BepiColombo ha superado una de las maniobras clave de su viaje hacia Mercurio. El pasado 3 de septiembre de 2026, la misión europea y japonesa se desprendió del módulo que le había proporcionado energía y propulsión durante casi ocho años, un paso necesario para colocar sus dos sondas científicas alrededor del planeta.
Las naves todavía viajan unidas y su entrada en órbita está prevista para el 21 de noviembre. Si las próximas operaciones salen según lo previsto, comenzarán su fase científica regular en abril de 2027 para investigar un mundo que conserva hielo en zonas de sombra y cuyo interior sigue planteando preguntas.
Una separación a enorme distancia
La operación se controló desde Darmstadt, en Alemania, a unos 200 millones de kilómetros de la nave. La confirmación definitiva llegó casi dos horas después del momento previsto para la separación, tras una secuencia que incluía reorientar y reconfigurar el conjunto antes de transmitir su estado.
«Estamos entusiasmados, pero también aliviados», declaró Ignacio «Nacho» Clerigo, responsable de operaciones de BepiColombo en la ESA, según recoge el comunicado oficial. Las antenas de Cebreros, en Ávila, y Malargüe, en Argentina, participaron en la recepción de las señales que permitieron confirmar el éxito.
Por qué ha tardado tanto
¿Cómo puede llevar tantos años alcanzar un planeta del sistema solar interior? La dificultad está en llegar con la velocidad adecuada para quedar atrapado por su gravedad. Al acercarse al Sol, una nave tiende a acelerar y necesita perder energía para evitar pasar de largo.
BepiColombo ha utilizado nueve sobrevuelos planetarios para ajustar su trayectoria, uno de la Tierra, dos de Venus y seis de Mercurio. Aprovechar la gravedad de esos mundos permite ahorrar combustible, pero obliga a esperar los encuentros adecuados. Ese ahorro tiene un coste en tiempo.
Durante la travesía también funcionó un sistema que empleaba electricidad de los paneles solares para acelerar gas xenón y generar empuje. Sus motores se apagaron definitivamente el 15 de junio de 2026, una vez completada su última etapa de propulsión.
Dos miradas sobre Mercurio
La misión reúne al orbitador europeo MPO y al japonés Mio. El primero lleva 11 experimentos científicos para estudiar aspectos como el relieve, los minerales y la estructura interna del planeta, mientras que Mio dispone de cinco instrumentos centrados en su entorno espacial.
Trabajar al mismo tiempo desde órbitas diferentes ayudará a interpretar mejor las mediciones. Según explica la agencia japonesa JAXA, combinar ambas sondas permitirá distinguir el campo magnético propio de Mercurio de las perturbaciones causadas por el viento solar, el flujo de partículas procedente del Sol.
Hielo bajo un calor extremo
Mercurio puede alcanzar unos 430 °C durante el día y bajar hasta aproximadamente 180 °C bajo cero por la noche, según los datos de la NASA. Sin embargo, en las regiones polares existen cráteres profundos con zonas permanentemente a oscuras, donde el hielo puede mantenerse protegido del calor.
Los instrumentos de BepiColombo buscarán precisar la cantidad y distribución de ese hielo. También podrían aportar pistas sobre su procedencia, aunque la ESA advierte de que las mediciones no garantizarán una respuesta definitiva sobre su origen.
Para las sondas, ese entorno obliga a cuidar cada detalle. Antenas, paneles solares y aislamiento cuentan con materiales y recubrimientos resistentes, mientras que el orbitador europeo incorpora un radiador diseñado para evacuar calor. Mantener los equipos a una temperatura adecuada será parte del trabajo diario.
Las cavidades que intrigan
Otro objetivo son unas depresiones superficiales conocidas como «hollows», observadas por la misión Messenger de la NASA. Una de las explicaciones propuestas es que ciertos materiales volátiles escapan al espacio y dejan esas cavidades, pero el proceso que las origina sigue sin estar aclarado.
Comparar las nuevas observaciones con las imágenes anteriores permitirá buscar cambios en esas formas del terreno. Si se detecta que crecen o se modifican, habría nuevas pruebas de actividad geológica reciente. Es una de las preguntas que la ESA espera investigar con la misión.
Los pasos que faltan
Tras la entrada en órbita prevista para noviembre, MPO y Mio deberán separarse entre el 9 y el 10 de diciembre de 2026. Después, el orbitador europeo continuará ajustando su trayectoria hasta alcanzar su órbita científica en marzo de 2027, antes del comienzo de las observaciones regulares de ambos vehículos en abril.
La llegada se desarrolla por etapas y aún quedan maniobras decisivas por completar. La actualización oficial más reciente sobre este proceso fue publicada el 21 de septiembre de 2026 en la web de la Agencia Espacial Europea.
Imagen: ESA / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0 igo)







