Científicos resuelven el gran misterio de la Luna y descubren que tiene un núcleo sólido como el de la Tierra que cambia lo que sabíamos hasta ahora del sistema solar

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Publicado el: 9 de mayo de 2026 a las 15:36
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Ilustración del interior de la Luna con un núcleo sólido similar al de la Tierra según un estudio científico.

Durante décadas, la Luna ha sido ese vecino cercano que parece conocido, pero que todavía guarda secretos bajo una superficie llena de cráteres. La vemos casi cada noche, ha recibido astronautas, sondas y robots, pero su centro seguía siendo una de esas preguntas difíciles que la ciencia no podía cerrar del todo.

Ahora la respuesta es mucho más clara. Un equipo liderado por Arthur Briaud, del CNRS francés, ha confirmado que la Luna tiene un núcleo interno sólido rodeado por una capa externa fluida, una estructura que recuerda a la de la Tierra. No cambia lo que vemos desde la ventana, pero sí cambia cómo entendemos la historia de nuestro satélite natural y su antiguo campo magnético.

Qué hay bajo la Luna

El interior lunar no es una masa uniforme de roca fría. Como la Tierra, la Luna tiene una corteza, un manto y una región central metálica, aunque todo a una escala mucho menor. Ahí estaba el gran debate.

El modelo publicado en Nature describe un núcleo externo fluido que se extendería hasta unos 362 km de radio y un núcleo interno sólido de 258 ± 40 km. La densidad estimada de esa parte sólida es de 7822 ± 1615 kg/m³, muy cercana a la del hierro.

El CNRS lo resumió de forma muy directa en su comunicado. La Luna tiene “un núcleo sólido, como la Tierra”. Dicho de manera sencilla, su corazón no sería completamente líquido, como se pensó durante años.

Cómo lo han descubierto

Nadie ha perforado la Luna hasta el centro, claro. Para llegar a esta conclusión, los investigadores combinaron datos de distintas misiones espaciales con mediciones de láser lunar, que sirven para calcular con gran precisión cómo se mueve y se deforma nuestro satélite.

Después probaron muchos modelos posibles de interior lunar mediante simulaciones geofísicas y termodinámicas. El escenario que mejor encajaba era el que incluía una zona de baja viscosidad cerca del límite entre manto y núcleo, además de un núcleo interno sólido.

En la práctica, esto significa que no basta con mirar una sola señal. La clave fue juntar varias piezas, como quien recompone un puzle con datos de gravedad, rotación, deformación y composición probable de los materiales.

El debate no nació ayer

Las misiones Apolo dejaron los primeros registros sísmicos del interior lunar, pero aquellos datos tenían una limitación importante. Permitían ver parte de la estructura, aunque no con suficiente resolución como para distinguir con seguridad un núcleo interno sólido.

La existencia de un núcleo externo fluido ya se había identificado hace unos veinte años. La parte sólida, en cambio, seguía escondida porque es pequeña y porque la Luna no ofrece señales tan claras como las que se pueden estudiar en la Tierra.

Ya en 2010, un trabajo vinculado al Marshall Space Flight Center de la NASA indicaba la presencia de un núcleo interno sólido y otro externo fluido a partir de sismogramas de los Apolo. El nuevo estudio no parte de cero, sino que refuerza esa línea con más restricciones y mejores modelos.

Por qué importa tanto

La importancia de este hallazgo no está en que vayamos a notar algo diferente cuando miremos la Luna llena. Está en lo que cuenta sobre el pasado. Y ese pasado fue mucho más activo de lo que su aspecto actual deja imaginar.

Según el comunicado de CNRS y Sorbonne Université, la Luna tuvo un campo magnético que en origen pudo ser cien veces más potente que el de la Tierra actual. Hoy, ese campo es casi inexistente, así que conocer el núcleo ayuda a entender cómo nació, cuánto duró y por qué se apagó.

Aquí entra una palabra que parece técnica, pero se entiende bien si se piensa en un motor. Los campos magnéticos planetarios suelen depender de una “dínamo” interna, formada por movimientos de materiales conductores en el núcleo. Saber si el centro es sólido o líquido cambia las cuentas.

El manto también habla

El estudio no solo mira el corazón de la Luna. También apoya la hipótesis del “vuelco del manto lunar”, un proceso en el que materiales ricos en hierro habrían cambiado de posición durante la evolución temprana del satélite.

La idea es que parte de esos materiales pudo subir hacia la superficie y formar rocas volcánicas en la corteza. Más tarde, al ser más densos que su entorno, algunos habrían vuelto a hundirse hacia la zona donde se juntan el manto y el núcleo.

Este movimiento ayuda a explicar por qué hay materiales ricos en hierro en la corteza lunar. También aporta pistas sobre los grandes impactos que marcaron los primeros mil millones de años del sistema solar, una época turbulenta y difícil de reconstruir.

Lo que debe tener en cuenta el lector

Este hallazgo no significa que la Luna sea igual que la Tierra. Su núcleo es mucho más pequeño, su actividad interna es muy distinta y su campo magnético global prácticamente desapareció hace muchísimo tiempo. El parecido está en la estructura general, no en el funcionamiento completo.

Tampoco es una prueba obtenida con una cámara que haya fotografiado el centro lunar. Es una conclusión científica basada en modelos que encajan con datos reales. Puede sonar menos espectacular, pero en ciencia eso es precisamente lo valioso.

Para futuras misiones, conocer mejor el interior lunar puede ayudar a interpretar muestras, elegir preguntas de investigación y comprender por qué la cara visible y la cara oculta de la Luna no cuentan exactamente la misma historia. No es poca cosa.

Una historia más profunda

La Luna sigue pareciendo tranquila desde la Tierra, casi inmóvil, como si nada cambiara allí arriba. Pero por dentro conserva la memoria de un tiempo en el que el sistema solar era joven, caótico y lleno de impactos.

Este nuevo mapa de su interior no cierra todas las preguntas. Sí deja una idea potente y bastante sencilla. Nuestro satélite tiene un corazón sólido parecido al terrestre, y conocerlo nos acerca un poco más a entender de dónde viene la Luna y, por extensión, parte de nuestra propia historia.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Nature.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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