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Mientras el calor golpea a las vacas con 8 litros menos de leche al día, cojeras y abortos, los ganaderos españoles ya tienen la solución: instalar climatización de urgencia en las naves 

El calor obliga a climatizar las granjas: las vacas producen hasta 8 litros menos de leche y aumenta el estrés térmico.

Mientras el calor golpea a las vacas con 8 litros menos de leche al día, cojeras y abortos, los ganaderos españoles ya tienen la solución: instalar climatización de urgencia en las naves 

Galicia produce alrededor del 42 % de la leche de toda España, pero el calor está cambiando la rutina de sus establos. En las jornadas más duras, una vaca puede dar hasta ocho litros menos de leche, mientras algunas explotaciones ya recurren a ventiladores de gran caudal, aspersores y aperturas laterales para mantener el interior por debajo de los 26 °C.

El problema no termina en el tanque. El estrés térmico reduce el apetito, dificulta la reproducción y empuja a los animales a pasar más tiempo de pie, una combinación que afecta al bienestar y a las cuentas de la granja. El norte también necesita sombra y aire fresco, y eso ya se nota.

El calor ya se nota en el tanque

En la granja de Miguel Bouzas, con 110 vacas, las pérdidas durante los episodios de calor rondaban los 440 litros diarios. Esa cifra no significa que todas las vacas pierdan siempre ocho litros, sino que el impacto cambia según la intensidad del calor, la humedad, la producción de cada animal y el tiempo de exposición.

«Venían años de mucho calor y cada vez vienen más», explicó Bouzas. Para evitar que el establo se convierta en una nave sofocante, la explotación combina ventilación mecánica con agua pulverizada sobre los animales.

Por qué una vaca sufre antes de lo que parece

Una vaca lechera produce mucho calor dentro de su propio cuerpo. Comer, digerir y fabricar leche requiere energía, por lo que los animales más productivos suelen ser también más vulnerables cuando sube la temperatura.

Además, no basta con mirar el termómetro. La humedad dificulta la pérdida de calor y puede hacer que una jornada aparentemente soportable resulte pesada para el ganado. La FAO y la Organización Meteorológica Mundial sitúan el inicio del estrés en las especies ganaderas más comunes por encima de unos 25 °C, aunque el umbral cambia según la raza, la producción, la ventilación y la humedad.

Menos leche y más problemas reproductivos

Cuando una vaca tiene calor, bebe más, come menos y dedica parte de su energía a enfriarse. En la práctica, queda menos energía disponible para producir leche y mantener una reproducción normal.

«Nos cuesta más conseguir gestaciones», resumió Mery González, veterinaria de reproducción de Seragro. Un estudio publicado en 2026 con datos de dos granjas de Cerdeña observó que, bajo riesgo térmico alto, la tasa de concepción bajó del 55,2 % al 37,2 % y la tasa de gestación también descendió, incluso con sistemas de refrigeración.

Los abortos y las cojeras exigen más cuidado al explicarlos. El calor puede aumentar el riesgo reproductivo, pero un aborto también puede tener causas infecciosas, tóxicas, genéticas o desconocidas. En cuanto a las cojeras, el calor no las causa por sí solo, aunque las vacas suelen permanecer más tiempo de pie para disiparlo y eso puede cargar más las pezuñas, sobre todo sobre suelos duros o húmedos.

Ventiladores y agua para bajar varios grados

La llamada climatización ganadera no suele ser un aire acondicionado como el de una vivienda. Se basa en mover grandes volúmenes de aire, retirar el calor acumulado y refrescar directamente al animal mediante aspersión o nebulización controlada.

Luis Vizcaíno, gerente de Electrosarria, asegura que el trabajo de climatización de granjas ha crecido un 200 % frente a hace cuatro o cinco años. Según su experiencia, una instalación bien planteada puede rebajar hasta ocho grados la temperatura interior, mientras una nave cerrada y sin circulación de aire puede alcanzar valores muy superiores a los del exterior.

No basta con colocar un ventilador

La ubicación importa tanto como la potencia. El aire debe llegar a las zonas donde las vacas comen, descansan y esperan para el ordeño, porque allí pueden concentrarse muchos animales y acumularse más calor.

También hay que coordinar el agua con la ventilación. Mojar sin renovar el aire puede elevar la humedad, mientras ventilar sin controlar bebederos, sombras y densidad deja parte del problema intacto. Por eso conviene medir temperatura y humedad dentro de la nave, revisar los equipos y vigilar la respiración, el consumo de agua, el tiempo de descanso y la producción diaria.

Las gallinas tampoco escapan

Las aves son especialmente sensibles porque no sudan. Cuando tienen demasiado calor, jadean, beben más, comen menos y pueden sufrir problemas graves si la nave no renueva el aire con rapidez.

En Galicia ya se están adaptando gallineros con paredes móviles, paneles de entrada y grandes portones de salida para crear una corriente continua. Parece una solución sencilla, pero detrás hay cálculos de caudal, velocidad del aire, humedad y número de animales. No es poca cosa.

La refrigeración ayuda, pero tiene límites

Un amplio estudio reciente analizó más de 320 millones de registros diarios de unas 130 000 vacas durante 12 años. Sus autores calcularon que el calor húmedo extremo podía reducir la producción de leche hasta un 10 % y que el efecto continuaba más de diez días después.

El trabajo también dejó una advertencia. En los días con una temperatura media de bulbo húmedo superior a 24 °C (una medida que combina temperatura y humedad), los sistemas habituales de ventilación y agua compensaron menos del 40 % de las pérdidas. No es una medición realizada en Galicia, pero muestra que enfriar funciona sin borrar por completo el daño.

Una adaptación que ya es estructural

Para una comunidad que concentra buena parte del sector lácteo español, proteger al ganado del calor ya no es un detalle estacional. Significa conservar leche, mejorar el bienestar, reducir problemas reproductivos y evitar que cada ola de calor deje una factura que se alarga durante días.

Los ventiladores, los aspersores y las naves más abiertas son parte de la respuesta, pero necesitan mantenimiento, seguimiento veterinario y avisos meteorológicos útiles. En el fondo, la granja del futuro tendrá que prepararse para el calor antes de que llegue, no cuando las vacas ya hayan dejado de comer. 

El informe oficial ha sido publicado en el repositorio de conocimiento de la FAO.

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