Los biólogos no lo creen: los jabalíes están destrozando más cultivos en otoño que en pleno verano

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Publicado el: 3 de mayo de 2026 a las 18:52
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Jabalí destrozando un campo de cultivo en otoño con plantas arrancadas y tierra levantada.

Un jabalí no avisa. Entra de noche, levanta el terreno como si fuera un arado y, cuando amanece, el agricultor se encuentra con surcos donde ayer había plantas. Durante mucho tiempo se ha hablado de “mala suerte” o de temporadas peores, pero los datos empiezan a contar otra historia.

Un seguimiento continuo de daños durante más de dos décadas muestra que las incursiones no son aleatorias. Se repiten con un patrón estacional muy estable, con picos claros en verano y otoño. Y eso cambia la forma de proteger el campo, porque permite adelantarse en lugar de correr detrás del problema.

Un estudio que convierte los avisos en un mapa

El trabajo reúne 9.871 registros de daños en cultivos provocados por jabalíes, recogidos de forma continua entre 1998 y 2020 en el distrito forestal de Spała, en el centro de Polonia. El área monitorizada se mantuvo prácticamente sin cambios, lo que facilita ver la “rutina” del animal cuando el escenario no se mueve.

Los investigadores no se limitaron a contar episodios. Analizaron también la superficie afectada y la severidad del daño (cuánto de la parcela queda realmente inutilizable), y compararon esos datos a lo largo de los meses del año. El resultado es una especie de calendario del riesgo, bastante útil para quien se juega la cosecha.

Lo interesante es que la gráfica no sube y baja al azar. El estudio describe un patrón bimodal, con un primer pico en primavera y un segundo pico más marcado en el tramo final del verano y el otoño. Esa repetición año tras año es la pista más valiosa.

El calendario del jabalí cambia según lo que haya para comer

En primavera, cuando los cultivos todavía no son un “buffet” y la población de jabalíes es más baja, el foco se va a praderas y pastos. Son episodios menos frecuentes, pero pueden ser muy destructivos cuando ocurren, porque el daño se concentra en pocas parcelas.

Cuando llega el verano, la historia cambia. Entre julio y septiembre aparece el periodo de “daño frecuente y más leve”, y el objetivo principal pasan a ser los cereales y granos. En el estudio, esta categoría concentra 4.223 incidentes (un 66% dentro de ese periodo), sobre todo en julio y agosto.

A partir de ahí, el otoño añade capas. Tras las cosechas, aumentan los daños en cultivos de raíz, con 1.319 episodios vinculados a ese tramo (un 20,6% en el análisis). Y también aparecen, aunque en menor número, las leguminosas, con 115 casos registrados en esos meses.

Tres patrones que se repiten porque el entorno también se repite

Los autores resumen el comportamiento en tres “modos” que se alternan a lo largo del año. El primero es “raro y severo” y ocurre en primavera, cuando la población es la más baja y aun así puede provocar pérdidas muy concentradas, sobre todo en praderas.

El segundo es el ya mencionado “frecuente y más leve”, típico del final del verano y el otoño. Aquí entra un factor clave, la población. El estudio indica que en ese tramo los números de jabalíes pueden ser de dos a tres veces más altos que en primavera, lo que se traduce en más incursiones, aunque cada una sea, de media, menos intensa.

El tercero es el “indirecto”, asociado a momentos en los que el campo resulta menos atractivo, como parte del verano y del invierno. Aun así, no es marginal. De hecho, el propio trabajo contabiliza 2.709 casos dentro de este patrón, lo que recuerda que el problema no desaparece, solo cambia de forma.

Lo que de verdad importa para un agricultor

La gran diferencia entre saber esto y no saberlo es el tiempo. Si el riesgo sube siempre en las mismas semanas, proteger “todo, todo el año” es caro e ineficiente. En cambio, reforzar medidas justo antes del pico puede salir mucho mejor, sobre todo en parcelas pequeñas, que son las que peor lo pasan cuando el jabalí decide cebarse.

El estudio observa una relación bastante intuitiva, la severidad suele ser mayor en campos pequeños. En praderas, por ejemplo, la destrucción completa (100% del área afectada) aparece con más frecuencia en las parcelas más reducidas. Es el típico caso de “me lo ha dejado como un solar” que cualquier agricultor reconoce, pero con números detrás.

Además, el trabajo pone cifras a algo que también se oye mucho en el campo. En el periodo de daños frecuentes, la severidad media ronda el 30%. No es poco, pero explica por qué muchos agricultores describen el verano como una sucesión de “mordiscos” constantes, más que como un único destrozo total.

Cuando el impacto va más allá de la cosecha

En España, el jabalí no solo preocupa por el daño agrícola. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación tiene un plan nacional de gestión a medio y largo plazo que busca reducir impactos como los daños a cultivos, los problemas de seguridad vial y el riesgo sanitario, con la peste porcina africana (PPA) como una de las grandes amenazas. El documento también señala estimaciones en torno a 1,2 millones de jabalíes y avisa de que la cifra podría duplicarse.

La parte sanitaria ya no es una idea abstracta. En una nota oficial del 16 de abril de 2026, el MAPA informa de focos de PPA en jabalíes silvestres en Cataluña, con 268 casos positivos acumulados, y señala que no se han detectado positivos en cerdo doméstico en las explotaciones comerciales bajo vigilancia. El mismo texto insiste en una frase clave, “la PPA es una enfermedad no zoonósica”, es decir, no afecta a las personas.

Y hay otro frente igual de cotidiano, la carretera. La DGT recoge que en 2024 hubo 36.087 siniestros viales con implicación de animales en vías interurbanas, y 15.049 de ellos involucraron a jabalíes (un 42% del total). Con estos números en mente, entender cuándo se mueve más el jabalí no solo ayuda al campo. También ayuda a evitar sustos al volante.

El estudio científico que ha puesto negro sobre blanco este patrón estacional se ha publicado en la revista Animals.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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