Santiago Carpintero tiene 22 años, trabaja como albañil y se ha hecho conocido en redes por enseñar una profesión que muchas familias necesitan, pero que cada vez menos jóvenes parecen querer aprender. Su mensaje es sencillo y bastante incómodo. La obra puede estar bien pagada, pero muchos prefieren un empleo con más comodidad, menos calor, menos frío y menos polvo.
El caso va mucho más allá de una historia viral. España necesita vivienda, rehabilitación energética y edificios capaces de gastar menos luz, resistir mejor el calor y generar menos residuos. Pero para hacerlo hacen falta manos formadas. Sin ellas, la transición ecológica del ladrillo se queda en un plano muy bonito sobre la mesa.
Un oficio incómodo
Carpintero contó a La Vanguardia que aprendió el oficio de su padre y que llegó a estudiar telecomunicaciones, pero acabó eligiendo la albañilería. Ahora comparte en redes pequeños trabajos y consejos para arreglos domésticos, aunque insiste en que hay problemas que no deben tocarse sin un profesional. Una grieta seria o una humedad mal resuelta pueden salir mucho más caras después.
Su frase más llamativa resume el fondo del asunto. «No se van a levantar con robots ni con inteligencia artificial», dijo sobre las casas del futuro. También explicó que un peón puede cobrar entre 1.500 y 1.600 euros al mes, mientras que un oficial puede moverse entre 1.800 y 2.000 euros. No es poca cosa.
Falta relevo
La construcción no está parada. El informe Radiografía del empleo en construcción 2025, publicado por el Observatorio Industrial de la Construcción, señala que el sector cerró 2025 con una media de 1.530.002 trabajadores. Supone un 4,5 % más que en 2024 y sitúa a la construcción como el sector con mayor crecimiento anual en esa comparativa.
Pero crecer no significa tener suficiente relevo. El mismo informe indica que los menores de 30 años solo representan el 10,8 % de las personas ocupadas en la construcción, por debajo del 15,1 % del conjunto nacional. En el caso de albañiles, canteros y oficios afines, la edad media alcanza los 47,5 años y el 26,2 % tiene 55 años o más.
También es clima
¿Por qué una noticia sobre albañiles importa en ecología? Porque los edificios están en el centro del consumo energético. La Directiva europea de eficiencia energética de los edificios recuerda que el 40 % del consumo final de energía de la Unión y el 36 % de sus emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía corresponden a los edificios. También señala que el 75 % del parque europeo sigue siendo poco eficiente.
En la práctica, esto significa fachadas que aíslan mal, ventanas antiguas, cubiertas que se recalientan en verano y sistemas de calefacción o refrigeración que gastan más de lo necesario. La factura de la luz lo nota. Y ese calor pegajoso de agosto, también.
Rehabilitar no es pulsar un botón
Mejorar una vivienda no consiste solo en comprar materiales más verdes. Hay que instalar aislamiento, cambiar carpinterías, resolver puentes térmicos, preparar cubiertas, colocar placas solares, adaptar ventilaciones y coordinar oficios. Electricistas, fontaneros, carpinteros, instaladores y albañiles forman parte de la misma cadena.
La propia Comisión Europea defiende que mejorar la eficiencia de los edificios ayuda a reducir facturas, ahorrar energía y crear empleo en una industria formada en buena parte por pequeñas y medianas empresas. Dicho de otra manera, una casa eficiente necesita normativa, financiación y tecnología. Pero también necesita a alguien subido al andamio.
Casas prefabricadas
Las casas prefabricadas y la construcción industrializada aparecen como una respuesta cada vez más atractiva. Se fabrican piezas en plantas controladas, se reducen tiempos de obra y se planifican mejor los recursos. Para quien espera una vivienda, eso puede significar menos incertidumbre y menos meses viendo cómo avanza todo a paso lento.
También hay un argumento ambiental. Un informe sobre sistemas industrializados de la Fundación Laboral de la Construcción destaca menos residuos, menores emisiones de CO₂, módulos reutilizables o reciclables y más eficiencia energética. Otro análisis de UPF-BSM apunta a que la construcción industrializada puede reducir residuos e impacto ambiental, mejorar aislamientos y facilitar la economía circular.
No sustituye el oficio
Eso sí, industrializar no significa borrar al trabajador. Cambia parte del trabajo, lo lleva a fábrica y exige nuevas capacidades. Harán falta profesionales que sepan montar, medir, revisar, sellar, conectar instalaciones y trabajar con sistemas más precisos. Menos improvisación, más formación.
Ahí está el matiz. La tecnología puede ayudar, y mucho. Puede diseñar mejor, calcular consumos, prever costes y reducir errores. Pero cuando una pared antigua no está recta, cuando aparece una filtración o cuando una obra se complica por el estado real del edificio, la experiencia sigue pesando. Y eso no se aprende en un tutorial de tres minutos.
Una salida para jóvenes
Durante años se ha vendido la idea de que estudiar era casi lo contrario de trabajar con las manos. Esa visión se queda corta. La construcción moderna necesita formación profesional, prevención de riesgos, conocimiento de materiales, eficiencia energética y manejo de herramientas digitales. No es solo cargar sacos.
BBVA Research advierte de que la escasez laboral afecta especialmente a la construcción de viviendas y otros edificios desde 2023. También recoge que las vacantes sin cubrir en el sector se cuadruplicaron entre 2016 y 2024. En el fondo, lo que plantea Santiago Carpintero desde una obra lo repiten los informes desde los despachos.
El reto real
Para las familias, la lección es clara. Una reforma barata puede salir cara si se hace mal, sobre todo cuando afecta a estructura, humedades, aislamiento o instalaciones. Para las administraciones, el aviso también es directo. Las ayudas a la rehabilitación energética solo funcionan si hay profesionales suficientes para ejecutarlas bien.
El oficio de albañil no es una postal romántica del pasado. Puede ser una pieza clave para viviendas más sostenibles, barrios con menos ruido de obra, edificios que gasten menos energía y ciudades mejor preparadas para el calor.
El informe sectorial más reciente del que parte este análisis ha sido publicado por el Observatorio Industrial de la Construcción.













