Si creías que 2025 ya había sido “demasiado”, los meteorólogos miran ahora al Pacífico con bastante atención. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha confirmado que 2025 estuvo entre los tres años más cálidos desde que hay registros, y eso pese a que La Niña (la fase fría) estuvo presente a comienzos y al final del año.
En ese contexto, la pregunta es casi inevitable. ¿Y si 2026 añade otro empujón? La NOAA mantiene activa una vigilancia de El Niño y estima que hay un 62% de probabilidad de que aparezca entre junio y agosto, un cambio que puede alterar lluvias, olas de calor y riesgos de sequía o inundaciones en muchas regiones del planeta.
Qué dicen las previsiones oficiales
El boletín más reciente del Climate Prediction Center de la NOAA apunta a una transición desde La Niña hacia condiciones neutrales en el próximo mes. Después, el escenario neutral sería el más probable hasta el trimestre de mayo a julio, con un 55% de probabilidad, antes de que El Niño gane peso a partir de verano.
El dato que está disparando las alertas es el del trimestre de junio a agosto. Para ese periodo, la NOAA sitúa a El Niño como la opción más probable con un 62% y añade un matiz importante, si se forma, podría durar al menos hasta finales de 2026.
La OMM coincide en el giro, aunque marca un corto plazo más “neutro”. En su actualización del 3 de marzo habla de un 60% de probabilidad de ENSO neutral en marzo a mayo, que sube al 70% en abril a junio, y deja la opción de El Niño alrededor del 40% para mayo a julio.
El apodo de “Super El Niño” y por qué hay que leerlo con calma
En cuanto aparece la palabra “super”, la imaginación se dispara. En la práctica, suele ser una forma de referirse a episodios muy intensos, de los que ocurren pocas veces y que tienden a amplificar impactos en cascada.
Pero la parte complicada es la intensidad, no la llegada. La NOAA lo admite en su discusión mensual cuando avisa de que «the potential strength remains very uncertain» y solo da «a 1-in-3 chance» de que el episodio sea fuerte hacia octubre a diciembre (esto es, con el indicador Niño 3.4 por encima de +1,5 ºC).
Aun así, algunos análisis de modelos estacionales europeos han alimentado la idea de un escenario extremo. Gizmodo, citando al meteorólogo Ben Noll y salidas del modelo del ECMWF, hablaba de un 22% de probabilidad de un evento “súper” a finales de verano, frente a probabilidades mayores de un El Niño moderado o fuerte. La lectura realista es sencilla, los modelos pueden divergir y, además, esta época del año suele ser menos fiable para afinar pronósticos.
Más calor, más riesgos y un planeta ya muy caliente
El motivo por el que este tema importa tanto no es solo meteorológico, también es climático. La OMM calcula que la temperatura media global de 2025 fue de unos 1,44 ºC por encima del promedio 1850 a 1900, en un mundo donde la acumulación de gases de efecto invernadero sigue marcando el “suelo” de calor.
El Niño tiende a añadir una capa extra. Cuando el Pacífico ecuatorial se calienta, el océano libera más energía a la atmósfera y se reorganizan vientos y lluvias, lo que puede mover la aguja del calor a escala global durante meses y cambiar el reparto de precipitaciones.
¿Dónde se nota en lo cotidiano? En buena parte, en el agua y en la energía. Sequías más duras significan suelos más secos y más riesgo de incendios, e inundaciones más intensas tensionan infraestructuras y cultivos, justo cuando la transición energética necesita redes estables, embalses gestionados con cabeza y una factura de la luz que no se dispare por picos de demanda en pleno verano.
Qué tener en cuenta desde ahora
Lo primero es no traducir “El Niño vuelve” por “este verano será así en España”. La relación con Europa es más indirecta y depende de más piezas del puzle, y la propia AEMET recuerda que, aunque estos episodios cambian probabilidades, «sus consecuencias nunca son exactamente idénticas» y pueden variar mucho de una región a otra.
Lo segundo es fijarse en señales concretas, no en etiquetas. La NOAA seguirá actualizando su diagnóstico cada mes (el próximo está programado para el 9 de abril de 2026), y ahí se verá si el calor bajo la superficie del Pacífico y el debilitamiento de los vientos alisios van en serio o se frenan.
Y lo tercero es prepararse sin dramatismos. Si tu zona es propensa a incendios, calor extremo o restricciones de agua, conviene revisar planes municipales, autoprotección y hábitos básicos, desde hidratarse y ventilar bien hasta ahorrar agua antes de que llegue la presión. En el fondo, anticiparse siempre sale más barato que improvisar.
El comunicado oficial se publicó en Climate Prediction Center (NOAA).







