Japón ya tiene en órbita algo que suena a maqueta de taller de carpintería, pero es muy real. LignoSat, considerado el primer satélite de madera del mundo, despegó el 5 de noviembre de 2024 a bordo de un Falcon 9 de SpaceX desde el Centro Espacial Kennedy rumbo a la Estación Espacial Kennedy y fue desplegado desde la Estación Espacial Internacional el 9 de diciembre de 2024.
Detrás de este pequeño cubo de diez centímetros hay una idea muy seria. El laboratorio de Kyoto University y la empresa Sumitomo Forestry, con apoyo de la agencia espacial japonesa JAXA, quieren comprobar si la madera puede ser una alternativa más sostenible a los metales que dominan hoy la construcción de satélites.
La pregunta de fondo es sencilla, aunque su respuesta no lo es. Qué pasa con el clima y con la atmósfera cuando miles de satélites acaban quemándose encima de nuestras cabezas. Estudios recientes calculan que la reentrada de satélites y etapas de cohetes está generando decenas de kilos de nanopartículas de óxido de aluminio por cada nave que se desintegra y que estas partículas podrían permanecer en la estratosfera durante décadas, con efectos sobre el ozono y los vientos de altura que aún se están investigando.
Un cubo de magnolia en órbita
LignoSat es un CubeSat de una unidad, de diez centímetros de lado y unos 900 gramos de masa. Su “piel” son paneles de madera de magnolia honoki, unidos con una técnica tradicional de carpintería japonesa que evita tornillos y pegamentos. En el interior siguen existiendo marcos de aluminio y la electrónica habitual, porque el objetivo es probar el material estructural, no reinventar todos los componentes de golpe.
La elección de la madera no fue un capricho. Antes de construir el satélite, el equipo expuso tres tipos de madera durante unos diez meses en el módulo japonés Kibo de la Estación Espacial Internacional. Al regresar a tierra, las muestras no mostraban grietas, deformaciones ni pérdida de masa apreciable, pese a los cambios de temperatura y la radiación del entorno espacial.
En un entorno sin oxígeno ni humedad la madera no se pudre ni arde. Además, se ha comprobado que soporta bien variaciones muy bruscas de temperatura, en el rango aproximado de menos ciento veinte a más ciento veinte grados, donde muchos metales se expanden y contraen y pueden fatigar estructuras.
Qué está midiendo LignoSat
La misión de LignoSat no consiste solo en “dar vueltas” alrededor de la Tierra. JAXA definió una serie de objetivos muy concretos. Entre ellos están medir cómo se deforman los paneles de madera, registrar la temperatura interna del satélite, monitorizar el campo magnético y contar cuántos fallos puntuales provoca la radiación en sus sistemas electrónicos, los llamados eventos de una sola partícula o single event upsets. El satélite también se diseñó para comunicarse con radioaficionados en tierra.
En la práctica, todo esto sirve para responder a una cuestión clave. La madera puede mantener su forma, proteger la electrónica y no interferir con las señales en un entorno tan agresivo como la órbita baja. La idea, en gran medida, es comprobar si en el futuro podríamos tener constelaciones de pequeños satélites construidos con materiales renovables, sin añadir más presión sobre la atmósfera cuando llegue el momento de retirarlos.
No todo ha salido perfecto. Medios japoneses recogieron después del despliegue que LignoSat tuvo problemas para establecer comunicación con las estaciones de seguimiento en tierra, aunque se mantuvo íntegro en órbita, por lo que parte del aprendizaje se centra ahora en su comportamiento estructural y en preparar una segunda misión mejorada.
Basura espacial y atmósfera, el verdadero reto
Hoy ya no hablamos solo de chatarra flotando alrededor del planeta. Cuando un satélite metálico reentra se convierte en una nube de gases y partículas finas de óxido de aluminio que se quedan suspendidas en la parte alta de la atmósfera. Modelos recientes apuntan a que, si se despliegan todas las megaconstelaciones previstas, la cantidad de aluminio procedente de satélites y cohetes podría igualar o incluso superar al polvo de origen meteórico y alterar vientos y temperaturas en la estratosfera polar.
Los desarrolladores de LignoSat resumen la ventaja de su apuesta de forma muy directa. Un satélite de madera se quema por completo al final de su vida útil y reduce de forma importante la generación de partículas metálicas persistentes en la atmósfera.
Puede parecer que todo esto queda lejos del atasco de cada mañana o de la factura de la luz. Sin embargo, el clima que tendremos en las próximas décadas también depende de lo que ocurra en esa franja de cielo donde se acumula la basura espacial. Si los modelos aciertan, el tipo de materiales que usemos en órbita empezará a importar tanto como la eficiencia energética que exigimos en casa o en el transporte.
Qué viene ahora
El proyecto no termina con este pequeño cubo de honoki. El equipo de Kyoto ya trabaja en un LignoSat de nueva generación con mayor volumen y más instrumentación, dentro de un programa que sueña incluso con estructuras de madera para hábitats en la Luna o Marte.
No es una solución mágica. Los lanzamientos siguen emitiendo gases contaminantes y los satélites, incluso los de madera, llevan componentes metálicos. Pero LignoSat muestra un cambio de mentalidad. Pensar en la sostenibilidad de la actividad espacial desde el diseño y no solo al final de la vida útil. Y eso, para un planeta que ya vive con la presión del CO2 y del cambio climático, no es poca cosa.
La nota de prensa oficial de JAXA sobre el despliegue de LignoSat desde el módulo Kibo puede consultarse en Five CubeSats successfully deployed from Kibo.
Foto: NASA








