El fondo del océano no es una foto fija. Un equipo del Monterey Bay Aquarium Research Institute (MBARI) ha cartografiado el monte submarino Axial, un volcán activo frente a Oregón y Washington, y ha localizado tres campos de lava de un tamaño poco habitual.
Lo interesante no es solo la escala (65 a 100 kilómetros cuadrados por campo y hasta 130 metros de espesor). Dentro aparecen lagunas de lava profundas y conectadas, que se inflan, colapsan y se drenan cuando se rompe su borde. ¿Qué nos dice esto sobre cómo se construye y se transforma el suelo del mar?
Un volcán que no vemos
Axial Seamount está en la dorsal de Juan de Fuca, una cadena volcánica submarina de unos 500 kilómetros en el noreste del Pacífico, frente a las costas de Oregón y Washington. Se encuentra lejos de la costa, aproximadamente a un día de navegación desde Oregón, y aun así se monitoriza con mucha atención. Además, su historial es intenso, con más de 50 erupciones en los últimos 1.600 años, y tres registradas desde su descubrimiento (1998, 2011 y 2015).
La cima está a unos 1.400 metros bajo la superficie y tiene una caldera de unos 100 metros de profundidad. Desde ahí salen dos zonas de rift (norte y sur) que se alargan unos 50 kilómetros y bajan hasta casi 2.500 metros, como si fuesen autopistas por las que puede avanzar la lava.
Tres campos fuera de escala
El estudio describe tres complejos de flujos “lobulados” e inflados en las zonas de rift más distales, las más alejadas de la cumbre. Cada uno ocupa entre 65 y 100 km² y puede alcanzar 130 metros de espesor, cifras que ya por sí solas llaman la atención.
Para ponerlo en contexto, los autores estiman volúmenes de unos 3,0 a 4,6 km³ por complejo, casi 100 veces más que los flujos históricos de Axial. En la práctica, significa que fueron erupciones muy voluminosas, capaces de remodelar grandes zonas del fondo marino en poco tiempo.
Y hay fechas. El complejo del rift sur distal se formó hace unos 1.259 ± 119 años (en torno al 691 d. C.) con dataciones por carbono 14 en foraminíferos de sedimentos, mientras que el del rift norte sería mucho más antiguo, alrededor de 12.870 ± 173 años. El tercero, al suroeste, está parcialmente cartografiado pero aún no se ha muestreado y parece ser más viejo.
Lagunas de lava conectadas
La sorpresa del trabajo es una red de lagunas profundas dentro de esos campos, con estructuras drenadas que llegan a rondar los 100 metros de profundidad. No se parece a lo que solemos imaginar cuando pensamos en una colada en tierra, donde la lava se enfría al aire y el relieve queda más “a la vista”.
La explicación se resume en una palabra, “inflación”. Cuando el avance de la colada se frena pero por dentro sigue circulando lava fundida, el interior empuja, la superficie se abomba, desborda y rompe la corteza enfriada. Si el techo cede, se forman fosas profundas y, si luego se abre una brecha, la laguna puede drenar mientras todavía está caliente.
Los autores añaden que esa secuencia quedó preservada cuando se rompió el borde de una laguna profunda y el drenaje se propagó por varias lagunas conectadas. Además, apuntan a que estos episodios se alimentaron rápido a través de diques desde el reservorio magmático de la cumbre, y que el evento más reciente coincide en fechas con la formación de la caldera actual.
Robots que hacen de ojos
Observar un volcán bajo el mar no es como mirar un cono en tierra con prismáticos. Por eso el equipo combina vehículos submarinos autónomos (AUV) para levantar mapas del relieve del fondo y vehículos operados remotamente (ROV) para tomar muestras de lava y sedimentos. MBARI lleva más de 20 años trabajando así en esta zona.
En este caso, la cartografía de las zonas distales se apoya en campañas entre 2011 y 2021 y en rejillas con resolución horizontal de 1 metro. Es el salto que permite distinguir bordes colapsados, canales y lagunas drenadas que en mapas más gruesos simplemente se perderían.
Por qué importa para el océano
Los volcanes submarinos ayudan a construir el lecho oceánico, pero también son un riesgo geológico. Algunas erupciones bajo el mar han provocado tsunamis y, por eso, entender su dinámica no es un asunto menor cuando pensamos en costas y comunidades.
En Axial hay un matiz importante para no caer en titulares alarmistas. Investigadores que siguen su actividad insisten en que es un “laboratorio natural” por su ubicación y por la instrumentación disponible, y explican que el objetivo es mejorar los métodos de observación y previsión sin convertirlo en un relato de catástrofes.
Además, el volcán no es solo roca y magma. En torno a sus campos hidrotermales hay microorganismos, tapetes microbianos y comunidades de animales que dependen de la química del fondo, y no de la luz del sol, así que cualquier cambio del relieve puede influir en esos hábitats.
El estudio se ha publicado el 23 de enero de 2026 en Agupubs.












