La comunidad científica no da crédito pero han confirmado la reproducción del loro triache en Chile tras más de 15 años sin nidificar

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Publicado el: 13 de marzo de 2026 a las 07:59
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Loro tricahue (Cyanoliseus patagonus bloxami) posado en una rama, especie que vuelve a reproducirse en Río Clarillo, Chile

Tras más de quince años sin presencia residente, guardaparques del Parque Nacional Río Clarillo han confirmado nidos activos de loro tricahue en una barranca cercana al sector El Principal, en la comuna de Pirque. La especie vuelve a reproducirse en la Región Metropolitana de Santiago y el registro se considera un hito para la conservación en la zona más poblada de Chile.

El hallazgo se produjo gracias al aviso de un vecino del parque en 2024, que detectó bandadas entrando y saliendo de un paredón de pomacita próximo al acceso. Con esa pista, los equipos de guardaparques comprobaron que el acantilado alberga madrigueras activas y confirmaron la presencia de una colonia reproductiva.

El loro tricahue, también conocido como loro barranquero, corresponde en Chile a la subespecie endémica Cyanoliseus patagonus bloxami. Está clasificado «En Peligro» en las regiones de Atacama y Coquimbo y como «Vulnerable» en O’Higgins y Maule, mientras que en la Región Metropolitana solo se registraban ejemplares de paso y no existían colonias residentes confirmadas.

¿Qué implica que vuelva a hacer nido tan cerca de Santiago? En la práctica indica una recuperación parcial del territorio, aunque aún muy frágil. Desde la década de 1980 la Corporación Nacional Forestal (CONAF) y el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), junto a universidades y organizaciones científicas, han impulsado censos de colonias, protección de barrancos de nidificación y campañas contra la captura para mascotismo.

En 2011 se liberaron en Río Clarillo cerca de veinte tricahues rehabilitados y entrenados para reconocer semillas nativas. Durante años no se consolidó una colonia estable y solo se veían bandadas esporádicas sobrevolando el valle. Que hoy existan nidos activos en el entorno del parque sugiere que esos esfuerzos empiezan a traducirse en presencia estable, aunque todavía muy localizada.

La guardaparques Catalina Parra Loyola, encargada del programa de diversidad de la naturaleza, subraya que «es relevante volver a contar con una especie que en los años ochenta estuvo muy cerca de desaparecer de la Región Metropolitana». A la vez recuerda que «cada componente del ecosistema influye en el bienestar colectivo» y que el desafío ahora es proteger mejor la naturaleza que queda alrededor de la ciudad.

Las principales amenazas para el tricahue en la zona central se concentran en la pérdida y fragmentación del bosque esclerófilo, la expansión urbana y agrícola y las molestias en sus lugares de cría. Los acantilados donde excava sus madrigueras pueden verse alterados por actividades extractivas o por la presencia constante de personas muy cerca de los nidos, a lo que se suma la persecución histórica y la captura para el comercio ilegal que redujeron en gran medida sus poblaciones.

Más allá de su valor simbólico, el tricahue cumple un papel ecológico clave como dispersor de semillas de árboles y arbustos nativos. Se alimenta de frutos y semillas que transporta en sus desplazamientos diarios entre dormideros y zonas de alimentación, lo que favorece la regeneración del bosque esclerófilo en quebradas y laderas secas, precisamente los ambientes que protege Río Clarillo.

El parque se ha consolidado como uno de los últimos refugios de bosque esclerófilo bien conservado en las cercanías de la capital, con cursos de agua limpia y laderas cubiertas de especies nativas. Para muchas personas es además un lugar de escapada para respirar aire más puro los fines de semana. Que en ese mismo paisaje se escuche de nuevo la algarabía de una bandada de tricahues recuerda que la biodiversidad puede mantenerse incluso en regiones muy humanizadas cuando se protege el hábitat.

El regreso del loro barranquero abre ahora una nueva etapa para la gestión del parque. Refuerza la necesidad de monitorear la colonia, resguardar el sector de nidificación y trabajar con vecinos y visitantes para evitar ruidos y aproximaciones excesivas a los acantilados. La convivencia entre actividades humanas y fauna nativa exige reglas claras y respeto en el terreno.En una región densamente poblada, que el tricahue vuelva a excavar galerías en Río Clarillo es una señal de esperanza y recuerda que la conservación exige constancia. 

El comunicado oficial con los detalles de este hallazgo ha sido publicado en la página web de CONAF.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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