Un equipo internacional de astrónomos ha identificado Gliese 48 b, un exoplaneta situado a unos 28 años luz del Sistema Solar. Tiene una masa mínima de 8,11 veces la terrestre y tarda 39,63 días en completar una vuelta alrededor de una enana roja mucho menos luminosa que el Sol.
El planeta recibe cerca del 89 % de la radiación que llega a la Tierra y está dentro de la llamada «zona habitable optimista». Pero eso no demuestra que tenga agua, una superficie rocosa o condiciones adecuadas para la vida. La noticia es importante, aunque no estamos ante una segunda Tierra.
Un año de 39,6 días
Gliese 48 b gira a 0,175 unidades astronómicas de su estrella, unos 26 millones de kilómetros. Puede parecer muy poco, pero Gliese 48 solo emite alrededor del 2,7 % de la luminosidad del Sol. Por eso el planeta no recibe un calor extremo pese a tener un año tan corto.
Los autores calculan una temperatura de equilibrio de 271 kelvin, unos 2 grados bajo cero, bajo unas condiciones teóricas concretas. No es la temperatura real de su suelo, porque todavía no sabemos si posee atmósfera, nubes o efecto invernadero. Es una referencia, no un termómetro colocado sobre el planeta.
La señal que lo delató
El planeta no fue fotografiado. Los investigadores utilizaron la velocidad radial, un método que mide el pequeño vaivén de una estrella cuando la gravedad de un mundo en órbita tira de ella. La señal detectada tiene una semiamplitud de apenas 2,38 metros por segundo.
Para encontrar ese movimiento hicieron falta 380 mediciones reunidas durante unos 15 años. El análisis combinó los canales visible e infrarrojo de CARMENES con observaciones históricas de HIRES, instalado en el observatorio Keck. Es como reconocer un mismo paso entre mucho ruido, noche tras noche.
Tecnología desde Almería
Una parte clave de los datos procede de CARMENES, el espectrógrafo del telescopio de 3,5 metros del Observatorio de Calar Alto, en Almería. El instrumento observa simultáneamente en luz visible y en el infrarrojo cercano, algo muy útil para estudiar estrellas rojas y activas.
Las manchas estelares pueden crear señales falsas, pero su efecto suele cambiar según la longitud de onda. La oscilación de 39,63 días apareció con una intensidad muy parecida en ambos canales. Ese comportamiento reforzó la interpretación planetaria.
Una estrella difícil
Gliese 48 es una enana roja de tipo M3.5V con una actividad magnética considerable. Además, gira sobre sí misma cada 51,5 días, un ritmo lo bastante próximo al periodo del planeta como para complicar el análisis. Separar ambas señales era el verdadero problema.
El ruido asociado a la estrella se estimó en 2,53 metros por segundo, ligeramente por encima de la señal planetaria. Aun así, el ritmo de 39,63 días se mantuvo coherente durante más de 140 órbitas y apareció en instrumentos independientes. No es poca cosa.
TESS también ayudó. El satélite observó la rotación estelar, pero no una variación de brillo con el periodo del planeta que hiciera sospechar de manchas. Y ahí terminó de encajar el puzle.
Zona habitable no significa vida
La «zona habitable» es la franja donde un planeta podría mantener agua líquida si cuenta con una atmósfera adecuada. Gliese 48 b está dentro de la versión optimista y muy cerca del borde interior de la conservadora. Con el margen de error calculado, incluso podría entrar en esta última.
¿Qué significa esto en la práctica? Solo que la energía recibida no descarta de entrada el agua líquida. No sabemos si conserva una atmósfera, si posee océanos o si la radiación de su estrella eliminó hace tiempo buena parte de su envoltura.
Las enanas rojas pueden emitir radiación de alta energía capaz de erosionar atmósferas. El estudio trata cualquier escenario habitable como una posibilidad condicionada a futuras observaciones. Conviene mantener los pies en la Tierra, nunca mejor dicho.
No pasa por delante de su estrella
TESS no encontró ningún tránsito, el descenso de brillo que ocurre cuando un planeta cruza por delante de su estrella. Los investigadores añadieron a los datos una señal artificial equivalente a un mundo de al menos 1,69 radios terrestres y comprobaron que el satélite habría podido detectarla. Su ausencia descarta esa geometría con una confianza elevada.
Esto deja una incógnita importante. La velocidad radial solo ofrece una masa mínima y tampoco se conocen el radio ni la densidad. Gliese 48 b podría ser rocoso, rico en agua o incluso un pequeño subneptuno con una envoltura abundante en gases.
La palabra «supertierra» describe sobre todo una categoría de masa, no una copia ampliada de nuestro planeta. Suena familiar, pero puede esconder mundos muy distintos. Y eso se nota.
El siguiente paso
El estudio señala que una geometría de tránsito habría convertido a Gliese 48 b en un objetivo atractivo para estudiar su atmósfera con el telescopio espacial James Webb. Pero los datos actuales de TESS juegan en contra de esa posibilidad. Sin un tránsito, leer la atmósfera mediante la luz estelar resulta mucho más difícil.
Otras técnicas espectroscópicas podrían ayudar algún día, aunque los autores reconocen que la señal está fuera del alcance práctico actual. Por ahora, lo más realista será afinar la órbita, la masa y el comportamiento de la estrella con nuevas mediciones. El reloj científico acaba de ponerse en marcha.
Por qué importa Gliese 48 b
Las enanas rojas son objetivos fundamentales porque abundan y permiten detectar mejor el tirón de planetas relativamente pequeños. A cambio, su actividad puede disfrazarse de planeta. Gliese 48 b muestra cómo combinar años de datos, distintos colores de luz y fotometría espacial para separar ambas cosas.
El resultado no confirma un mundo habitable, pero sí añade un planeta templado y cercano a la lista de objetivos que merece vigilancia. A 28 años luz sigue fuera de nuestro alcance, aunque en términos galácticos sea parte del vecindario.
El estudio científico ha sido publicado en la revista Open European Journal on Variable Stars.



