Un estudio demuestra que Mercurio tiene una capa de 16 kilómetros de espesor de diamantes bajo su superficie entre el núcleo y el manto del planeta

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Por HoyECO
Publicado el: 23 de mayo de 2026 a las 15:40
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Imagen de Mercurio captada por la NASA donde un estudio sitúa una posible capa de diamantes bajo el planeta

Mercurio parece un planeta seco, gris y castigado por el Sol. Pero bajo esa superficie oscura podría guardar una de las sorpresas más extrañas del sistema solar. Un estudio publicado en «Nature Communications» plantea que, en la frontera entre el manto y el núcleo del planeta, podría existir una capa rica en diamante de unos 14,9 a 18,3 kilómetros de espesor medio.

La noticia ha vuelto a circular estos días, pero conviene poner el freno desde el principio. No hablamos de diamantes accesibles ni de una mina espacial esperando ser explotada. Hablamos de un modelo científico basado en datos de la misión MESSENGER de la NASA, experimentos de alta presión y cálculos sobre cómo se formó Mercurio. Y eso cambia mucho la historia.

Un planeta oscuro con una pista clave

El punto de partida está en el color de Mercurio. Su superficie es muy oscura, más de lo que cabría esperar en un planeta rocoso tan cercano al Sol. Desde hace años, los datos de la nave MESSENGER apuntan a que esa oscuridad está relacionada con la presencia de grafito, una forma de carbono parecida al material que encontramos en la mina de un lápiz.

La NASA explica que MESSENGER orbitó Mercurio durante más de cuatro años y permitió conocer mejor su composición, su historia geológica y su campo magnético. La misión terminó en 2015, cuando la nave impactó contra la superficie del planeta.

Ese grafito no parece ser un simple regalo traído por impactos externos. Según el estudio, su relación con materiales profundos expuestos en cráteres apunta a un origen interno. Dicho de otra forma, Mercurio habría sido un mundo muy rico en carbono desde sus primeras etapas.

La sorpresa bajo el manto

Durante mucho tiempo se pensó que el carbono de Mercurio debía estar sobre todo en forma de grafito. Era lo lógico. Las presiones estimadas en el interior del planeta parecían demasiado bajas para que el diamante fuera estable.

Pero los nuevos modelos de estructura interna han cambiado parte del cuadro. Los investigadores recalcularon la presión en la frontera entre el núcleo y el manto, y situaron ese límite en torno a 5,38 y 5,77 gigapascales, con un máximo posible de unos 7 gigapascales. En esas condiciones, el carbono puede comportarse de otra forma.

Olivier Namur, investigador de KU Leuven y coautor del trabajo, lo resumió así a Space.com. «Calculamos que, dada la nueva estimación de la presión en el límite entre el manto y el núcleo, y sabiendo que Mercurio es un planeta rico en carbono, el mineral portador de carbono que se formaría en la interfaz entre el manto y el núcleo es diamante y no grafito».

Cómo se forma una capa así

La imagen suena casi de cuento, pero el proceso es bastante físico. Cuando Mercurio se formó hace unos 4500 millones de años, su núcleo estaba fundido. Con el paso del tiempo, ese núcleo empezó a cristalizar desde dentro.

Al solidificarse parte del núcleo, el carbono quedó concentrado en el metal líquido restante. Llega un momento en que ese líquido ya no puede mantener tanto carbono disuelto. Entonces aparece una fase rica en carbono, y el estudio propone que, en las condiciones de Mercurio, esa fase pudo ser diamante.

Aquí hay un detalle importante. El diamante es denso, pero no tanto como el metal líquido del núcleo. Por eso habría flotado hacia arriba hasta detenerse en la frontera entre el núcleo y el manto. Poco a poco, esa acumulación podría haber formado una capa profunda.

No es un tesoro para extraer

La cifra más llamativa es la del grosor. El estudio calcula una capa media actual de unos 14,9 a 18,3 kilómetros, con una incertidumbre de 10,6 kilómetros. Es mucho en una noticia, pero en ciencia esa incertidumbre obliga a ser prudentes.

Además, esa posible capa estaría enterrada a enorme profundidad, cerca del núcleo de Mercurio. No se puede ver desde la superficie, no se puede perforar y no hay ninguna tecnología que permita pensar en extraerla. Es más parecido a descubrir cómo respira un planeta por dentro que a encontrar una joyería cósmica.

¿Entonces por qué importa? Porque ayuda a entender cómo se comporta el carbono en planetas rocosos. También puede explicar parte de la historia térmica de Mercurio, un planeta que parece haberse enfriado y apagado geológicamente muy pronto.

El papel del azufre

El estudio no se queda solo en el carbono. También mira al azufre, un elemento importante en Mercurio. Bajo las condiciones químicas del planeta, el azufre puede bajar la temperatura a la que el magma empieza a cristalizar.

Eso abre una puerta pequeña, pero interesante. En algunos modelos, el diamante pudo formarse también en el océano de magma primitivo. Aun así, los autores señalan que este camino habría producido una capa muy fina, de entre 0,1 y 200 metros en los casos calculados.

Por eso el mecanismo principal sería otro. La clave estaría en la cristalización del núcleo metálico. Namur lo explicó de forma sencilla al hablar de dos procesos posibles, aunque el más importante sería «la cristalización del núcleo metálico de Mercurio».

Lo que puede aclarar BepiColombo

La gran pregunta ahora es cómo comprobar algo que está tan profundo. Los propios autores reconocen que una capa así, tan fina a escala planetaria, no puede confirmarse de forma clara con los modelos interiores actuales. Hay demasiadas incertidumbres sobre las propiedades del manto y del núcleo.

Ahí entra BepiColombo, la misión de la Agencia Espacial Europea y la agencia japonesa JAXA. Según la ESA, la nave llegará a Mercurio en noviembre de 2026 y comenzará sus operaciones científicas rutinarias a comienzos de 2027. Su objetivo será estudiar, entre otras cosas, la superficie, el interior y el campo magnético del planeta.

No significa que vaya a fotografiar diamantes. La ciencia rara vez funciona así. Pero sí podría afinar los modelos sobre el interior de Mercurio y ayudar a saber si esa capa rica en carbono encaja mejor con los datos reales.

Un diamante que cuenta una historia

La posible capa de diamante no convierte a Mercurio en un planeta de lujo. Lo convierte en un laboratorio natural para entender cómo nacen y evolucionan los mundos rocosos. En el fondo, la historia va de carbono, presión, calor y tiempo.

También recuerda algo sencillo. Incluso los planetas que parecen apagados pueden esconder procesos muy complejos bajo la superficie. Mercurio, pequeño y abrasado por el Sol, quizá tenga bajo sus pies una pista clave sobre la química del sistema solar.

El estudio completo ha sido publicado en Nature Communications.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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