La minería del oro ya no depende solo de camiones enormes, perforadoras y plantas que trituran roca día y noche. En Rusia, Polyus está llevando a sus minas una combinación de cámaras, inteligencia artificial, gemelos digitales y redes privadas LTE, una especie de 4G industrial cerrada, para controlar mejor cómo se extrae y procesa el metal.
La noticia no va de una receta mágica ni de una fórmula secreta para crear oro. Va de algo más silencioso, pero muy potente. Si los datos llegan rápido, la empresa puede ajustar la flotación, coordinar maquinaria pesada y probar cambios en una copia virtual de la planta antes de tocar la instalación real. Y eso, en una mina gigante, puede cambiar muchas cosas.
El oro ya se busca con datos
Polyus ha explicado que está implantando sistemas de videoanálisis con cámaras y algoritmos de inteligencia artificial en sus plantas de recuperación de oro. La idea es observar la calidad de la flotación, que es el proceso que ayuda a separar el oro de la roca triturada, y corregir parámetros de enriquecimiento en tiempo real.
Dicho de forma sencilla, la IA mira lo que antes dependía mucho del ojo humano y de la experiencia del operador. No sustituye toda la minería, pero sí puede ayudar a detectar antes cuándo el proceso se está desviando. En una planta que trabaja sin parar, un pequeño ajuste repetido muchas veces acaba pesando.
«Nos esforzamos constantemente por adoptar nuevas tecnologías como parte de nuestros esfuerzos generales para mejorar la eficiencia de la producción», declaró Alexey Vostokov, director ejecutivo de Polyus, en una entrevista recogida por TASS.
Una fábrica con copia virtual
Uno de los puntos más llamativos está en la planta de procesamiento de oro de Verninskaya, en la región de Irkutsk. Allí, según Vostokov, la empresa ya ha implantado un gemelo digital de los procesos productivos. Es decir, una réplica virtual para ensayar modos de trabajo sin poner en riesgo la producción real.
¿Qué significa esto en la práctica? Que la compañía puede simular cambios antes de aplicarlos en la planta, como quien prueba una ruta en el móvil antes de meterse en una carretera complicada. Vostokov aseguró que «el nivel de automatización en algunas áreas ya supera el 90%».
Es una cifra alta, aunque conviene leerla con cuidado. Se refiere a zonas concretas de la instalación, no a que toda la mina funcione sola de principio a fin. La diferencia importa.
La red que mueve la mina
Para que todo lo anterior funcione, hace falta una red muy estable. En la unidad de negocio de Krasnoyarsk, Polyus ha puesto en marcha una red private LTE que cubre el complejo minero de Olimpiada, uno de sus activos principales.
Olimpiada no es una mina pequeña. La propia Polyus la describe como su mayor activo operativo, situado en Siberia oriental, con tres plantas de procesamiento y una capacidad conjunta de más de 14 millones de toneladas de mineral al año.
Según la información difundida por TASS, esa red de alta velocidad permite que más de 400 máquinas de cantera trabajen dentro de un mismo espacio de información. Hablamos de camiones, excavadoras, perforadoras y otros equipos que necesitan enviar datos constantemente. No es el wifi de casa llevado al desierto helado.
Menos fallos, más control
La gran promesa de esta minería digital es aumentar la recuperación de oro y reducir ineficiencias. Si una planta separa mejor el metal, necesita menos margen de error. Si un camión avisa antes de una avería, la empresa puede organizar el mantenimiento antes de que todo se detenga.
También hay un ángulo de seguridad. Polyus ya había explicado años atrás que este tipo de redes privadas podían servir como base para sistemas de fatiga del conductor, cámaras en cabina, prevención de colisiones, gestión de flotas y maquinaria semiautónoma o autónoma.
Pero no conviene venderlo como una solución perfecta. La automatización mejora unas cosas y abre otras preguntas, entre ellas empleo, formación y control de los datos. La mina se vuelve más inteligente, sí. También más dependiente de sus redes.
El punto ambiental
Aquí llega la parte más delicada. La minería de oro tiene impacto ambiental, incluso cuando se digitaliza. Mueve grandes cantidades de roca, consume energía, necesita agua y utiliza procesos industriales que deben controlarse muy bien.
Polyus asegura en sus propios materiales de sostenibilidad que todos sus activos mineros están certificados conforme a ISO 14001. También afirma que quiere ser neutra en carbono en 2050 y reducir sus emisiones directas e indirectas por tonelada de mineral procesado entre un 40% y un 50% en 2032 frente a 2020.
En su informe de sostenibilidad de 2024, la compañía indicó que el 100% de su electricidad procedió de fuentes libres de carbono, que las emisiones brutas de alcance 1 y 2 bajaron un 27% frente a 2020 y que el 92% del agua usada en producción fue recuperada y reutilizada. Son datos relevantes, aunque no prueban por sí solos que cada algoritmo reduzca emisiones.
La letra pequeña
La pregunta importante es si esta tecnología servirá para extraer oro con menor huella o simplemente para extraer más y más rápido. No es lo mismo. Una red privada puede evitar viajes innecesarios, mejorar el uso de equipos y ajustar mejor el procesamiento, pero el impacto real depende de cómo se mida y se publique.
El riesgo es que la palabra «inteligente» tape lo importante. La tecnología ayuda, pero no sustituye la vigilancia ambiental, la transparencia ni la restauración de los terrenos afectados. En minería, el dato más valioso no siempre es el que aumenta la producción, sino el que demuestra qué se ha evitado contaminar.
Lo que viene ahora
Polyus ya ha señalado que las tecnologías de automatización, IA y comunicaciones avanzadas empezaron a ocupar un lugar destacado en su programa de inversión durante 2025. Además, la compañía prevé llevar redes private LTE a otros activos, incluido el gran yacimiento de Sukhoi Log.
La información sobre la implantación de IA, gemelos digitales y redes private LTE en Polyus ha sido publicada por TASS.












