Actualidad

En un giro que nadie vio venir, Rusia acaba de presentar el sistema de guerra electrónica Pole-31, capaz de neutralizar drones a una distancia de hasta 2 kilómetros

Rusia presenta Pole-31, un sistema de guerra electrónica capaz de bloquear la navegación GPS de drones hasta 2 kilómetros.

En un giro que nadie vio venir, Rusia acaba de presentar el sistema de guerra electrónica Pole-31, capaz de neutralizar drones a una distancia de hasta 2 kilómetros

Una empresa rusa ha dado a conocer Pole-31, un sistema de guerra electrónica desarrollado por NPO Kilowatt para interrumpir la navegación por satélite de vehículos aéreos no tripulados. La compañía asegura que puede actuar a una distancia mínima de 2000 metros sobre drones que utilicen GPS, GLONASS, BeiDou o Galileo.

La propuesta parece sencilla, pero tiene más matices de los que sugiere la palabra «neutralizar». Pole-31 no destruye el aparato ni toma sus mandos, sino que intenta dejarlo sin una referencia fiable de posición, algo que puede frenar ciertos vuelos y, a la vez, generar riesgos para otros receptores cercanos si la interferencia sale del área prevista.

Qué es Pole-31

NPO Kilowatt presenta el equipo como una estación que puede instalarse sobre un vehículo o en un punto elevado. La ficha comercial describe una unidad de 24 kilos preparada para funcionar de forma continua, aunque sus condiciones reales de uso dependerán de la configuración elegida.

«La principal ventaja tecnológica es suprimir las señales de navegación por satélite a no menos de 2000 metros», afirmó la compañía al describir el sistema. Según el fabricante, esa cobertura permitiría proteger instalaciones militares, industriales, energéticas y agrícolas, además de otras infraestructuras consideradas críticas.

Hay un detalle importante. La cifra difundida es una prestación declarada por NPO Kilowatt, mientras que la documentación pública consultada no incluye el método de ensayo, las condiciones del terreno ni resultados verificados por una entidad independiente. Eso obliga a leer el dato con prudencia.

Cómo corta la navegación

Los satélites de posicionamiento envían señales de baja potencia que un receptor utiliza para calcular dónde está y qué rumbo sigue. Un inhibidor emite ruido radioeléctrico en esas mismas bandas y hace que el receptor tenga dificultades para distinguir la señal útil, como intentar escuchar un susurro al lado de un altavoz.

Pole-31 cubre, según su ficha, las constelaciones estadounidense GPS, rusa GLONASS, china BeiDou y europea Galileo. En la práctica, esto busca impedir que un dron se proteja cambiando de una red de satélites a otra cuando pierde recepción.

Tampoco conviene confundir interferencia con engaño. El «jamming» bloquea o degrada la recepción, mientras que el «spoofing» transmite señales falsas para que el dispositivo calcule una posición o una hora equivocadas. Pole-31 se anuncia como un sistema del primer tipo.

Neutralizar no siempre es derribar

¿Significa esto que cualquier dron caerá al entrar en ese radio? No. Un aparato que dependa por completo del posicionamiento por satélite puede desorientarse, perder precisión o incluso sufrir un accidente, pero otros modelos pueden recurrir durante un tiempo a navegación inercial, referencias visuales o control manual.

El resultado depende del diseño del dron y de las condiciones de instalación del inhibidor. El propio fabricante recomienda colocar la estación en una posición elevada, mientras que EASA recuerda que algunos aparatos pueden apoyarse en sistemas alternativos cuando pierden el GNSS.

En el fondo, Pole-31 no crea un muro físico. Genera una burbuja de incertidumbre en la que determinados drones dejan de saber con exactitud dónde están, y esa diferencia importa mucho cuando vuelan siguiendo coordenadas o rutas previamente programadas.

La protección de infraestructuras

La compañía señala como posibles usuarios a instalaciones energéticas, fábricas, explotaciones agrícolas y otros recintos sensibles. Para una subestación eléctrica, un depósito de combustible o una planta industrial, disponer de una defensa que no necesite lanzar un proyectil puede resultar atractivo.

Pero una infraestructura crítica rara vez está sola en mitad de la nada. Cerca puede haber carreteras, viviendas, maquinaria agrícola, drones civiles o rutas aéreas, y muchos de esos sistemas dependen en mayor o menor medida de la navegación satelital. Ahí aparece el coste invisible.

La OACI, la UIT y la Organización Marítima Internacional han advertido de que las interferencias dañinas pueden afectar a la aviación, la navegación marítima y las telecomunicaciones. También piden coordinación entre autoridades civiles, militares y responsables del espectro cuando una operación de seguridad pueda alcanzar servicios civiles.

El impacto ambiental indirecto

El GPS o Galileo no solo sirven para mirar un mapa en el teléfono. En aviación permiten planificar rutas más directas, reducir consumo de combustible y operar con mayor precisión, mientras que una pérdida de señal puede provocar desvíos o cambios de ruta por seguridad. Y eso se nota en tiempo, costes y emisiones.

EASA y EUROCONTROL reconocen que las interferencias GNSS se han convertido en un problema habitual, especialmente cerca de zonas de conflicto. El 3 de julio de 2026, EASA volvió a actualizar sus recomendaciones después de analizar nuevos casos de bloqueo y falsificación de señales.

Por eso, un sistema pensado para defender una instalación energética puede ser útil y problemático al mismo tiempo. La clave no está solo en cuánto alcance logra, sino en si puede limitar su efecto al espacio necesario sin perturbar servicios que también sostienen la movilidad, la logística y el funcionamiento diario de una ciudad.

Lo que falta por demostrar

Pole-31 muestra el planteamiento de esta clase de defensa contra drones. En lugar de actuar directamente sobre cada aparato, intenta atacar el sistema que utiliza para orientarse. Es una capa adicional de protección, no una solución universal.

Aun así, quedan preguntas decisivas. Harían falta ensayos independientes que midan su eficacia frente a distintos tipos de drones, la forma real de la cobertura, el comportamiento junto a edificios y el nivel de interferencia que reciben los equipos civiles situados alrededor. No es poca cosa.

La ficha técnica del Pole-31 ha sido publicada por NPO Kilowatt.

Relacionados