Parece normal pero la NASA captó objetos luminosos volando a 27.000 km/h al lado de la Tierra durante el despegue del Artemis II y esconde un peligro real

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Publicado el: 22 de mayo de 2026 a las 18:49
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Nave Orion de Artemis II junto a la Tierra y la Luna durante la misión de la NASA.

Una animación creada con imágenes tomadas desde la nave Orion durante Artemis II ha mostrado pequeños puntos de luz moviéndose alrededor de la Tierra. A primera vista podrían parecer estrellas, o incluso alimentar historias sobre objetos extraños, pero la explicación más probable es bastante más cercana y preocupante, satélites y material artificial en órbita baja reflejando la luz del Sol.

Lo que llama la atención no es solo verlos. Es recordar la velocidad a la que pueden moverse. La NASA explica que la basura orbital en órbita baja, por debajo de los 2000 kilómetros, viaja a unos 7 u 8 kilómetros por segundo. Traducido a algo más fácil de imaginar, hablamos de unos 25.000 a 29.000 kilómetros por hora. A esa velocidad, hasta un fragmento pequeño puede convertirse en un problema serio.

No son ovnis

La secuencia fue editada y difundida por Seán Doran a partir de fotografías tomadas en rápida sucesión durante la misión. En ella se ven varios puntos luminosos alrededor del planeta, aunque no se ha identificado con precisión qué es cada uno de esos objetos. Ese matiz importa.

Algunos pueden ser satélites operativos. Otros podrían ser restos de cohetes, satélites fuera de servicio o fragmentos orbitales. En cualquier caso, la imagen enseña algo que normalmente no vemos cuando miramos al cielo desde la calle. La Tierra ya no está rodeada de un espacio limpio y vacío.

Artemis II cambió la mirada

Artemis II fue una misión histórica porque llevó de nuevo astronautas alrededor de la Luna por primera vez en más de medio siglo. La NASA confirmó que la nave Orion amerizó el 10 de abril de 2026 frente a la costa de California tras un viaje de casi diez días con Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen a bordo.

Desde esa posición, Orion no solo miró a la Luna. También miró hacia la Tierra y hacia esa zona cercana donde se concentran muchos satélites que usamos a diario. GPS, previsión del tiempo, comunicaciones, seguimiento de incendios o control de cultivos. Parece algo lejano, pero está metido en nuestra vida cotidiana. Y eso se nota.

Una órbita muy ocupada

La Agencia Espacial Europea calcula que desde el inicio de la era espacial se han lanzado unos 25.920 satélites a la órbita terrestre. De ellos, alrededor de 17.610 siguen en el espacio y unos 15.200 continúan funcionando. Además, las redes de vigilancia espacial mantienen en sus catálogos unos 44.870 objetos rastreados.

El dato se queda corto si miramos lo que no se puede seguir con facilidad. Los modelos de la ESA estiman unos 54.000 objetos de más de 10 centímetros, 1,2 millones de fragmentos de entre 1 y 10 centímetros y unos 140 millones de piezas de entre 1 milímetro y 1 centímetro. No todo se ve. No todo se puede esquivar con tiempo.

La velocidad lo cambia todo

En la Tierra, una tuerca pequeña en el suelo no asusta a nadie. En órbita, esa misma idea cambia por completo. La NASA señala que la velocidad media de impacto entre basura orbital y otro objeto espacial ronda los 10 kilómetros por segundo, y puede llegar a unos 15 kilómetros por segundo.

The Aerospace Corporation lo resume con una imagen muy clara. Una colisión orbital «se parece más a una explosión» que a un choque normal. Por eso los lanzamientos deben calcular ventanas seguras y los satélites maniobrables tienen que gastar combustible para evitar acercamientos peligrosos. No es poca cosa.

También es medio ambiente

Cuando hablamos de contaminación, solemos pensar en ríos sucios, humo, plásticos o vertederos. Pero la órbita terrestre también es un entorno que se puede degradar. No tiene árboles ni playas, pero sí tiene una función esencial para la vida moderna.

Los satélites ayudan a vigilar sequías, incendios, huracanes, pérdida de hielo, contaminación atmosférica y cambios en los océanos. Si esa infraestructura se vuelve más cara, más arriesgada o más difícil de mantener, también perdemos capacidad para entender lo que ocurre en el planeta. Es una cadena larga, pero real.

Lo pequeño también cuenta

El mayor problema no siempre es el objeto grande que se puede seguir desde tierra. Muchas piezas pequeñas no se rastrean una a una, pero pueden dañar paneles solares, sensores, ventanas o sistemas críticos. La NASA recuerda que los objetos grandes se siguen de forma rutinaria, mientras que los más pequeños se estiman con radares y estudios de impactos en naves recuperadas.

Es como conducir por una carretera donde algunos obstáculos aparecen en el navegador y otros no. Puedes planificar, sí, pero nunca con una seguridad perfecta. En el espacio, además, no hay arcén donde apartarse de forma sencilla.

La solución no es mirar hacia otro lado

La NASA considera que la medida más importante es evitar la creación innecesaria de nuevos restos. Eso implica diseñar satélites y cohetes para retirarlos al final de su vida útil, vaciar o asegurar depósitos que puedan explotar y coordinar mejor el tráfico espacial. Limpiar lo que ya está arriba, en cambio, sigue siendo un reto técnico y económico.

La ESA advierte en su informe más reciente que, incluso si se detuvieran los lanzamientos, la cantidad de basura espacial en órbita baja probablemente seguiría aumentando por colisiones y fragmentaciones. El reloj no corre de golpe, pero corre. Y el problema es que cada choque puede crear más piezas y más riesgo para todos.

Una advertencia brillante

La animación de Artemis II no prueba que cada punto luminoso sea basura espacial. Tampoco hace falta exagerarlo. Su valor está en otra cosa, convierte una cifra fría en una imagen fácil de entender.

Lo que vemos es bonito, casi hipnótico. Pero también recuerda que la órbita baja se está convirtiendo en una zona de tráfico intenso, con normas que tendrán que ser cada vez más estrictas si queremos seguir usando el espacio sin convertirlo en un vertedero difícil de gestionar.

El informe oficial más reciente sobre el entorno orbital ha sido publicado por la Agencia Espacial Europea en su Space Environment Report 2026.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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