Ciencia

Olvidaron unas semillas en un granero durante décadas y ahora las utilizan para resucitar el cultivo que dio nombre a sus campos: el pueblo aragonés que ya ha puesto en circulación más de 6.000 semillas nuevas

El melón de Torres de Berrellén vuelve a los campos tras décadas desaparecido gracias a 6.100 semillas recuperadas.

Olvidaron unas semillas en un granero durante décadas y ahora las utilizan para resucitar el cultivo que dio nombre a sus campos: el pueblo aragonés que ya ha puesto en circulación más de 6.000 semillas nuevas

Torres de Berrellén ha recuperado un cultivo que parecía condenado a quedarse en el recuerdo. Unas semillas conservadas durante años en un antiguo granero permitieron iniciar la vuelta del melón de Torres, una variedad local de tipo Tendral que había dejado de cultivarse de forma habitual hacía décadas.

El regreso ya no es solo simbólico. En 2025, el tipo verde quedó inscrito como variedad de conservación y el CITA distribuyó 6.100 semillas verdes y blancas para llevarlas de nuevo a los campos. Detrás hay diez años de selección científica y colaboración vecinal.

Del granero al campo

Torres de Berrellén fue conocido hasta la década de 1960 como «el pueblo de los melones». Con el paso del tiempo, el cultivo perdió terreno y el fruto que los mayores identificaban como el «verdadero» desapareció del paisaje agrícola local. La iniciativa para recuperarlo comenzó en 2015, impulsada por Jesús Causapé y Chuma Sahún.

El hallazgo de semillas guardadas en el granero de un agricultor cambió el rumbo del proyecto, porque ofreció material procedente del propio municipio. La memoria de los vecinos también resultó decisiva. «Lo primero que hicimos fue escuchar a los mayores», explicó Causapé al recordar aquella búsqueda.

Así es el melón verdadero

El melón de Torres pertenece al tipo Tendral. El ejemplar verde considerado tradicionalmente como el auténtico es oscuro, alargado, con estrías marcadas y una corteza gruesa. Algunos frutos podían acercarse a los 10 kilos.

Era un melón de invierno y esa corteza ayudaba a conservarlo durante meses. Se colocaba sobre cestillos de anea y se colgaba de los maderos del granero, lo que permitía comerlo incluso después de Navidad. También existe un tipo blanco con características similares.

Los trabajos científicos estudiaron la selección de las semillas, la calidad del fruto y la relación del cultivo con el agua y el suelo de la zona. También se realizaron valoraciones sensoriales para comprobar si los ejemplares recuperados se acercaban al melón que recordaban los vecinos.

Diez años de selección

Recuperar una variedad no consiste en sembrar una semilla antigua y dar el trabajo por terminado. Las plantas pueden cruzarse o mostrar rasgos muy distintos, por lo que fue necesario seleccionar generación tras generación los ejemplares que mejor representaban al melón tradicional. En el tipo verde, además, había que depurar una población mezclada con otros tipos.

El CITA comenzó a colaborar técnicamente en 2016 y la Asociación Amigos del Melón de Torres de Berrellén se creó en 2018. Agricultores, investigadores, el Ayuntamiento, el Centro de Transferencia Agroalimentaria y entidades como Gardeniers participaron en distintas fases. Ciencia y experiencia del campo trabajando juntas.

Un seguro a menos 18 grados

Las semillas verdes y blancas se conservan deshidratadas y congeladas a -18 °C en el Banco de Germoplasma Hortícola del CITA. Es una copia de seguridad frente a malas cosechas, el abandono del cultivo o cualquier problema que pueda hacer desaparecer otra vez la variedad.

Durante la campaña de 2024, el CITA multiplicó la semilla en su parcela experimental. Parte del material se envió al Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA, en Alcalá de Henares, para mantener una segunda copia en otro lugar. No es poca precaución cuando se protege algo que ya estuvo a punto de perderse.

El último reparto detallado por el CITA corresponde a 2025 y alcanzó las 6.100 semillas. Fueron 3.500 del tipo verde y 2.600 del blanco, destinadas a la asociación, al Vivero Delicias y a productores de varias localidades aragonesas. Guardarlas protege el futuro, pero cultivarlas mantiene viva la variedad.

Qué cambia con el registro

El 17 de marzo de 2025, el Boletín Oficial del Estado publicó la inscripción definitiva «De Torres de Berrellén» en el Registro de Variedades Comerciales, con el número 20240054. La incluyó en el apartado dedicado a las variedades de conservación.

Esta figura reconoce cultivos tradicionales ligados a un territorio y amenazados por la erosión genética, que es la pérdida progresiva de diversidad agrícola. No es una simple etiqueta. Da una identidad oficial a la semilla y facilita su conservación, multiplicación y difusión entre productores.

Por qué importa para la biodiversidad

La agricultura moderna ha ganado producción y regularidad, pero muchas variedades locales fueron sustituidas por otras más uniformes. Cuando esa sustitución reduce demasiado la base genética disponible, se pierden características que podrían resultar útiles en el futuro. Es como retirar libros de una biblioteca sin haberlos leído.

El Banco de Germoplasma Hortícola del CITA conserva unas 18.500 entradas de más de 450 especies. No todas llegarán al supermercado, ni cualquier variedad antigua es automáticamente mejor. Pero perder una semilla para siempre elimina una opción y, en este caso, también borra una parte de la historia gastronómica del municipio.

El reto empieza ahora

El dato de 6.100 semillas no equivale a una producción masiva de melones. El comunicado oficial no ofrece toneladas cosechadas ni una red nacional de venta, por lo que el regreso debe entenderse como una recuperación genética, legal y agrícola. El siguiente paso necesita productores, campañas estables y consumidores interesados.

La asociación ha acompañado el trabajo con catas, degustaciones, actividades culturales y un huerto comunitario. También se ha trabajado en cultivo ecológico y en proyectos de inclusión social con Gardeniers. La semilla ha salido del laboratorio y ha vuelto a formar parte de la vida del pueblo.

Ahora el desafío consiste en ampliar el cultivo sin borrar aquello que lo hace distinto. El melón salió de un granero, pasó por años de investigación y vuelve a la tierra. 

La nota de prensa oficial sobre la distribución y conservación de estas semillas ha sido publicada por el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA).

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