Escondida bajo más de 3 kilómetros de hielo en la Antártida, los científicos han hallado una estructura geológica con forma de mano gigante formada por 30 cuencas conectadas entre sí
En algunas zonas, bajo más de tres kilómetros de hielo, la Antártida Oriental esconde una red de valles y cuencas que hasta ahora solían estudiarse por separado. Un estudio publicado el 3 de junio de 2026 sostiene que 30 de esas depresiones forman en realidad una única estructura de tamaño continental, abierta como un abanico desde un punto cercano al Polo Sur.
El hallazgo no consiste tanto en descubrir accidentes desconocidos como en ver que encajan dentro del mismo dibujo. Esa conexión ofrece una nueva explicación sobre cómo se deformó el continente antes de la ruptura de Gondwana y por qué el terreno oculto sigue guiando el movimiento del hielo actual.
Una mano de tamaño continental
El estudio fue dirigido por Egidio Armadillo, del Laboratorio de Geofísica Aplicada de la Universidad de Génova. El equipo combinó mapas del relieve bajo el hielo con datos de gravedad, magnetismo, ondas sísmicas y modelos de la corteza terrestre para comprobar si el patrón era algo más que una coincidencia.
Los investigadores llaman al conjunto Provincia de Cuencas en Forma de Abanico de la Antártida Oriental. En la práctica, se parece a una mano abierta, con las tierras elevadas como dedos y las cuencas triangulares ocupando los huecos entre ellos. La «muñeca» estaría cerca del Polo Sur.
Cómo se abrió el abanico
La explicación propuesta es la extensión rotacional distribuida. Dicho de forma sencilla, una parte de la corteza habría actuado como punto de giro mientras grandes bloques se separaban poco a poco a través de numerosas fallas radiales, en lugar de romperse siguiendo una sola línea.
El modelo podría conectar varios rasgos conocidos. Al oeste, la deformación habría favorecido el levantamiento de las montañas Gamburtsev y, al este, habría contribuido al giro y la fragmentación de las montañas Transantárticas. También pudo crear una zona débil que más tarde orientó la separación entre la Antártida y Australia.
Una huella que guía el hielo
Las cuencas se encuentran bajo aproximadamente la mitad de la capa de hielo de la Antártida Oriental. Su forma importa porque el hielo no avanza sobre una superficie lisa, sino que se canaliza por valles, depresiones y pasos rocosos, igual que el agua busca las zonas bajas de un terreno.
El trabajo relaciona varios límites tectónicos con grandes glaciares de salida. Esta conexión no equivale a una predicción de deshielo, pero puede ayudar a mejorar los modelos que calculan cómo responderá la capa helada al calentamiento. Mapas recientes como Bedmap3 ya muestran con mucho más detalle ese paisaje enterrado.
Lo que aún no se sabe
El modelo sigue siendo una hipótesis que debe ponerse a prueba. Los científicos no pueden precisar cuándo comenzó la apertura del abanico ni si ocurrió en una sola etapa, aunque consideran probable que esté vinculada a distintos episodios anteriores y posteriores a la fragmentación de Gondwana.
Para afinar la historia harán falta mediciones de radar más densas, nuevos estudios aéreos de gravedad y magnetismo e imágenes sísmicas más precisas. Entre los coautores figura Martin Siegert, científico polar de la Universidad de Exeter especializado en el entorno subglacial antártico.
El estudio se ha publicado en Nature Geoscience.
Imagen: U.S. Department of State from United States / Wikimedia Commons (Public domain)












