La planta desalinizadora de Tseung Kwan O puede producir hasta 135 millones de litros de agua potable al día, cerca del 5% de la demanda total de agua dulce de Hong Kong. El equipo técnico calcula que esa capacidad equivale al consumo de unos 137.000 hogares, alrededor de 370.000 personas. No es poca cosa.
Conviene aclarar la fecha, porque la noticia vuelve a circular en 2026 como si la instalación acabara de inaugurarse. El suministro comenzó el 22 de diciembre de 2023 y la fase formal de operación arrancó el 1 de julio de 2024. Lo interesante ahora es cómo convierte agua de mar en potable en unas dos horas y qué coste ambiental y económico tiene.
135 millones de litros al día
La instalación ocupa unas ocho hectáreas en el Área 137 de Tseung Kwan O. A pleno rendimiento puede captar alrededor de 340 millones de litros de agua marina cada día y entregar hasta 135 millones de litros ya tratados.
Esa agua no viaja directamente desde la costa hasta un grifo concreto. Primero llega al depósito principal de Tseung Kwan O y desde allí entra en la red que abastece Sai Kung, parte de Kowloon Este y zonas de la isla de Hong Kong.
La cifra de 137.000 hogares procede de Binnies, empresa del grupo RSK vinculada al diseño y la supervisión del proyecto. La referencia oficial es más prudente. La planta puede cubrir aproximadamente el 5% de la demanda total de agua dulce de Hong Kong.
Dos horas y mucha presión
La pieza central es la ósmosis inversa. No es un colador gigante. El agua recibe un tratamiento previo y después se impulsa a gran presión contra membranas que dejan pasar el agua, pero retienen sales y numerosas impurezas.
Después llega el tratamiento final antes de incorporarla a la red urbana. El Departamento de Suministro de Agua asegura que cumple las normas de agua potable de Hong Kong y que el proceso se vigila en tiempo real.
Andy Kwok, director general de Binnies Hong Kong, lo resume así. «Cuando funciona al 100% de su capacidad, la planta tarda unas dos horas desde la captación hasta el producto final». Detrás hay bombas de alta presión, membranas, controles químicos y bastante electricidad.
Una fuente que no espera a la lluvia
Hong Kong obtiene agua de la lluvia almacenada en embalses y del suministro procedente del río Dongjiang, en la China continental. La desalación añade una vía que no depende de cómo venga la temporada de lluvias.
¿Qué significa esto en la práctica? Una sequía prolongada deja de presionar a toda la red por igual. La planta actúa como una llave adicional, no como un sustituto completo de las fuentes tradicionales.
Esa seguridad tiene un coste. Una respuesta oficial de 2024 calculó el agua desalinizada en unos 13 dólares de Hong Kong por metro cúbico, frente a unos 11 para el agua del Dongjiang, y estimó el gasto anual de operación en 316 millones de dólares de Hong Kong.
La energía sigue siendo el punto débil
Desalar exige mucha electricidad, sobre todo para generar la presión que atraviesa las membranas. El proyecto incorpora dispositivos que recuperan hasta el 96% de la energía hidráulica de la salmuera y pueden reducir hasta un 50% la energía del ciclo de bombeo.
También hay paneles solares. Según RSK, reducen un 16,2% la electricidad tomada de la red para los servicios de los edificios, mientras la reutilización interna ahorra agua dulce y la recogida de lluvia reduce el agua destinada al riego.
Pero conviene leer bien esos porcentajes. El 16,2% no se refiere a toda la energía de la desalación. La tecnología mejora, sí, aunque la factura eléctrica sigue siendo una de sus grandes limitaciones.
Qué ocurre con la salmuera
El agua que no atraviesa las membranas queda más concentrada en sales y debe volver al mar de forma controlada. El proyecto utiliza una conducción submarina y un difusor para acelerar su dilución, además de controles sobre el vertido y el entorno marino.
El informe operativo más reciente disponible en la página del proyecto corresponde a abril de 2026. No registró superaciones de los límites del efluente ni nuevas quejas ambientales durante ese periodo. Eso no significa impacto cero, sino cumplimiento de la licencia en esas mediciones.
La vigilancia incluye corales, pesca, residuos y otros indicadores ecológicos. Tras acabar el primer año de seguimiento continuo del agua marina en junio de 2025, el programa pasó a controles del efluente y revisiones ecológicas periódicas.
La ampliación aún no está hecha
La infraestructura se diseñó para poder duplicar su capacidad hasta 270 millones de litros diarios. Si la segunda fase se completa, la desalación podría cubrir cerca del 10% de la demanda de agua dulce de Hong Kong.
Pero poder ampliar no significa que esa capacidad ya exista. El Departamento de Suministro de Agua mantiene una consultoría sobre la segunda fase con horizonte contractual hasta enero de 2031, mientras la ficha oficial sigue hablando de una ampliación futura.
Hasta julio de 2026, las fuentes oficiales consultadas no publican una fecha definitiva para su entrada en servicio. El siguiente paso dependerá de la demanda, la planificación hídrica, el coste energético y la necesidad de reforzar la red.
Una lección para las ciudades costeras
Tseung Kwan O demuestra que una gran ciudad junto al mar puede crear una fuente de agua potable menos vulnerable a la sequía. También recuerda que la desalación no es mágica, porque consume energía, genera salmuera y puede costar más que otras fuentes.
En el fondo, la clave está en combinar herramientas. Desalación, ahorro, reparación de fugas, reutilización y energías renovables deben avanzar juntas. Así, abrir el grifo puede seguir siendo un gesto cotidiano incluso cuando el clima deja de comportarse como antes.
Su valor no está solo en los litros producidos, sino en el margen de seguridad que añade cuando el clima aprieta.
El comunicado oficial sobre la entrada en servicio fue publicado por el Gobierno de Hong Kong, mientras que la situación actual puede consultarse en la ficha del Departamento de Suministro de Agua.



