Uno de los volcanes más potentes y explosivos del mundo se está rellenando silenciosamente de magma y amenaza con despertar

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Publicado el: 7 de mayo de 2026 a las 18:42
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Vista aérea del volcán Kikai en Japón expulsando gases mientras científicos detectan nueva acumulación de magma.

La caldera Kikai, situada frente al sur de Japón, no es un volcán cualquiera. Hace unos 7300 años protagonizó la erupción Kikai-Akahoya, considerada probablemente la mayor del Holoceno, la época geológica en la que vivimos. Ahora, un nuevo estudio indica que su gran depósito subterráneo vuelve a recibir magma nuevo.

Esto no significa que vaya a producirse una erupción mañana. La clave es otra, y quizá más importante. Los científicos han logrado ver cómo se “recarga” una caldera gigante después de una erupción colosal, algo que puede ayudar a vigilar mejor otros sistemas volcánicos del planeta. Y eso no es poca cosa.

Qué han encontrado bajo Kikai

El estudio ha detectado una gran anomalía de baja velocidad sísmica justo bajo la caldera Kikai. Traducido a un lenguaje más sencillo, las ondas sísmicas viajaron más despacio en esa zona, una señal compatible con la presencia de un gran reservorio de magma a poca profundidad, entre 2,5 y 6 kilómetros bajo el volcán.

Los investigadores estiman que la fracción de material fundido dentro de ese depósito se sitúa entre el 3 % y el 6 %, aunque podría llegar como máximo al 10 %. No es un lago de lava puro, como a veces se imagina en las películas, sino una mezcla compleja de roca caliente, cristales y fundido.

Lo más llamativo es su posición. Por su tamaño y ubicación, el equipo propone que se trata del mismo gran reservorio que alimentó la antigua erupción Kikai-Akahoya. “Por su extensión y ubicación, está claro que es el mismo reservorio de magma de la erupción anterior”, explicó Seama Nobukazu, geofísico de la Universidad de Kobe.

Una erupción que cambió la región

La erupción de hace 7300 años expulsó alrededor de 160 kilómetros cúbicos de material en equivalente de roca densa, con un rango estimado de 133 a 183 kilómetros cúbicos. Esa medida intenta calcular cuánto ocuparía el material expulsado si se compactara como roca sólida, no como ceniza suelta.

Para hacerse una idea, hablamos de una erupción gigantesca incluso dentro de la historia volcánica reciente de la Tierra. No fue una simple columna de ceniza vista desde lejos. Fue un evento capaz de transformar el relieve, colapsar el terreno y dejar una caldera submarina que todavía hoy guarda muchas pistas bajo el mar.

Kikai está casi completamente sumergida, y eso complica el acceso. Pero también tiene una ventaja inesperada. El fondo marino conserva señales que en tierra firme podrían haberse borrado por la erosión, la vegetación o la actividad humana.

Cómo miraron dentro del volcán

Para estudiar el interior de la caldera, el equipo de la Universidad de Kobe y la Agencia Japonesa para la Ciencia y Tecnología Marina y Terrestre usó el buque de investigación R/V Kaimei, 39 sismómetros de fondo oceánico y un sistema de cañones de aire. La línea de estudio cruzó el volcán a lo largo de 175 kilómetros.

El método funciona, en cierto modo, como una ecografía de la corteza terrestre. Los pulsos sísmicos viajan por las rocas y los instrumentos registran cuánto tardan en llegar. Si se retrasan o cambian de comportamiento, los científicos pueden reconstruir qué tipo de materiales hay debajo.

No es magia ni una fotografía directa del magma. Es un trabajo paciente de medición, modelización y comparación. Pero en este caso las pruebas de resolución y los análisis de incertidumbre indicaron que la anomalía de baja velocidad bajo Kikai es fiable.

Magma nuevo, no solo restos antiguos

Una de las preguntas clave era si ese material bajo Kikai era solo un resto de la gran erupción antigua. Según los investigadores, la respuesta apunta en otra dirección. La composición química de la actividad posterior es diferente a la de la erupción Kikai-Akahoya.

Además, dentro de la caldera se ha formado un gran domo de lava durante los últimos 3900 años. El estudio señala que ese domo supera los 32 kilómetros cúbicos de volumen, lo que sugiere que al menos esa cantidad de magma diferente se ha reinyectado en el sistema desde entonces.

“Esto significa que el magma que ahora está presente bajo el domo de lava probablemente sea magma recién inyectado”, resumió Seama. En la práctica, Kikai no está dormida como una pieza de museo geológico. Sigue siendo un sistema vivo, lento y difícil de leer.

Por qué importa más allá de Japón

El interés de este hallazgo no se queda en Kikai. Los científicos creen que el modelo de reinyección de magma podría ser común en grandes calderas que ya han sufrido erupciones gigantes. En esa lista aparecen nombres conocidos como Yellowstone, en Estados Unidos, o Toba, en Indonesia.

En el fondo, lo que busca este trabajo es entender el reloj interno de estos volcanes. No para sembrar alarma, sino para saber qué señales importan de verdad. Si una caldera empieza a acumular magma nuevo, los cambios en las velocidades sísmicas, la deformación del terreno o la actividad hidrotermal pueden convertirse en pistas muy valiosas.

El propio estudio advierte de que estos procesos de reinyección podrían ser un paso hacia futuras erupciones gigantes, pero eso no equivale a una predicción inmediata. Los volcanes de este tipo se mueven en escalas de miles de años. El problema es que, cuando despiertan de verdad, sus efectos pueden ser enormes.

Lo que hay que tener en cuenta

La noticia importante no es que Kikai vaya a estallar de forma inminente. El estudio no da una fecha, ni lanza una alerta de emergencia. Lo relevante es que se ha identificado un reservorio magmático activo bajo una de las calderas más explosivas conocidas del Holoceno.

Para la población, esto recuerda algo básico. La vigilancia volcánica no consiste solo en mirar si sale humo por un cráter. También implica estudiar el fondo marino, medir ondas sísmicas, analizar rocas y comparar señales durante años. Es un trabajo silencioso, pero puede marcar la diferencia.

“Debemos entender cómo pueden acumularse cantidades tan grandes de magma para comprender cómo ocurren las erupciones de caldera gigante”, afirma Seama Nobukazu. Y ahí está la brújula de este descubrimiento. Cuanto mejor se entienda cómo se rellena una caldera, antes podrán detectarse cambios peligrosos en el futuro.

El estudio completo, titulado “Melt re-injection into large magma reservoir after giant caldera eruption at Kikai Caldera Volcano”, ha sido publicado en la revista Communications Earth & Environment.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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