La sonda Juno ha medido el calor escondido bajo el suelo de Io, la luna más volcánica de Júpiter, y descubrió que la temperatura sube más de 20 grados a solo unos metros de profundidad incluso donde no hay volcanes a la vista

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Por HoyECO
Publicado el 29 de septiembre de 2026 a las 18:49
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Io con una erupción volcánica visible en su borde, fotografiada por la sonda Galileo

La sonda Juno de la NASA ha encontrado señales de calor bajo la superficie de Io, la luna volcánica de Júpiter, incluso en terrenos sin puntos calientes evidentes. Sus observaciones permiten deducir que la temperatura aumenta más de 20 °C al adentrarse unos metros en el suelo de las regiones analizadas.

El hallazgo amplía lo que sabemos sobre cómo escapa la energía de este mundo cubierto de volcanes. La duda es si ese calor asciende de forma extendida a través de la corteza o procede de lava que permanece caliente bajo una cubierta solidificada.

Una mirada bajo el suelo

Los datos se recogieron durante los sobrevuelos del 30 de diciembre de 2023 y el 3 de febrero de 2024. En ambos encuentros, Juno pasó a unos 1.500 kilómetros de la superficie de Io. El estudio está dirigido por Shannon Brown, investigador del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

La herramienta utilizada fue su radiómetro de microondas, conocido como MWR, diseñado originalmente para estudiar el interior de la atmósfera de Júpiter. Sus seis antenas captan radiación en distintas longitudes de onda, que permiten explorar diferentes profundidades.

La nave registró emisiones que contienen información sobre las capas enterradas. Después, el equipo interpretó esas señales mediante modelos que tienen en cuenta cómo los materiales absorben y reflejan las microondas, de modo que las temperaturas se deducen a distancia.

Qué significan esos 20 grados

¿Se ha calentado Io más de 20 grados entre una visita y otra? La cifra describe una diferencia entre capas situadas a distintas profundidades, no un aumento a lo largo del tiempo. Tampoco significa que la temperatura suba 20 grados por cada metro.

El equipo encontró ese calentamiento hacia el interior en todas las regiones muestreadas, con una intensidad que la luz solar por sí sola no explica. La cobertura se limita a dos sobrevuelos, por lo que todavía no permite afirmar que el comportamiento sea idéntico en toda la luna.

Dos caminos para el calor

Una primera explicación plantea que el calor atraviesa la corteza de manera continua por conducción, como sucede cuando una cuchara transmite el calor de una bebida. Para reproducir las observaciones, este modelo necesita un flujo de entre 1 y 3 vatios por metro cuadrado.

La otra posibilidad es que haya lava reciente o focos calientes cubiertos por una costra que se enfría. Según el modelo, fuentes enterradas bajo unos diez metros de corteza y distribuidas por aproximadamente el 10 % de la superficie podrían generar una señal similar.

Estas cifras describen escenarios compatibles con los datos. Juno aún no ha trazado un mapa que confirme esa extensión de lava enterrada, y las mediciones disponibles no bastan para decidir cuánto aporta cada mecanismo.

Un suelo ligero y poroso

Las microondas también ofrecen pistas sobre el terreno que cubre ese calor. El análisis estima una densidad de entre 0,7 y 1,1 gramos por centímetro cúbico en la capa más superficial, de menos de diez centímetros de profundidad.

Ese resultado encaja con un material poroso, comparable en densidad a cenizas volcánicas o piedra pómez, en lugar de roca compacta. Además, a la escala de observación del instrumento aparecen grandes zonas relativamente lisas, aunque Io también tiene montañas y terrenos accidentados.

Júpiter alimenta los volcanes

La fuente de energía está relacionada con la gravedad. Durante su órbita ligeramente elíptica, Io se estira y comprime bajo la atracción de Júpiter, y parte de esa deformación se transforma en calor dentro de la luna.

Ese proceso ayuda a mantener su intensa actividad volcánica, pero no obliga a que exista un océano de magma justo bajo toda la corteza. Un estudio publicado en Nature en diciembre de 2024 descartó un océano global poco profundo y encontró resultados compatibles con un manto mayoritariamente sólido.

Lo que falta por resolver

Hasta ahora, las observaciones infrarrojas habían permitido estudiar sobre todo el calor de la superficie. Las microondas añaden información sobre lo que ocurre debajo, algo parecido a distinguir entre mirar la costra de un pan recién horneado y averiguar cuánto calor conserva dentro.

«Ahora podemos caracterizar cómo el calor se desplaza desde el interior hacia la superficie», explica Scott Bolton, investigador principal de Juno. El equipo plantea que instrumentos similares podrían aportar información sobre los volcanes terrestres, una posibilidad que todavía requiere investigación.

Para distinguir las explicaciones propuestas será útil ampliar las observaciones y compararlas con los mapas de actividad volcánica. El estudio se publicó en Journal of Geophysical Research (Planets), y el comunicado oficial sobre sus resultados fue publicado el 22 de julio de 2026 en la web de la NASA.

Imagen: NASA/JPL/DLR / Wikimedia Commons (dominio público)

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