Luke Kelsall, un británico de 27 años, ha cambiado el Reino Unido por una finca de 35 acres, algo más de 14 hectáreas, en Andalucía. La ha adquirido junto a sus dos hermanos para cultivar buena parte de sus alimentos y desarrollar un bosque comestible en pleno entorno rural.
La historia parece una huida del ruido moderno, pero va bastante más allá. Su proyecto mezcla veganismo, autosuficiencia y agricultura inspirada en la naturaleza, aunque afronta dos pruebas importantes (el agua disponible en el sur de España y una alimentación suficientemente variada).
Por qué eligió Andalucía
Kelsall cuenta que lleva cerca de una década siguiendo una alimentación vegana. Su decisión nació, según explica, al conocer lo que ocurre con los animales en granjas y mataderos y concluir que no quería seguir financiando esa industria.
Con el tiempo comenzó a experimentar con el frugivorismo, una forma de alimentación mucho más centrada en la fruta. Ahí apareció Andalucía, donde el clima mediterráneo permite trabajar con cítricos, higos, granadas, caquis, almendras, olivos y otras especies difíciles de cultivar en buena parte del Reino Unido.
«No iba a pasar el resto de mi vida cultivando solo manzanas, peras y ciruelas», afirma en la entrevista. La frase resume el motivo práctico de la mudanza y una forma distinta de imaginar la despensa diaria.
Un bosque que también produce comida
El plan no consiste simplemente en llenar 14 hectáreas de frutales colocados en filas. Growing With Nature busca crear zonas productivas integradas en los bosques de alcornoques del valle del Genal, combinando árboles, arbustos, trepadoras, verduras, hierbas, frutos secos y otras plantas comestibles.
Eso se acerca a lo que se conoce como bosque de alimentos. En vez de depender de un solo cultivo, se crean varias capas de vegetación para aprovechar la luz, proteger el suelo y repartir las cosechas durante el año.
La idea tiene una base ecológica razonable. Los sistemas agroforestales pueden reducir la erosión, mejorar la infiltración del agua y favorecer la biodiversidad, pero el resultado depende del diseño, del suelo, de las especies elegidas y del mantenimiento. No basta con plantar y esperar.
Cultivar con menos insumos
Kelsall asegura que no utiliza fertilizantes químicos ni pesticidas y que evita remover el suelo. También afirma que prescinde del estiércol y apuesta por compost vegetal, hojas, restos de poda y cubiertas orgánicas.
Mantener el terreno cubierto puede conservar humedad, frenar hierbas competidoras y proteger la superficie frente al sol y la lluvia intensa. Basta comparar un suelo desnudo en agosto, duro y recalentado, con otro protegido por hojas y restos vegetales. Y eso se nota.
Pero trabajar con menos insumos no significa trabajar sin conocimiento. Cada frutal necesita unas condiciones concretas, mientras que plagas, hongos o carencias pueden aparecer incluso en una finca muy diversa.
El agua será la prueba real
El sol andaluz amplía el abanico de frutas, pero también eleva la evaporación y el estrés térmico. AEMET confirmó que el verano de 2025 fue el más cálido registrado en la España peninsular desde 1961, con una media 2,1 grados por encima del valor normal y máximas superiores a 45 grados en puntos del sur.
Kelsall ha explicado en contenidos anteriores que la finca utiliza agua de manantial y lluvia. Esa ventaja puede ser importante, aunque cualquier proyecto agrícola en Andalucía necesita vigilar el caudal, el consumo real y la resistencia de los cultivos a periodos secos.
¿Qué significa esto en la práctica? La sombra, el acolchado y la diversidad ayudan, pero no crean agua donde no la hay. La autosuficiencia se decide muchas veces en julio y agosto, cuando el suelo pierde humedad y cada árbol joven debe superar ese calor pegajoso que ya todos conocemos.
Una experiencia personal no es una prueba médica
El joven asegura que se siente más fuerte y saludable desde que cambió de vida y de alimentación. Es un testimonio sobre su experiencia, pero no demuestra por sí solo que una dieta basada principalmente en fruta sea adecuada para todas las personas.
Una alimentación vegana bien planificada puede cubrir las necesidades nutricionales. Sin embargo, las guías sanitarias piden prestar atención a la vitamina B12, el hierro, el calcio, el yodo, el selenio, la vitamina D y los ácidos grasos omega 3, algo aún más importante cuando se restringen legumbres, cereales, frutos secos o semillas.
Por eso conviene separar dos asuntos. Cultivar más fruta fresca puede ser positivo, pero convertirla en casi toda la dieta exige planificación y, en muchos casos, asesoramiento profesional. No es poca cosa.
Lo que cualquiera puede aprender
La mayoría de las personas no dispone de 14 hectáreas ni de un manantial. Aun así, la parte más útil del proyecto puede trasladarse a una parcela pequeña, un patio o una terraza con suficiente luz.
Plantar especies adaptadas al clima local, mantener el suelo cubierto, combinar cultivos y reducir productos químicos son pasos más realistas que buscar una autosuficiencia total de un día para otro. Un limonero bien elegido o unas aromáticas que atraigan polinizadores ya cambian la relación con el espacio.
También hay una lección menos visible. Kelsall no presenta la finca como un producto terminado, sino como un sistema que madurará durante años. Los árboles tardan, las cosechas fallan y el clima obliga a corregir planes. El campo no entiende de prisas.
Un refugio con matices
Kelsall describe su nuevo hogar como un lugar sin contaminación atmosférica, lumínica ni acústica. La tranquilidad rural puede reducir el ruido y la exposición a ciertas fuentes contaminantes, pero su afirmación debe leerse como una percepción personal, no como el resultado de mediciones ambientales.
Su apuesta resulta interesante porque une restauración del terreno, producción de alimentos y una vida con menos consumo. El reto ahora es demostrar que el bosque comestible puede mantener su biodiversidad, utilizar el agua con prudencia y producir una dieta variada durante años.
La entrevista completa ha sido publicada por LaShamba en YouTube.



