Dos personas pueden cumplir 35 años el mismo día y, aun así, mostrar cuerpos que no parecen tener la misma edad. Un nuevo estudio publicado el 22 de junio de 2026 en la revista Nature Medicine apunta a que las generaciones más recientes presentan perfiles biológicos más envejecidos que las anteriores cuando se comparan a una edad cronológica similar.
El hallazgo podría ayudar a explicar una parte del aumento de los cánceres diagnosticados antes de los 55 años, sobre todo los de pulmón, gastrointestinales y de útero. Pero conviene frenar antes de sacar conclusiones. El trabajo encuentra asociaciones en grandes bases de datos, no demuestra que nacer en una década concreta cause un envejecimiento acelerado ni que conduzca inevitablemente al cáncer.
La edad que no aparece en el DNI
La edad cronológica es sencilla de entender, cuenta los años transcurridos desde el nacimiento. La edad biológica intenta medir cómo está funcionando el organismo por dentro, por eso dos personas con el mismo número de velas en la tarta pueden obtener resultados muy diferentes.
“La edad biológica refleja cómo funciona el cuerpo bajo la superficie”, explicó Ruiyi Tian, primera autora del trabajo. Para calcularla, el equipo utilizó varios relojes biológicos, entre ellos PhenoAge, una herramienta que combina la edad real con nueve marcadores de la sangre relacionados con la inflamación, el metabolismo y el funcionamiento de distintos órganos.
Qué encontraron entre generaciones
El análisis principal incluyó a 154.169 participantes menores de 55 años del UK Biobank. Las personas nacidas entre 1965 y 1974 mostraron una brecha de edad biológica estandarizada un 23 % de una desviación típica superior a la de quienes habían nacido entre 1950 y 1954.
El patrón se repitió en 10.262 participantes del programa estadounidense All of Us. En este grupo, los nacidos entre 1990 y 1999 presentaron una brecha un 92 % de una desviación típica mayor que los nacidos entre 1965 y 1969. Eso no significa que envejezcan un 92 % más rápido ni que su cuerpo sea casi el doble de viejo, sino que su puntuación se desplazó más hacia un perfil biológico envejecido dentro de la escala estadística utilizada.
La relación con el cáncer
Los investigadores siguieron a 148.317 participantes británicos y observaron que cada aumento de una desviación típica en la brecha de edad se asociaba con un 8 % más de riesgo relativo de cáncer sólido de aparición temprana. Quienes estaban en el tercio con mayor envejecimiento biológico presentaron un riesgo un 15 % superior frente al grupo con los valores más bajos.
La asociación fue más visible en los cánceres de pulmón, gastrointestinales y de útero. Los resultados se mantuvieron al tener en cuenta el peso, el tabaco, el alcohol, la dieta, la actividad física, algunas enfermedades previas y la predisposición genética. Aun así, una asociación estadística no prueba que el envejecimiento biológico sea la causa directa del tumor.
El cuerpo envejece por partes
El organismo no funciona como un único reloj. Al analizar las proteínas de la sangre de 19.874 participantes, el equipo estimó el envejecimiento de diferentes sistemas y encontró que un perfil inmunitario más envejecido se relacionaba con el cáncer de pulmón de aparición temprana.
También apareció una asociación entre el envejecimiento del tejido adiposo y el cáncer colorrectal temprano. El dato sugiere que algunas partes del cuerpo pueden mostrar un desgaste mayor que otras y que el estado de esos tejidos podría influir en el entorno donde aparece la enfermedad. Todavía queda mucho por demostrar.
Qué podría mover el reloj
Los autores señalan varias exposiciones que merecen más investigación, como la obesidad y las alteraciones metabólicas a edades tempranas, una dieta de peor calidad, el sedentarismo, la interrupción de los ritmos del sueño, ciertos contaminantes químicos y la mala calidad del aire. Son candidatos plausibles, no culpables confirmados por este estudio.
En la práctica, estas exposiciones rara vez llegan solas. Una jornada con muchas horas frente a una pantalla puede mezclarse con poco descanso, comida rápida y contaminación durante los desplazamientos diarios. El problema es que esa suma puede comenzar pronto y mantenerse durante años, dejando una huella difícil de atribuir a un solo factor.
Lo que el estudio no demuestra
La investigación es observacional y sus autores reconocen varias limitaciones. La mayor parte de los datos procede del Reino Unido y Estados Unidos, la muestra británica era mayoritariamente blanca y el grupo estadounidense acumuló solo 104 casos de cáncer temprano durante el seguimiento, una cifra limitada para estudiar cada tumor por separado.
Además, los relojes biológicos se calcularon principalmente con mediciones tomadas en un momento concreto, no siguiendo la velocidad de envejecimiento de cada persona durante décadas. Por eso, haber nacido en 1994 no es un diagnóstico ni una condena. Tampoco convierte estas herramientas en pruebas clínicas de uso general para predecir por cuenta propia quién desarrollará cáncer.
Qué puedes hacer desde hoy
Nadie puede cambiar su año de nacimiento, pero sí puede reducir riesgos conocidos. La quinta edición del Código Europeo contra el Cáncer recomienda no fumar ni utilizar productos de vapeo, evitar el humo ajeno, controlar el exceso de peso, mantenerse físicamente activo, limitar el tiempo sentado y evitar las bebidas alcohólicas.
También aconseja que los cereales integrales, las verduras, las legumbres y las frutas formen una parte importante de la dieta diaria. No hace falta convertir cada comida en una fórmula perfecta. Caminar más, levantarse con frecuencia y cocinar con alimentos poco procesados son pasos modestos, pero suman, al igual que participar en los programas organizados de cribado cuando corresponda.
Una señal importante, no una sentencia
“Ahora mismo no tenemos una respuesta definitiva sobre qué impulsa el aumento de los cánceres de aparición temprana”, afirmó David Scott, director de Cancer Grand Challenges. La investigación aporta una pieza nueva al puzle y abre la posibilidad de identificar mejor a las personas con más riesgo antes de que enfermen.
El siguiente paso será validar los resultados en poblaciones más amplias y diversas, repetir las mediciones a lo largo del tiempo y aclarar qué exposiciones dejan esa huella biológica. Solo entonces se sabrá si estos relojes pueden ayudar de verdad en la prevención y la detección precoz.
El estudio completo ha sido publicado en la revista Nature Medicine.



