Por primera vez en 16 años una oruga de 13 cm está devorando una industria de 55 millones de euros y se insta a tomar medidas urgentes

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Por HoyECO
Publicado el: 17 de junio de 2026 a las 20:46
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Ejemplar adulto de Prionus imbricornis, el escarabajo cuya larva daña las raíces de los arándanos en Carolina del Norte.

Los agricultores de arándanos de Carolina del Norte tienen un problema que no se ve a simple vista. No está en la fruta, ni en las hojas, ni en la parte más llamativa de la planta. Está bajo tierra, mordiendo las raíces hasta dejar los arbustos débiles, secos y, en muchos casos, imposibles de recuperar.

Un nuevo estudio de la Universidad Estatal de Carolina del Norte ha puesto nombre al responsable. Se trata de Prionus imbricornis, un escarabajo longicornio cuyas larvas pueden alcanzar casi 13 centímetros y alimentarse de las raíces del arándano alto. La noticia preocupa porque el estado tiene una industria importante, con un valor de producción de 104,6 millones de dólares en 2023, según los datos actualizados de NC State Extension. No es poca cosa.

El enemigo estaba bajo tierra

Lo primero que conviene aclarar es que no hablamos de una oruga, aunque a simple vista pueda parecerlo. Es la larva de un escarabajo. El adulto tiene antenas largas y un aspecto llamativo, pero el verdadero daño lo hace la fase joven, escondida en el suelo.

Las hembras ponen los huevos cerca de las raíces. Después, las larvas empiezan a alimentarse de esa parte de la planta que nadie mira hasta que ya es tarde. El estudio señala que los adultos no se alimentan, así que fumigar pensando solo en el insecto visible puede no servir de mucho.

En el campo, los síntomas llegan de forma discreta. Algunas ramas se secan, las hojas se marchitan y varios arbustos cercanos empiezan a caer en cadena, sobre todo cerca de zonas boscosas. Cuando una planta puede arrancarse casi con la mano o con la maquinaria de cosecha, suele ser señal de que las raíces ya están muy dañadas. Y ahí el margen de reacción es pequeño.

El ADN resolvió el misterio

Los informes sobre larvas de Prionus dañando raíces de arándano en Carolina del Norte se remontan a 2010. Durante años, el problema fue saber exactamente qué especie estaba detrás. Parece un detalle menor, pero en agricultura puede cambiarlo todo.

Kenneth Geisert, investigador de NC State y autor principal del trabajo, lo resumió con una advertencia clara. «Antes, los investigadores solían asumir la especie», explicó. Si esa suposición era incorrecta, el tratamiento podía no ajustarse al problema real. Y, de paso, podía dañar insectos que no eran el objetivo.

Para salir de dudas, los investigadores instalaron trampas negras con feromonas sexuales en seis granjas de los condados de Pender, Sampson, Bladen y New Hanover. Después analizaron el ADN de larvas recogidas en raíces de arándano y lo compararon con el de adultos conocidos. El resultado coincidió con Prionus imbricornis con una precisión del 98 al 99 %.

La mala noticia para los productores

Saber el nombre del insecto es una buena noticia. Permite dejar de ir a ciegas y diseñar medidas más precisas. Pero también ha destapado una debilidad incómoda para los agricultores.

Lorena Lopez, entomóloga de NC State y coautora del estudio, lo dijo sin rodeos. «No hay insecticidas actualmente etiquetados contra esta plaga en arándanos». En la práctica, eso significa que no existe una solución química ya registrada y preparada específicamente para este cultivo y este problema.

Además, combatir a estas larvas no es tan sencillo como aplicar un producto y esperar. Están protegidas dentro del suelo, en raíces y tallos, donde muchos insecticidas de contacto o sistémicos no llegan bien. Los adultos, por su parte, viven poco y no comen. Por eso, el momento clave estaría en las larvas pequeñas, justo después de la época de reproducción.

Por qué preocupa tanto al arándano

Carolina del Norte no es un actor menor en este cultivo. Según NC State Extension, el estado produjo 54 millones de libras de arándanos en 2023, ocupó el séptimo puesto nacional y concentró buena parte de su industria en condados como Bladen, Pender y Sampson. Justo algunas de las zonas donde se ha trabajado en el seguimiento del escarabajo.

El arándano parece una fruta pequeña, casi de capricho, pero detrás hay explotaciones, empleo, cadenas de frío, transporte y mercados enteros pendientes de que la planta aguante. Si una plaga afecta a las raíces, el problema no es solo una mala cosecha. También puede obligar a arrancar arbustos y replantar, con el coste y el tiempo que eso implica.

¿Qué significa esto para el consumidor? De momento, no hay una alarma alimentaria ni un riesgo directo para quien come arándanos. El problema está en la producción. Pero cuando una plaga se instala en un cultivo valioso, puede acabar notándose en la disponibilidad, los costes y la presión sobre los agricultores.

Las soluciones aún están en pruebas

La Universidad Estatal de Carolina del Norte ya trabaja en ensayos con insecticidas para buscar herramientas eficaces. La idea no es aplicar tratamientos sin más, sino encajarlos con el ciclo reproductivo del escarabajo. Si se actúa cuando las larvas son jóvenes, el daño grave en las raíces podría reducirse.

También se están usando trampas con feromonas para controlar la aparición de adultos. Pero aquí hay un matiz importante. Encontrar adultos en una trampa no demuestra por sí solo que el campo esté infestado, porque estos insectos pueden llegar desde zonas cercanas con árboles de madera dura. La señal más clara sigue siendo encontrar larvas alimentándose directamente de las raíces del arándano.

Otras estrategias, como la retirada de plantas muy afectadas antes de que emerjan los adultos, pueden ayudar en focos concretos. La interrupción del apareamiento con feromonas también ha mostrado potencial en otros cultivos y especies de Prionus, aunque el propio estudio advierte de que todavía no se ha evaluado para P. imbricornis en arándanos. Queda camino por recorrer.

Una plaga nativa, pero un problema nuevo

Prionus imbricornis no es un insecto llegado de la otra punta del mundo. Es una especie nativa del este de Estados Unidos, distribuida desde Nueva York hasta Florida y hacia el oeste hasta Kansas y Texas. Lo nuevo es su confirmación como plaga activa del arándano alto en Carolina del Norte.

Ese detalle cambia la forma de mirar el problema. No siempre hace falta una especie invasora para poner en aprietos a un cultivo. A veces basta con que una especie ya presente encuentre las condiciones adecuadas, un huésped vulnerable y pocas herramientas de control disponibles.

En el fondo, esta historia habla de algo muy sencillo. La agricultura depende de lo que ocurre bajo nuestros pies. Y cuando las raíces fallan, todo lo demás empieza a tambalearse.

El estudio, titulado «Prionus imbricornis (Coleoptera: Cerambycidae), an emerging pest in North Carolina blueberries», ha sido publicado en Journal of Integrated Pest Management.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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