Hace 27 años un agricultor regaló sus terrenos para construir un parque infantil; ahora el ayuntamiento ha vendido las 35 hectáreas por 10 millones para hacer un centro de datos

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Publicado el: 30 de junio de 2026 a las 15:33
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Terrenos de Taylor (Texas) donde se proyecta construir un centro de datos tras ser donados hace décadas para un parque infantil.

En Taylor, una pequeña ciudad de Texas, una historia que empezó como un gesto para los niños ha terminado convertida en una disputa por el territorio, la energía y la memoria de un barrio. En 1999, la familia Bland entregó casi 88 acres de terreno, unas 35 hectáreas, por solo 10 dólares a una entidad vinculada a parques públicos. La nota de la escritura decía que la propiedad debía mantenerse para un futuro uso como parque en el condado de Williamson.

Casi tres décadas después, esos terrenos están en el centro de un proyecto muy distinto. Blueprint Projects planea levantar allí un centro de datos de 135.000 pies cuadrados, unos 12.500 metros cuadrados, con una inversión total prevista de 1.000 millones de dólares. Para muchos vecinos, la pregunta es sencilla. ¿Cómo puede una tierra pensada para jugar acabar alimentando servidores, inteligencia artificial y una nueva subestación eléctrica?

Del parque al negocio

La cronología oficial ayuda a entender por qué el enfado no se ha apagado. El Ayuntamiento de Taylor recoge que la familia Bland vendió el terreno por 10 dólares a la Texas Parks and Recreation Foundation el 7 de julio de 1999. En esa primera operación figuraba la idea de conservarlo para uso futuro como zona de parque.

Después, la propiedad cambió de manos varias veces. En 2003 pasó a la Williamson County Park Foundation y, un mes más tarde, a la ciudad de Taylor. En 2008, el Ayuntamiento la vendió a la Taylor Economic Development Corporation a cambio de 39 acres en otro lugar y 15.000 dólares.

El giro llegó en 2025. Según la propia ciudad, la Taylor EDC vendió la propiedad al promotor por 10 millones de dólares el 11 de abril de ese año. Y ahí está el salto que indigna a los vecinos. Lo que empezó como una cesión simbólica para un parque acabó como una operación millonaria para una infraestructura tecnológica.

Un centro de datos junto al barrio

El proyecto no es pequeño. La ciudad explica que el centro de datos estará en el sureste de Taylor, dentro del trazado de Carlos G Parker Boulevard, entre Martin Luther King Boulevard y las vías del tren. La instalación se desarrollaría en tres fases y serviría para almacenar datos, alojar páginas web y procesar inteligencia artificial, entre otros usos.

El complejo incluiría tres edificios, una subestación eléctrica, generadores de respaldo y un sistema de refrigeración de circuito cerrado. Dicho así, suena técnico. En la práctica, significa una instalación pensada para funcionar de forma continua, con una demanda energética importante y equipos que necesitan refrigeración constante. Y eso se nota.

La ciudad defiende que el proyecto puede traer beneficios económicos. Calcula hasta 30 millones de dólares de ingresos adicionales para Taylor en 10 años, que podrían destinarse a reducir impuestos sobre la propiedad e invertir en calles, aceras, parques y otros servicios. El distrito escolar también proyecta hasta 20 millones para instalaciones, salarios docentes y mejoras educativas.

Los vecinos no lo ven igual

Para quienes viven cerca, la promesa económica no borra el problema de fondo. La ciudad reconoce que ha recibido quejas por ruido, contaminación lumínica, campos electromagnéticos, posible contaminación del agua y del aire, además del impacto visual y la pérdida de valor de las viviendas. No es una preocupación menor cuando hablamos de una instalación industrial cerca de casas.

El malestar también tiene una parte emocional. 404 Media recogió el testimonio de Pamela Griffin, vecina vinculada al terreno desde hace generaciones, que recordó cómo su familia jugaba en esa zona. Según Tom’s Hardware, Griffin resume su postura con una frase muy directa. «No estoy luchando solo por un centro de datos. Lucho porque esta tierra fue escriturada como parque».

La coalición contraria al proyecto insiste en la misma idea. No se trata solo de rechazar todos los centros de datos, sino de cuestionar que esta industria se instale precisamente en una tierra que, según los vecinos, tenía otro destino. Carrie D’Anna, de Halt Taylor Data Center Coalition, declaró a FOX 7 Austin que esa industria «no pertenece a esa tierra».

La versión de la ciudad

El Ayuntamiento sostiene que la nota original sobre el uso como parque no era una restricción legal de la escritura. En su página oficial, la ciudad afirma que en las transmisiones posteriores no aparecían notas ni restricciones sobre el uso de la propiedad. Ese matiz jurídico es clave, porque separa la intención original de la obligación legal.

También recuerda que la zona está vinculada a usos industriales desde hace años. Según Taylor, la propiedad estaba clasificada para uso industrial al menos desde 2005 y en 2023 pasó a la categoría EC, denominada Employment Center. En el fondo, la ciudad argumenta que el marco urbanístico ya permitía un desarrollo de este tipo.

Pero una cosa es lo que permite el mapa y otra lo que acepta una comunidad. Esa es la grieta que se ha abierto en Taylor. Los vecinos ven una promesa incumplida. La ciudad ve un proyecto legal, con ingresos públicos y medidas de mitigación. Dos lecturas del mismo suelo.

El punto ambiental

La ciudad encargó a HDR una evaluación sobre los impactos ambientales señalados por los residentes. En su resumen, Taylor afirma que los generadores diésel solo funcionarían durante cortes eléctricos y que sus emisiones estarían reguladas por la TCEQ. También indica que no se esperan otras emisiones conocidas del centro de datos.

Sobre el agua, el Ayuntamiento asegura que la refrigeración propuesta será de circuito cerrado y que no supondrá una gran demanda para el sistema municipal. Este detalle importa, porque muchos centros de datos han sido criticados por su consumo de agua. Aun así, el proyecto sí será un gran consumidor eléctrico conectado a la red, aunque el promotor habría coordinado las cargas con Oncor y pagado la subestación para no afectar al suministro existente.

El debate local encaja en una preocupación mucho más amplia. La Agencia Internacional de la Energía calcula que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos podría duplicarse hasta unos 945 TWh en 2030, impulsado sobre todo por la inteligencia artificial. En Estados Unidos, esta infraestructura será una de las grandes presiones sobre la red durante los próximos años.

La pregunta que queda

Taylor no discute solo un edificio. Discute qué valor tiene una promesa hecha hace casi 30 años, qué pesa más en una ciudad pequeña y hasta dónde puede llegar la expansión digital cuando entra en conflicto con espacios comunitarios. Porque los datos parecen limpios cuando están en la nube, pero la nube siempre toca tierra en algún sitio.

Ahora, el proyecto sigue adelante en medio de recursos legales, protestas vecinales y una conversación pública que ya no es solo local. En tiempos de inteligencia artificial, cada nuevo centro de datos trae una pregunta incómoda. ¿Quién paga el coste real de mantener encendidos esos ordenadores gigantes?

La información oficial del proyecto ha sido publicada por el Ayuntamiento de Taylor.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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