Un hallazgo reescribe la historia y desmonta lo que sabíamos del antiguo Egipto: encuentran 43.000 recibos, notas y listas de tareas a 10 km del Nilo

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Publicado el: 5 de abril de 2026 a las 18:43
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Yacimiento de Athribis en Egipto donde se hallaron miles de ostraca con textos antiguos.

En Athribis, un yacimiento del Alto Egipto, los arqueólogos han documentado más de 43.000 fragmentos de cerámica con textos escritos, los llamados ostraca, recuperados entre 2005 y 2026 (más de 42.000 solo en los últimos ocho años). El material procede de una misión conjunta de la Universidad de Tubinga y el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.

La cifra impresiona, pero lo que engancha es el contenido. Hay recibos, listas, avisos rápidos y ejercicios escolares, escritos sobre trozos de barro cocido como si fueran «papel de andar por casa». ¿Te imaginas que tu lista de la compra estuviera en una vasija rota?

Un récord en Athribis

La Universidad de Tubinga describe el hallazgo como un récord arqueológico. Athribis pasa a ser el yacimiento más productivo conocido para ostraca y supera a Deir el Medina, el célebre poblado de trabajadores del Valle de los Reyes donde aparecieron miles de estos textos.

El complejo arqueológico está a unos 10 kilómetros al oeste del Nilo, frente a la antigua Achmim, y fue un centro de culto vinculado a la diosa leona (Ta-)Repit. La excavación está dirigida por el egiptólogo Christian Leitz en cooperación con Mohamed Abdelbadia y sus equipos.

Allí conviven zona de templo, asentamiento, necrópolis y canteras, algo que ayuda a explicar por qué se acumuló tanta vida escrita en un mismo lugar.

Cerámica convertida en «papel»

Un ostracon es una solución práctica. Son fragmentos de cerámica usados en la Antigüedad como soporte barato para escribir cosas cortas, desde cuentas hasta mensajes, listas o textos de práctica.

En la práctica, es reutilización. La cerámica rota ya no servía como recipiente, pero sí como superficie para apuntar lo importante y seguir con el día. No es poca cosa.

Un archivo que cruza un milenio

Los textos no pertenecen a una sola época. Los más antiguos identificados hasta ahora son recibos de impuestos del siglo III a.C. en escritura demótica, muy común en la administración durante los periodos ptolemaico y romano.

En el otro extremo aparecen inscripciones árabes sobre recipientes datadas entre los siglos IX y XI d.C. Ese salto temporal, visto en notas tan sencillas, permite seguir cambios sociales y culturales a lo largo de más de mil años sin salir del mismo yacimiento.

Listas, escuela y hasta horóscopos

Christian Leitz lo resume así. «Los ostraca nos muestran una asombrosa variedad de situaciones cotidianas», dice, y enumera desde listas de impuestos y entregas hasta notas sobre actividades diarias, ejercicios de alumnos, textos religiosos y certificados sacerdotales sobre la calidad de animales de sacrificio.

La diversidad también se nota en los idiomas y las grafías. Predomina el demótico, seguido de un buen número de inscripciones en griego, y hay casos más raros en hierático, jeroglífico, copto y árabe, señaló Leitz. Además, aparecen dibujos y figuras geométricas, algo que abre otra ventana a la vida de entonces.

Y hay un detalle que sorprende. Athribis ya ha aportado más de 130 horóscopos, en su mayoría demótico hierático, y la universidad señala que es el lugar más importante del mundo para esta clase de textos. Son «pronósticos de nacimiento» y sirven para estudiar cómo se mezclaban astronomía y astrología en la Antigüedad.

De un vertedero a un mapa 3D

El volumen de hallazgos se disparó a partir de 2018, cuando se abrió una zona de excavación de 20 por 40 metros al oeste del templo de Ptolomeo XII y se fue ampliando. Los trabajos llevaron a una gran zona de vertido rica en cerámica que, con el tiempo, ha revelado también construcciones de adobe, estancias de vivienda y estructuras de almacén.

Hace unos tres años el equipo amplió el área hasta una superficie total de 40 por 40 metros, también al oeste del templo. Solo allí se recuperaron alrededor de 40.000 ostraca, con días en los que aparecían entre 50 y 100 ejemplares, y los investigadores creen que todavía queda material por descubrir.

Ahora llega el trabajo lento. Cada fragmento debe revisarse, catalogarse y digitalizarse en 3D para estudiarlo sin depender siempre de la manipulación física. Leitz señala que incluso se podría acelerar parte del proceso con sistemas de inteligencia artificial, aunque entrenarlos y mantenerlos exige equipos, capacidad de cálculo y personal especializado.

La lección ecológica detrás del hallazgo

Este descubrimiento es arqueología, pero también deja una idea muy actual. Lo que hoy veríamos como un residuo (un trozo de cerámica) se convirtió en un recurso útil para registrar información esencial, con un coste mínimo y sin fabricar nada nuevo.

No hace falta pensar en «conciencia ecológica» moderna para entenderlo. Aun así, el mensaje conecta con lo que hoy llamamos sostenibilidad y economía circular, aprovechar lo que ya existe antes de producir más. En un mundo con residuos desbordados, suena casi como una advertencia escrita a mano.

La nota de prensa oficial se ha publicado en la Universidad de Tubinga.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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