciencia

Los expertos tardaron dos años en confirmarlo, pero el círculo que un canadiense vio en Google Maps era real: un cráter de impacto de 25 kilómetros nunca antes catalogado

Confirman un gigantesco cráter de impacto descubierto en Google Maps tras dos años de investigación científica en Canadá.

Los expertos tardaron dos años en confirmarlo, pero el círculo que un canadiense vio en Google Maps era real: un cráter de impacto de 25 kilómetros nunca antes catalogado

Joël Lapointe solo estaba preparando una ruta de acampada por la remota región de Côte-Nord, en Quebec, cuando una enorme forma circular apareció ante sus ojos en las imágenes de Google. Aquella depresión, demasiado regular para pasar desapercibida, terminó conduciendo a los científicos hasta un cráter de impacto que llevaba cientos de millones de años confundido con el paisaje.

La expedición realizada en octubre de 2025 encontró conos de choque y una gruesa capa de roca fundida por el impacto. El resumen científico de 2026 ya confirma que la estructura, bautizada como Uhackatik, mide unos 25 kilómetros y se formó hace alrededor de 390 millones de años. No es poca cosa.

Una forma demasiado redonda

Lapointe, astrónomo aficionado, buscó la estructura en bases de datos de cráteres y no la encontró. En lugar de dejar la curiosidad en la pantalla, envió su observación a especialistas, hasta que la pista llegó al geofísico Pierre Rochette y a otros investigadores.

El primer resumen científico, presentado en 2024, describía una depresión aproximadamente circular de más de 15 kilómetros alrededor del lago Marsal. También señalaba un desnivel de entre 200 y 300 metros desde el fondo hasta el borde y un anillo interior tenue de unos ocho kilómetros.

Sobre un mapa, el conjunto parecía prometedor. Pero una circunferencia llamativa no demuestra por sí sola que haya caído una roca espacial, porque volcanes, erosión, hundimientos y otras fuerzas geológicas también pueden dibujar formas redondeadas. Hacía falta pisar el terreno.

Del mapa al terreno

La investigación acabó incorporando a Gordon Osinski, profesor de geología planetaria de la Western University y especialista en cráteres. En octubre de 2025, un equipo se desplazó hasta la zona para inspeccionar las rocas, recoger muestras y buscar señales características de un impacto a gran velocidad.

Llegar no fue precisamente dar un paseo por el campo. El terreno era abrupto, remoto y difícil de recorrer, pero la expedición encontró las pistas que buscaba. «Estaba bastante convencido, mientras estábamos allí, de que era un cráter de impacto», explicó Osinski.

La prueba que buscaban

La señal más llamativa fueron los llamados conos de choque, algunos de tamaño decimétrico. Son fracturas con estrías que adoptan una forma cónica cuando una onda de presión extraordinariamente intensa atraviesa la roca, algo muy distinto de una grieta corriente producida por el frío o el movimiento lento del terreno.

Los geólogos también reinterpretaron la llamada brecha de Marsal, situada entre dos y cuatro kilómetros del centro, como roca de fusión por impacto. La capa alcanza al menos 50 metros de espesor y contiene fragmentos de la roca original de hasta medio metro. Una auténtica cicatriz mineral.

¿Por qué estas pruebas pesan tanto? Las recomendaciones publicadas en 2026 por el Comité de Cráteres de Impacto de la Meteoritical Society consideran diagnósticas determinadas huellas de metamorfismo de choque, mientras que muchas otras pistas solo son compatibles con una colisión. Por eso el trabajo de campo y el laboratorio valen mucho más que la forma redonda vista desde un satélite.

Cómo calcularon su edad

El equipo no se limitó a mirar las rocas. Extrajo testigos orientados para estudiar el paleomagnetismo, es decir, la dirección del campo magnético terrestre que algunos minerales registraron cuando el material se enfrió.

Ese registro sitúa la formación en torno a 390 millones de años, dentro de un intervalo estimado de entre 370 y 400 millones. Los datos preliminares de los circones presentes en la roca fundida apuntan también a una edad más joven situada aproximadamente entre 350 y 400 millones de años.

Las dos líneas de prueba encajan y llevan al equipo a fechar el impacto en unos 390 millones de años, durante el Devónico. Ocurrió mucho antes de la aparición de los dinosaurios y tras tanto tiempo de erosión sorprende que la señal circular todavía pueda distinguirse desde casa.

Por qué aparecen dos tamaños

Aquí surge una duda lógica. El resumen de 2024 hablaba de una depresión de más de 15 kilómetros, mientras que el nuevo trabajo define Uhackatik como una estructura de impacto de unos 25 kilómetros de diámetro.

Las cifras no tienen por qué medirse desde el mismo límite. Una explicación probable es que la primera describiera la topografía más evidente y que la segunda incorporase la distribución de las rocas de impacto y la nueva interpretación geológica. Aun así, el futuro artículo completo deberá detallar cómo se fijó exactamente el borde exterior.

Un cráter excepcional

Se conocen alrededor de 200 cráteres de impacto en la Tierra. El agua, el hielo, los sedimentos y la propia dinámica de la corteza borran o esconden estas cicatrices, por lo que una estructura antigua y grande puede pasar inadvertida incluso en una época llena de satélites.

El caso de Uhackatik resulta especial por conservar una capa de roca fundida de al menos 50 metros y una señal topográfica clara pese a su enorme antigüedad. El nombre fue elegido tras conversaciones con el Consejo Innu de Ekuanitshit, representante del pueblo indígena vinculado a este territorio.

¿Qué aporta un cráter más? Cada estructura ayuda a reconstruir cómo las colisiones alteran las rocas y el relieve, además de mejorar la lectura de otros mundos donde los impactos son mucho más visibles. En el fondo, la Tierra también guarda su historia a golpes, aunque la vegetación y el tiempo intenten taparla.

Qué ocurrirá ahora

Los resultados se presentarán en la 88.ª Reunión Anual de la Meteoritical Society, prevista del 9 al 14 de agosto de 2026 en Fráncfort. El resumen oficial ya afirma que los datos confirman un origen por impacto a hipervelocidad, pero una publicación extensa permitirá conocer mejor los métodos, las muestras y los márgenes de incertidumbre.

Lapointe resumió la rareza del hallazgo con una frase sencilla. «No todos los días un ciudadano corriente encuentra un cráter de 390 millones de años», afirmó. Su historia recuerda que una observación cotidiana puede abrir una investigación enorme, siempre que después entren en juego el terreno, el laboratorio y la revisión científica.

El resumen científico más reciente sobre el cráter Uhackatik ha sido publicado en el archivo oficial de la 88.ª Reunión Anual de la Meteoritical Society.

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