Un agujero negro no es solo un sumidero que engulle todo lo que se acerca. En algunos sistemas, también expulsa chorros (jets) de partículas que salen disparados y devuelven energía al espacio que les rodea, una pieza clave para entender cómo funciona el cosmos.
La novedad es que esa potencia ya no es una estimación. Un equipo de la Universidad de Oxford y la australiana Curtin University ha medido por primera vez la potencia instantánea y la velocidad de los jets en Cygnus X-1, el primer agujero negro confirmado, usando un método muy directo mirar cómo el viento de su estrella compañera los curva. El trabajo se publicó el 16 de abril de 2026 en Nature Astronomy.
Un sistema famoso y muy bien observado
Cygnus X-1 está a unos 7.000 años luz de la Tierra y por eso es un “clásico” de la astronomía moderna. Es un sistema doble, con un agujero negro y una estrella supergigante que pierde material en forma de viento estelar.
Ese gas no cae en línea recta, se arremolina y forma una especie de disco caliente. De ahí salen emisiones intensas, sobre todo en rayos X, y también pueden lanzarse jets por las zonas polares del agujero negro.
La pregunta de fondo es sencilla, aunque el escenario parezca de película. ¿Qué parte de la energía acaba en radiación y qué parte se va por esos chorros que salen disparados? Para responder, hacía falta medir el “ahora”, no un promedio de miles de años.
El viento de la estrella fue la pista clave
El truco del estudio fue aprovechar una molestia que antes estorbaba. El viento de la supergigante empuja y curva el jet, y ese movimiento, al repetirse a lo largo de la órbita, deja una huella medible.
Si lo bajamos a lo cotidiano, es como mirar una manguera cuando sopla fuerte. Cuanto más se dobla el chorro, más puedes deducir sobre la fuerza del viento y sobre la potencia del propio chorro.
Para reconstruir ese “baile”, el equipo usó observaciones de radio de altísima resolución con dos redes de telescopios, el VLBA en Estados Unidos y el EVN en Europa. Además, reanalizaron datos que cubren 18 años, con sesiones típicas de entre 6 y 12 horas.
La cifra que impacta y lo que significa de verdad
El resultado se ha contado con una comparación fácil de imaginar. La potencia de los jets de Cygnus X-1 equivale a la energía de salida de unos 10.000 soles.
Aquí conviene una aclaración. No hablamos de “luz” como la de una bombilla, sino de potencia física del chorro, es decir, cuánta energía transporta y puede depositar en el entorno. En el artículo científico lo expresan con unidades de energía y potencia, y el ejemplo de los soles sirve para entender el orden de magnitud.
Y hay más. También han medido la velocidad del material expulsado, en torno a 150.000 kilómetros por segundo, aproximadamente la mitad de la velocidad de la luz. Dicho de otra manera, sería como dar casi cuatro vueltas a la Tierra cada segundo. No es poca cosa.
El 10% que cambia muchas simulaciones
Hay un dato que, en realidad, pesa más que el titular de los “10.000 soles”. El autor principal, Steve Prabu, lo resumió así «un hallazgo clave es que alrededor del 10% de la energía liberada cuando la materia cae hacia el agujero negro se la llevan los chorros».
Ese porcentaje se usaba desde hace años en simulaciones a gran escala para entender cómo crecen las galaxias y cómo se organiza el Universo. El problema es que, hasta ahora, era una cifra razonable pero difícil de confirmar con observaciones directas comparables.
Lo que aporta este trabajo es una medición “instantánea” que permite comparar, en el mismo periodo, la energía del chorro y la energía que vemos en rayos X. Es una forma de hacer la contabilidad del sistema con menos suposiciones y más datos.
Por qué los chorros pueden moldear galaxias
Cuando se habla de agujeros negros, casi siempre pensamos en destrucción. Pero en el fondo, muchos también devuelven energía al medio, y esa energía puede calentar gas, moverlo y alterar cómo se forman estrellas.
En el centro de muchas galaxias hay agujeros negros supermasivos que lanzan chorros gigantes. Ese “feedback” (retroalimentación) se usa para explicar por qué algunas galaxias bajan el ritmo de formación estelar o por qué el gas cambia de estado y de distribución.
Lo interesante es que, según la teoría, la física básica de los chorros es parecida en agujeros negros pequeños y enormes. Por eso, una medición fiable en un objeto de masa estelar como Cygnus X-1 sirve como referencia para interpretar lo que ocurre a escalas mucho mayores.
Un ancla para la próxima generación de radiotelescopios
Los investigadores insisten en que este resultado funciona como un “punto de anclaje” para lo que viene. En los próximos años se espera detectar chorros en muchísimas galaxias lejanas, y ahí una referencia bien medida ayuda a calibrar mejor sus potencias.
En este contexto aparece el Square Kilometre Array Observatory (SKAO), que está en construcción en Australia y Sudáfrica. Profesor James Miller-Jones lo explicó así “esperamos detectar jets de agujeros negros en millones de galaxias distantes” y esta medición sirve para ponerles números con más confianza.
Además, el método podría aplicarse a otros sistemas parecidos, donde un objeto compacto orbita una estrella con vientos potentes. Si funciona, la lista de “casos medibles” crecerá y podremos ver si el famoso 10% se repite o cambia según el tipo de sistema.
Lo que conviene tener en cuenta a partir de ahora
Este avance no cambia lo que vemos con nuestros ojos, pero sí afina cómo interpretamos uno de los fenómenos más extremos del cosmos. En ciencia, medir bien a veces es el verdadero salto.
Aun así, no es el final del camino. La potencia de un jet puede variar con el estado del sistema, así que los astrónomos quieren probar esta técnica en más objetos y en más momentos para ver hasta dónde aguanta la “regla del 10%”.
El estudio científico ha sido publicado en Nature Astronomy.












