Un diente de 59.000 años de antigüedad revela que los neandertales utilizaban taladros para arreglar las caries demostrando conocimientos avanzados en odontología

Imagen autor
Publicado el: 25 de mayo de 2026 a las 15:22
Síguenos
Reconstrucción de un neandertal relacionada con el hallazgo de un diente perforado de hace 59.000 años.

Un dolor de muelas puede dejarte sin dormir. Ahora imagina ese mismo problema hace unos 59.000 años, sin anestesia y con una cueva como «consulta» improvisada. Eso es, más o menos, lo que sugiere un molar neandertal hallado en la cueva de Chagyrskaya, en las montañas Altái (sur de Siberia), con un orificio tan profundo que llega hasta la cavidad pulpar, donde están los nervios y los vasos sanguíneos.

Lo llamativo no es solo la caries, sino las huellas que rodean esa cavidad. Un equipo internacional plantea que el diente fue manipulado de forma intencionada con una herramienta lítica, probablemente para retirar tejido dañado y aliviar el dolor. El trabajo se publicó el 13 de mayo de 2026 en la revista científica PLOS One, y lo describe como la evidencia más antigua documentada hasta ahora de un tratamiento dental invasivo en el linaje humano.

Un diente que no encaja con el desgaste normal

El molar, identificado como Chagyrskaya 64, pertenece a un neandertal adulto. Apareció en un yacimiento especialmente rico, con más de 70 fósiles humanos y decenas de piezas dentales recuperadas durante las excavaciones en la cueva. Esa abundancia es importante porque permite comparar y descartar que el «agujero» sea una rareza causada por erosión o por un desgaste habitual en otras muelas del mismo lugar.

Según los investigadores, la cavidad ocupa casi toda la superficie masticatoria y se adentra hasta el interior del diente. Eso, en una boca viva, suena a dolor serio, sobre todo al comer o beber. En la misma pieza también hay señales compatibles con el uso de palillos dentales para retirar restos de comida, algo que ya se había documentado en neandertales.

Las marcas en la superficie que levantaron sospechas

Los autores cuentan que, al principio, incluso pensaron que podía ser una corona fracturada. «Cuando observamos este diente por primera vez, pensamos que podía tratarse de un diente con la corona fracturada», explicó a SINC la investigadora Ksenia Kolobova, coautora del estudio, destacando la importancia de contar con una especialista en patologías dentales para interpretar lo que estaban viendo.

Luego llegó la parte fina del análisis, literalmente. El equipo usó técnicas como microscopía electrónica, microtomografía computarizada (micro‑CT) y estudios de huellas de uso para mirar la cavidad con lupa. En SINC, Lydia Zotkina remarca un detalle clave, que el diente no muestra señales de desgaste posterior al enterramiento y que permaneció estable en el sedimento durante milenios, lo que refuerza que esas estrías están relacionadas con la vida del individuo y no con procesos geológicos.

La prueba con herramientas de jaspe

La hipótesis del «taladro» necesitaba una comprobación práctica. Por eso realizaron un experimento con tres molares humanos modernos, perforándolos manualmente con puntas de piedra similares a herramientas encontradas en Chagyrskaya. En el estudio y en las explicaciones posteriores, la idea es clara: si puedes reproducir la forma del hueco y las microestrías, la intervención intencional deja de ser una corazonada y pasa a ser una posibilidad sólida.

En palabras de Kolobova a SINC, «el paso más importante fue la replicación experimental», porque las marcas obtenidas coincidían con las del diente neandertal y «los procesos naturales no generan este tipo de patrones». Zotkina y el equipo señalan además que el uso de un pequeño perforador de jaspe (una variedad de cuarzo) rotado a mano encaja con lo que se ve en las paredes de la cavidad, con estrías paralelas y perfiles escalonados.

Dolor, destreza y una decisión nada fácil

Aquí es donde la historia se vuelve casi cotidiana. Todos sabemos lo que es apretar los dientes ante un pinchazo, pero esto iba mucho más allá. El procedimiento implicaría localizar el origen del dolor, aceptar que «abrir» el diente podía mejorar la situación y mantener un control fino de los dedos para perforar sin herramientas modernas. No es poca cosa.

¿Lo hizo el propio neandertal o alguien le ayudó? El estudio no puede afirmarlo, y los autores lo tratan con cautela. Aun así, trabajar dentro de una boca es complicado incluso hoy, así que la posibilidad de ayuda no suena descabellada. En Reuters, Zotkina lo resume con una mezcla de admiración y realidad física, al subrayar que aguantar una intervención así «sin anestesia» habría sido durísimo.

Qué cambia en la historia de la medicina

Hasta ahora, el ejemplo más antiguo de intervención dental en humanos modernos se situaba en un individuo de Homo sapiens hallado en Italia y datado en torno a 14.000 años, donde la caries se habría raspado con una herramienta de piedra. Este nuevo caso empuja ese listón decenas de miles de años atrás, y además lo coloca en manos neandertales, no sapiens.

Aun con todo, conviene quedarse con la parte prudente del hallazgo. Estamos ante una evidencia muy potente, pero basada en una pieza concreta, y los autores proponen revisar otras colecciones con «ojos nuevos» para ver si casos parecidos pasaron desapercibidos. Incluso plantean investigar si la cavidad pudo contener algún material orgánico de relleno, como cera o resina, aunque de momento no hay pruebas de ello.

El estudio completo se ha publicado en la revista PLOS.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

Deja un comentario