Ciencia

Por primera vez en la historia los científicos consiguen poner en marcha el reloj nuclear que está a punto de ayudar a descubrir la quinta fuerza de la naturaleza

Por primera vez un reloj nuclear funciona con un núcleo atómico y abre una nueva vía para explorar la física desconocida.

Por primera vez en la historia los científicos consiguen poner en marcha el reloj nuclear que está a punto de ayudar a descubrir la quinta fuerza de la naturaleza

Por primera vez, un núcleo atómico ha dejado de ser una promesa teórica y ha pasado a dirigir un reloj en funcionamiento. Un equipo internacional coordinado desde la Universidad Técnica de Viena (TU Wien) estabilizó un láser con la transición nuclear del torio-229 y mantuvo el sistema activo durante un día, mientras lo comparaba con un reloj óptico de ion de iterbio.

El avance no significa que ya tengamos el reloj más exacto del planeta ni que se haya descubierto una quinta fuerza. Significa algo quizá más interesante. La física dispone por fin de un nuevo sensor, sensible a procesos del núcleo que los relojes atómicos convencionales apenas pueden observar.

Qué han conseguido realmente

Los experimentos anteriores ya habían logrado excitar el núcleo del torio-229 con láser y medir su frecuencia. Faltaba el paso decisivo, conseguir que esa transición nuclear corrigiera de forma continua al propio láser, igual que el péndulo marca el ritmo de un reloj antiguo.

El nuevo montaje cierra ese circuito de corrección. Cuando la frecuencia se aparta del punto correcto, la absorción del cristal cambia y el sistema aplica un ajuste automático, por lo que el núcleo se convierte en la referencia que gobierna el reloj.

El equipo comparó la señal con un reloj de un solo ion de iterbio mediante un enlace de fibra óptica de 10 kilómetros. Tras un día de funcionamiento continuo, la inestabilidad fraccional cayó a la zona baja de 10⁻¹⁴, aunque esa cifra describe las pequeñas fluctuaciones de frecuencia y no demuestra que el prototipo ya supere en exactitud a los mejores relojes ópticos.

Cómo marca el tiempo

Los relojes atómicos actuales usan saltos de los electrones entre niveles de energía muy concretos. El láser se ajusta a esa transición y sus oscilaciones actúan como un metrónomo extremadamente regular, aunque en lugar de oír un tic tac se cuentan ondas de luz.

«La envoltura electrónica de un átomo reacciona con mucha sensibilidad a los campos electromagnéticos externos», explica Thorsten Schumm. El reloj nuclear aplica la misma idea dentro del núcleo, donde se encuentran protones y neutrones. Por su pequeño tamaño y su débil acoplamiento con el entorno, esa referencia puede resultar menos sensible a determinadas perturbaciones.

Pero no es inmune. En un reloj de estado sólido, el cristal puede introducir cambios relacionados con la temperatura, su estructura interna o el lugar ocupado por cada núcleo, y esos efectos todavía deben medirse mejor.

Por qué el torio-229 es especial

La mayoría de las transiciones nucleares exigen energías demasiado altas para los láseres de precisión disponibles. El torio-229 es la gran excepción, porque posee un estado excitado de unos 8,4 electronvoltios, correspondiente a luz ultravioleta de vacío cercana a los 148 nanómetros.

Esto permite alojar el isótopo dentro de un cristal milimétrico de fluoruro de calcio que funciona a temperatura ambiente. En el futuro, esta arquitectura podría ser más compacta y resistente que muchos relojes ópticos con átomos ultrafríos, aunque el montaje actual sigue ocupando un laboratorio lleno de láseres, detectores y fibra.

No es un reloj para la muñeca. Es una referencia de frecuencia capaz de convertir una propiedad muy estable de la materia en una medida del tiempo.

El láser que lo hizo posible

Durante años, uno de los grandes obstáculos fue generar luz continua justo en la longitud de onda del núcleo. Los sistemas anteriores podían excitar el torio, pero la detección mediante fluorescencia obligaba a esperar varios minutos a que el estado excitado decayese.

La nueva técnica mide la absorción directamente y ofrece una respuesta mucho más rápida. El láser puede comprobar si sigue bien ajustado y corregirse sin esperar ese largo ciclo, que era como conducir mirando el retrovisor con varios minutos de retraso.

Ese cambio parece pequeño, pero es el corazón del resultado. Sin una señal rápida no hay corrección estable y, sin esa corrección, hay espectroscopia nuclear, pero todavía no un reloj autónomo.

Una ventana a la física desconocida

La energía de la transición nace de un equilibrio muy delicado entre la interacción electromagnética y la fuerza nuclear. Ambas contribuciones son enormes, pero casi se cancelan, de modo que una variación diminuta de las constantes fundamentales podría producir un cambio medible en la frecuencia.

Los investigadores buscaron oscilaciones y derivas durante intervalos comprendidos entre 20 segundos y un día. No encontraron una señal estadísticamente significativa de materia oscura ultraligera, pero impusieron nuevos límites a la forma en que podría interactuar con los fotones, la fuerza fuerte y los quarks ligeros.

En las pruebas relacionadas con la fuerza fuerte y los quarks, el experimento alcanzó límites entre 100 y 1000 veces más estrictos que los obtenidos antes con relojes atómicos. ¿Significa eso que se ha detectado una quinta fuerza? No, el reloj solo ha reducido el espacio en el que podrían esconderse nuevas partículas o interacciones desconocidas.

Dos equipos casi a la vez

El resultado llegó acompañado de un segundo trabajo independiente presentado pocos días después por investigadores de la Universidad de Tsinghua. Ambos grupos usaron cristales de fluoruro de calcio con torio-229 y láseres continuos cercanos a 148,4 nanómetros, aunque recurrieron a fuentes de luz y métodos de lectura diferentes.

Esta coincidencia refuerza la idea de que el reloj nuclear ya ha pasado de proyecto a plataforma experimental reproducible. Aun así, los dos estudios se difundieron como prepublicaciones en arXiv, por lo que conviene tratarlos como resultados preliminares mientras no exista una publicación revisada por pares.

Lo que falta por mejorar

El siguiente reto consiste en aumentar la potencia y la estabilidad de los láseres, controlar mejor la temperatura del cristal y entender los pequeños cambios de frecuencia que introduce el propio montaje. También harán falta mediciones durante semanas o meses para comprobar que el resultado puede reproducirse sin sorpresas.

Las aplicaciones en navegación, telecomunicaciones o sincronización de redes son posibles, pero no inmediatas. A corto plazo, su papel más valioso estará en los laboratorios, donde podrá poner a prueba la constancia de las leyes físicas y buscar señales que otros instrumentos no ven.

El trabajo abre una puerta que llevaba más de dos décadas atascada. 

El estudio principal ha sido publicado como preprint en arXiv.

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