Retirar las truchas de un lago de California duplicó las aves de sus orillas

Adrian Villellas
Publicado el 11 de octubre de 2026 a las 23:29
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Cuenca de lagos alpinos en Sequoia, la zona donde se estudió qué pasa al retirar las truchas

A más de 3000 metros de altitud, en lagos de la Sierra Nevada de California que quedan a más de 16 kilómetros a pie del inicio del sendero más cercano, una investigadora de la Universidad de California en Davis pasó tres veranos contando pájaros al amanecer. En uno de esos lagos, el personal del parque decidió retirar las truchas en 2016, y cuatro años después las aves contadas en sus orillas se habían duplicado.

El trabajo, firmado por Mary K. Clapp y Gail L. Patricelli, de UC Davis, y por Erik W. Meyer, de la División de Gestión de Recursos y Ciencia de los parques nacionales de Sequoia y Kings Canyon, se publicó el 2 de septiembre de 2025 en la revista Ecosphere. Compara 39 lagos y concluye que en las orillas de los que tienen truchas introducidas se cuentan alrededor de un 20 % menos de aves.

«Más allá del estudio de una sola especie terrestre, este estudio documenta los efectos de una cascada trófica acuática en toda una comunidad de consumidores terrestres: las aves», escriben los autores. Una cascada trófica es el efecto en cadena que provoca un depredador cuando altera a sus presas y, a través de ellas, al resto del ecosistema.

El lago que se quedó sin truchas

El personal de los parques empezó a sacar los peces de ese lago en septiembre de 2016. En 2020 la población de truchas se había reducido de forma considerable y el lago mostraba señales de estar cerca de un estado «funcionalmente sin peces», con una fuerte eclosión de efímeras y la llegada de ranas adultas de patas amarillas de montaña (Rana muscosa), una especie en peligro de extinción.

Las aves contadas por punto superaron su rango de 2014 y 2015, de 5,9 ± 1,2 individuos, y entraron en el del lago sin peces de referencia de la misma cuenca, de 10,8 ± 0,98. «Tras retirar los peces, la abundancia de aves fue el doble que en el lago de control», resume el artículo.

De las 16 especies detectadas allí, ocho aumentaron por encima de la variación de los censos anteriores y ninguna quedó por debajo de ella, aunque dos currucas vistas en 2014 y 2015 no aparecieron en 2020. En 2020 aparecieron por primera vez el mirlo acuático americano (Cinclus mexicanus) y el azulejo de montaña (Sialia currucoides).

Treinta y nueve lagos por encima de los 3000 metros

El equipo eligió lagos permanentes con más de 7000 metros cuadrados de superficie y más de 2,5 metros de profundidad, para comparar solo lagos que podrían albergar truchas si alguien las soltara. En 2014 y 2015 trabajaron con seis parejas de lagos con y sin peces, y en 2020 ampliaron el diseño a 39 lagos repartidos en diez cuencas.

Clapp hacía los censos entre las 5:30 y las 10:00 durante junio y julio, la temporada de cría, en puntos situados cada 200 metros a lo largo de la orilla. En cada uno anotaba durante diez minutos toda ave vista u oída.

Tras ajustar por altitud, el modelo estimó 5,15 aves por punto en los lagos con truchas y 6,48 en los lagos sin peces. Es aproximadamente un ave menos en cada recuento de 300 metros de radio, una diferencia que los autores sitúan en torno al 20 % de la abundancia total.

Las efímeras, el alimento que sale del agua

La explicación que proponen los autores pasa por las efímeras, insectos cuyas larvas viven en el agua y que emergen como adultos alados durante unas pocas semanas de verano, momento en el que quedan al alcance de los pájaros. Las truchas se comen muchas de esas larvas antes de que lleguen a volar.

En 2015 el equipo colocó trampas adhesivas, hechas con placas de Petri de 150 milímetros untadas de pegamento, en diez lagos. Las trampas de los lagos con truchas solían quedarse sin ninguna efímera y, cuando las había, eran más numerosas en los lagos sin peces, con un pico a finales de junio en la mayoría de los lugares.

Según un trabajo anterior que cita el artículo (Epanchin y colaboradores, 2010), las efímeras suponen entre el 22 % y el 38 % de la dieta de verano del pinzón rosado de corona gris, un pájaro propio de la alta montaña.

Los lagos con truchas también producían insectos, aunque allí dominaban especies pequeñas como los quironómidos (unos mosquitos que no pican), las moscas y los mosquitos. El número medio de insectos por trampa fue parecido en ambos tipos de lago.

Más de un siglo de truchas para la pesca

Estos lagos nunca tuvieron peces, porque por encima de unos 1800 metros los valles que dejaron los glaciares los aislaron de los ríos de las tierras bajas. «De 1870 a 1988 se introdujeron truchas no nativas en lagos y arroyos de alta montaña para hacer estas zonas más atractivas para los pescadores», recoge el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos. Hoy, según la misma fuente, 550 de los 3500 lagos, charcas y humedales de los dos parques que antes no tenían peces mantienen truchas que se reproducen solas.

Danny Boiano, ecólogo acuático de los parques, lo explicaba así al periódico local Our Valley Voice en febrero de 2014: «Se usaban mulas para subir los peces a la alta montaña. En los años cuarenta se usaron aviones para soltar agua y peces en los lagos». Esa práctica sigue viva en otros lugares, como Utah, que lanza peces desde una avioneta sobre más de 300 lagos de montaña cada año.

«Dejamos de repoblar en 1988», añadía Boiano. «Empezamos a retirar peces en 2001 porque tenemos que cumplir la Ley Nacional de Política Ambiental». Otros parques del oeste arrastran la misma herencia, como el del Monte Rainier, donde entre 1915 y 1972 se soltaron más de nueve millones de peces.

Las truchas comen renacuajos y ranas pequeñas y compiten con ellas por los insectos. Ya en 1915 el naturalista Joseph Grinnell anotó que «las ranas, al menos en su forma de renacuajo, no aparecen en los lagos repoblados con truchas», según recogía la revista National Wildlife en 2015.

Rana de patas amarillas de montaña sobre una roca en Sequoia
Una rana de patas amarillas de montaña adulta en los parques nacionales de Sequoia y Kings Canyon. Foto: NPS / B. Czibesz

Qué especies notan la diferencia

El pinzón rosado de corona gris y el cascanueces de Clark se contaron en menor número en los lagos con truchas. El gorrión de corona blanca de montaña fue más frecuente donde había peces, aunque con un respaldo estadístico menor, y las otras seis especies comunes no mostraron diferencias claras.

La riqueza de especies apenas cambió entre un tipo de lago y otro. Lo que varió fue la combinación de aves, con más especialistas de alta montaña en los lagos sin peces.

«No esperábamos que el cascanueces de Clark estuviera tan fuertemente asociado a los lagos sin peces», admiten los autores. Esta ave depende sobre todo de las semillas del pino de corteza blanca, pero en verano también come insectos, anfibios y huevos, y los investigadores ven plausible que aproveche las presas de estos lagos.

Boiano había descrito algo parecido en 2015, en declaraciones a National Wildlife: «Empezamos a ver grandes eclosiones de efímeras a los dos o tres años de retirar las truchas. Vemos llegar a los pinzones rosados a alimentarse de las efímeras. Vemos llegar culebras de jarretera, cascanueces, tordos».

Lo que el estudio no puede medir

Las cifras de aves son índices relativos, porque el trabajo en zonas tan remotas impidió corregir los ejemplares que pasaron desapercibidos. La retirada de peces se evaluó en un único lago, y la recuperación de las ranas procede de datos no publicados del Servicio de Parques Nacionales y de observaciones de Clapp.

El efecto real podría ser mayor. «Este estudio puede haber subestimado el efecto de los peces sobre las aves», reconocen los autores, ya que las eclosiones de insectos suelen producirse más tarde, cuando los censos ya han terminado, y fuera de ese horario vieron grupos de varias especies comiendo efímeras.

Restaurar los lagos más allá de las ranas

Las retiradas de truchas en California se justifican sobre todo para recuperar a la rana de patas amarillas de montaña. En LeConte Canyon, según el Servicio de Parques Nacionales, las ranas y renacuajos de tres lagos restaurados pasaron de casi 190 en 2001 a más de 18.800 en 2004.

«Hemos conseguido retirar los peces de 15 lagos», decía Boiano en 2014. «Hemos demostrado un aumento enorme del ecosistema nativo. Nos demuestra que merece la pena hacer este trabajo». Yellowstone siguió un camino parecido cuando eliminó los peces de un lago a 2682 metros para salvar a una trucha nativa.

Para los autores, el nuevo trabajo «da legitimidad a los proyectos de retirada de truchas actuales y futuros que restauran el hábitat de la biodiversidad alpina nativa a ambos lados de los límites entre ecosistemas».

El estudio completo se ha publicado en Ecosphere.

Los autores recuerdan que las cumbres están entre los biomas que cambian más deprisa del planeta y que los lagos de alta montaña sin peces podrían amortiguar los efectos del cambio climático sobre especies de distintos niveles de la cadena alimentaria.

Imagen: M. Clapp / Clapp et al., Ecosphere (2025), CC BY 4.0

Adrian Villellas

Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y tecnología publicitaria. Ha dirigido proyectos en análisis de datos, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. También colabora en iniciativas científicas relacionadas con la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de comunicación científicos, tecnológicos y medioambientales, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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