En el este de Madrid, muy cerca de la M-40, ha crecido un humedal donde antes hubo una mina. Lo descubrieron vecinos durante la pandemia, casi por casualidad, y desde entonces piden que no se pierda bajo el cemento.
El debate no es menor, porque ya hay dos planes que chocan con lo que hoy existe en el terreno. Uno es la restauración minera, que según las organizaciones se traduce en rellenar. El otro es la Nueva Centralidad del Este, un proyecto de 18.000 viviendas que está en tramitación ambiental.
Así nació este humedal
Las Lagunas de Ambroz están a menos de diez kilómetros de la Puerta del Sol y a unos 20 minutos en metro, pero siguen siendo bastante desconocidas. Ocupan un ámbito que ronda las 700 hectáreas y, en total, hay tres lagunas, una central y dos más pequeñas. Un vecino lo resume como “un tesoro natural único” entre carreteras y hormigón.
Su origen explica la sorpresa. En esa zona se explotó sepiolita (una arcilla de gran capacidad de absorción) y, al cerrar la mina entre 1977 y 2007, el agua del nivel freático formó balsas. Con el paso del tiempo y poca presencia humana, ese “accidente” terminó convirtiéndose en un humedal que SEO/BirdLife define como un punto de alta biodiversidad en Madrid.
La biodiversidad que ya han contado
Para defenderlo, colectivos ecologistas y asociaciones vecinales crearon un grupo de trabajo en el que participan entidades como SEO/BirdLife y la FRAVM. Según cuentan, lograron que el Ayuntamiento aprobara la creación de una comisión para analizar el futuro de las lagunas, aunque su evolución también forma parte del conflicto.
El inventario de especies es el argumento central y no es poca cosa. Con ciencia ciudadana, se han registrado 1.080 especies de invertebrados, 156 de aves, 13 de mamíferos, 449 taxones de flora, 11 especies de herpetofauna y 55 de hongos. Dicho así, suena a parque natural, pero está en el extrarradio de una gran ciudad.
Además, no todo es abundancia, también hay vulnerabilidad. El 41 % de las aves identificadas aparece en el Libro Rojo de Aves de España y el 20 % de sus poblaciones está amenazado, según el trabajo citado por las entidades. Para barrios con pocas zonas verdes grandes, el valor también es cotidiano, más frescor y un “sumidero” de contaminantes, en palabras recogidas por los promotores.
Relleno y urbanización, el choque actual
En 2025, la empresa minera presentó a la Comunidad de Madrid su plan de restauración, un documento obligatorio tras una explotación a cielo abierto. Ecologistas en Acción denuncia que el plan se limita al relleno de los huecos y no contempla conservar la laguna ni los taludes donde nidifican especies protegidas. “En vez de potenciar toda la vida que ha florecido, lo que están haciendo es taparla”, lamenta uno de los vecinos.
A finales de 2025, ese riesgo dejó de ser teórico, porque las máquinas taparon la laguna más pequeña. Si la intervención se ampliara, podría afectar a la colonia de avión zapador, con más de 200 parejas reproductoras según Ecologistas en Acción, una especie incluida en el catálogo regional de especies amenazadas. Por eso piden una restauración ecológica, no un “borrado” del humedal.
La segunda amenaza es el ladrillo. La Nueva Centralidad del Este contempla 18.000 viviendas en una extensión de 158,83 hectáreas alrededor de las lagunas y, tal como se ha explicado, el humedal podría pasar de unas 700 hectáreas a unas 130 integradas en el Bosque Metropolitano. Borja Carabante ha defendido que habrá “nivel de protección máxima” y que es posible conciliar vivienda y medio ambiente.
Lo que se decide ahora y por qué importa
El proyecto urbanístico aún está en fase de evaluación, y eso abre una ventana para mirar los detalles que suelen quedar ocultos. En el Portal de Transparencia de la Comunidad de Madrid figura el expediente SIA 25/133, con documentación como el Documento Inicial Estratégico y estudios sectoriales, incluido uno hidrogeológico. Esto es clave porque, en un humedal, mover tierra sin entender el agua es jugar con fuego.
Los colectivos reclaman que se proteja el ámbito como espacio natural y de uso público, una “Casa de Campo del Este”, y que se conecte con el Parque Regional del Sureste mediante un corredor verde. La pregunta práctica es dónde se dibuja la línea, qué se mantiene con agua todo el año y qué impactos tendrán los accesos, el ruido y la presión de la ciudad. Ahí se decide si la palabra “protección” es real o decorativa.
En el fondo, esta historia va de salud urbana, no solo de aves raras. Si cada verano se nota más el calor pegajoso, perder una esponja verde en el este sería un mal negocio para todos.
El expediente oficial de la Modificación Puntual para la Nueva Centralidad del Este (SIA 25/133) ha sido publicado en el Portal de Transparencia de la Comunidad de Madrid.













