El campo aragonés ha encontrado un aliado inesperado frente a una de sus plagas más persistentes. El triticale, un híbrido de trigo y centeno, pasó de 40.886 hectáreas en 2019 a 73.473 en 2025, un aumento cercano al 80 % que lo deja a las puertas de duplicar su presencia en seis años.
El salto no se explica únicamente por una moda agrícola. Un estudio del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) y la Universidad de Zaragoza detectó una asociación clara entre una mayor superficie de triticale y una menor abundancia de conejos silvestres. La relación no demuestra por sí sola que el cereal sea la única causa, pero sí apunta a una herramienta útil cuando se combina con otras medidas.
Un híbrido que aguanta el mordisqueo
El triticale nació del cruce entre el trigo y el centeno. Combina buena parte de la capacidad productiva del primero con la rusticidad del segundo, algo interesante en secanos donde el suelo, el agua y las temperaturas no siempre se lo ponen fácil al agricultor.
Su ventaja frente al conejo parece estar en dos características. Resulta menos apetecible que otros cereales y tiene una notable capacidad de rebrote después de sufrir daños, por lo que puede recuperarse mejor cuando los animales regresan a la parcela.
Los ensayos del Proyecto GEST-CONEJO lo muestran con una cifra difícil de ignorar. En lindes de campos muy afectados, el triticale conservó un 46 % del grano, mientras que la cebada y el trigo blando apenas mantuvieron un 5 % de la cosecha. No significa que salga ileso, pero sí que la cosechadora puede encontrar bastante más grano al final de la campaña. Y eso se nota.
Cuatro años contando conejos
Para comprobar si esta ventaja podía influir también en las poblaciones, los investigadores seleccionaron cuatro zonas cerealistas de Zaragoza con daños habituales. Entre 2021 y 2024 realizaron 155 conteos, siempre antes del amanecer y en condiciones meteorológicas comparables, para reducir el efecto del tiempo y de los cambios de actividad de los animales.
Los avistamientos se transformaron en un índice de conejos por kilómetro. Después, el equipo comparó esa abundancia con la proporción de triticale, barbecho y otros cultivos situada alrededor de cada recorrido, dentro de un radio de 150 metros.
El resultado fue consistente. La abundancia disminuía a medida que aumentaba la superficie ocupada por triticale o barbecho, mientras que crecía cuando en la campaña anterior predominaban otros cultivos, sobre todo cebada. En el fondo, los datos sugieren que el paisaje agrícola funciona como una despensa y condiciona lo que ocurre campaña tras campaña.
Por qué parece gustarles menos
La explicación todavía no está cerrada. Un ensayo anterior citado por los autores observó que los conejos utilizaron el triticale como alimento en apenas un 3 %, frente al 47 % registrado en el trigo y el 28 % en la cebada.
Los investigadores creen que la menor aceptación podría relacionarse con su sabor, su composición nutricional o ciertos componentes que dificultan el aprovechamiento digestivo. Entre ellos aparecen los arabinoxilanos, aunque el trabajo advierte de que todavía no se sabe qué mecanismo pesa más ni si todas las variedades responden igual.
En otras palabras, el triticale no actúa como un repelente ni crea una barrera invisible. Parece ofrecer un alimento menos atractivo y, al mismo tiempo, soporta mejor la herbivoría. Esa combinación es la que interesa al agricultor.
La clave está en sembrar juntos
Aquí aparece uno de los puntos más importantes. Si una explotación planta triticale pero la parcela de al lado mantiene cebada o trigo, los conejos pueden concentrarse en el cultivo más apetecible y trasladar el problema unos metros. El investigador del CITA Carlos Calvete lo resumió así. «Es importante sincronizar el cultivo para reducir la presencia de conejos».
La propuesta pasa por coordinar parcelas contiguas y combinar el triticale con barbechos y otros métodos de control autorizados. Según el estudio, esta estrategia agronómica podría reducir los recursos alimentarios en áreas amplias y reforzar medidas más locales, como la gestión cinegética.
Tampoco cabe esperar resultados de una semana para otra. El equipo de GEST-CONEJO advirtió de que los animales pueden compensar una caída inicial mediante cambios en la reproducción y la supervivencia, por lo que la reducción máxima podría tardar entre dos y tres años. El reloj del campo va despacio.
Una expansión con límites
Las cifras muestran que muchos agricultores ya están haciendo sus propias cuentas. En 2025, el triticale ocupó 73.473 hectáreas de las 780.313 dedicadas a cereales de invierno en Aragón, alrededor del 9,4 % del total, y su superficie creció un 17,78 % respecto a 2024.
Pero sembrar más no siempre significa ganar más. El estudio recuerda que la rentabilidad del triticale puede ser inferior a la del trigo o la cebada y que su utilidad dependerá del rendimiento, del precio, del destino del grano y de las condiciones de cada comarca. Lo que funciona en un secano zaragozano debe probarse antes de trasladarlo sin más a otro paisaje.
También hay una cuestión ecológica. El conejo de monte es una especie clave del ecosistema mediterráneo y alimento de numerosos depredadores, aunque en determinadas zonas agrícolas alcance densidades capaces de provocar pérdidas graves. Por eso la respuesta debe ser local y precisa, no una guerra general contra el animal.
Qué deben tener en cuenta los agricultores
La conclusión más útil es sencilla. El triticale puede reducir el daño directo y contribuir a que el terreno ofrezca menos alimento a los conejos, pero su eficacia depende de la coordinación entre explotaciones, del barbecho, del seguimiento de las poblaciones y de una gestión adaptada a cada zona.
Todavía quedan preguntas sobre las variedades más adecuadas, el mecanismo que reduce su consumo y el balance económico a largo plazo. Aun así, el cereal ha pasado de ser una observación de agricultores a convertirse en una herramienta respaldada por ensayos de campo y por un trabajo premiado por su interés agrario.
El estudio científico ha sido publicado en la revista ITEA (Información Técnica Económica Agraria).



