Por FAPAS han registrado grupos de perros en zonas donde la organización esperaba encontrar lobos, y la entidad sostiene que esos animales estarían ocupando parte del espacio ecológico dejado por grupos familiares de lobo ibérico en la Cordillera Cantábrica. No es una anécdota de campo. Es una señal de desequilibrio.
La conclusión principal es clara, aunque incómoda. Según FAPAS, la reducción de lobos en áreas de alta montaña estaría facilitando la entrada de perros asilvestrados, abandonados o mal controlados, con consecuencias imprevisibles para la ganadería y la fauna silvestre. ¿Qué significa esto en la práctica? Que algunos ataques que durante años se han achacado al lobo podrían necesitar una mirada más fina. Y eso cambia mucho el debate.
Perros en territorio de lobos
FAPAS explica que inició en 2017 un trabajo de seguimiento de lobos en las montañas cantábricas de Asturias mediante fototrampeo. El proyecto sigue activo y se centra en territorios donde también viven otras especies de gran valor, como el oso pardo.
Las imágenes han mostrado una situación que la organización considera preocupante. En una de ellas, según la información difundida, se observa a un perro atacando un rebaño y huyendo con un cordero, una escena que recuerda a daños que muchas veces se atribuyen de forma directa al lobo.
Aquí está el punto clave. Un perro asilvestrado no es un lobo, aunque pueda cazar en grupo y moverse por el monte con eficacia. No tiene el mismo papel ecológico, ni la misma organización social, ni la misma relación con el territorio.
El dato que abre la discusión
La organización denuncia que desde 2017 han sido eliminados en Asturias al menos 140 lobos, tanto por controles oficiales como por furtivismo. FAPAS añade que la cifra real «podría ser mucho más alta», porque considera que no siempre ha habido vigilancia suficiente en determinadas zonas de caza.
La entidad también cuestiona los cálculos oficiales sobre el tamaño de las manadas. Según FAPAS, sus años de trabajo de campo apuntan a grupos de cuatro o cinco lobos, no de ocho o nueve. Con esa diferencia, la población real estaría, según sus cálculos, entre 180 y 225 ejemplares, por debajo de la horquilla administrativa que la entidad sitúa entre 360 y 405.
Pero el mapa no es sencillo. Pocos días después, el Gobierno de Asturias comunicó que el censo de 2025 alcanzó las 50 manadas, de las cuales 46 serían reproductoras, con un aumento del 11% respecto al recuento anterior. También informó de 31 lobos abatidos y 13 hallados muertos por otras causas durante el programa de control.
Dos relatos que chocan
El choque entre cifras explica buena parte del problema. Para la administración, el lobo sigue teniendo una presencia amplia y debe gestionarse para compatibilizar su conservación con la ganadería extensiva. Para FAPAS, la lectura sobre el terreno muestra manadas más pequeñas, más presión sobre la especie y un hueco que estarían aprovechando los perros.
El Ministerio para la Transición Ecológica también aporta contexto. En el censo nacional 2021-2024 se localizaron 333 manadas de lobo en España, con 45 atribuidas a Asturias, contando manadas exclusivas y compartidas con otros territorios. Ese dato confirma que Asturias es una zona clave para la especie.
La pregunta es otra. ¿Basta con contar manadas o hay que mirar también su estructura, su reproducción real y la estabilidad de cada grupo? En ecología, una manada no es solo un número en una tabla. Es una familia que ocupa un territorio y regula su entorno.
Por qué importan los perros
Los perros que viven sin control en espacios naturales pueden convertirse en un problema serio. No solo por los daños al ganado, también por su impacto sobre corzos, rebecos, jabalíes jóvenes, aves que crían en el suelo y otros animales que no siempre aparecen en las estadísticas.
La literatura científica sobre perros de vida libre apunta en esa dirección. Una revisión publicada en Biological Conservation mostró que los perros domésticos en entornos rurales interactúan con muchas especies silvestres y que los impactos más habituales incluyen depredación, molestias, competencia y transmisión de enfermedades.
En el fondo, el problema es de responsabilidad humana. Un perro abandonado, suelto de forma habitual o mal vigilado no se convierte en fauna salvaje de un día para otro, pero puede aprender a sobrevivir, agruparse y cazar. Y cuando eso ocurre en una montaña con ganado y especies protegidas, el conflicto se dispara.
El riesgo para la ganadería
Para un ganadero, la diferencia entre un ataque de lobo y uno de perro no es menor. Hay indemnizaciones, medidas de control, presión social y decisiones políticas que dependen de identificar bien al responsable. No es poca cosa.
FAPAS advierte de que esta sustitución puede tener resultados «imprevisibles» para la fauna silvestre y la ganadería. La expresión más dura de la organización es «quiebra ecológica sin precedentes», una frase que muestra hasta qué punto considera grave el cambio detectado en el monte asturiano.
Por eso, el foco no debería ponerse solo en si hay más o menos lobos. También hay que saber qué está pasando con los perros abandonados, quién controla su presencia, cómo se verifican los ataques y qué medidas se toman para evitar que animales domésticos acaben cazando en espacios naturales.
Qué hay que tener en cuenta
La primera cautela es no mezclarlo todo. El lobo ibérico es un depredador salvaje con un papel ecológico propio. El perro asilvestrado es el resultado de una mala gestión humana, del abandono o de la falta de control sobre animales domésticos.
La segunda es exigir datos de campo sólidos. Cámaras trampa, análisis de restos, rastros, necropsias y seguimiento de manadas son herramientas necesarias para no tomar decisiones a ciegas. En un asunto tan sensible, una suposición puede acabar pesando más que una prueba.
La tercera afecta directamente a los propietarios. La Ley 7/2023 de bienestar animal tiene entre sus finalidades promover la tenencia responsable, luchar contra el abandono e impulsar la identificación, vacunación y esterilización. Dicho de forma sencilla, un perro en el monte sin control también es un problema ambiental.
El comunicado oficial ha sido publicado en su web bajo el título FAPAS.










