Lo que hoy parece un desierto en Marruecos fue el fondo de un profundo y oscuro mar de 200 metros de profundidad hace millones de años

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Por HoyECO
Publicado el: 20 de mayo de 2026 a las 22:03
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Formaciones rocosas con arrugas fósiles en el Alto Atlas de Marruecos, antiguo fondo marino profundo del Jurásico.

Durante millones de años, una parte del Alto Atlas de Marruecos no fue el paisaje seco y rocoso que vemos hoy. Fue un fondo marino profundo, cubierto por sedimentos y corrientes submarinas. Ahora, unas pequeñas «arrugas» conservadas en la roca han dado una pista inesperada sobre la vida que pudo prosperar allí, lejos de la luz solar.

La conclusión principal del nuevo estudio es llamativa. Esas marcas no encajan bien con la explicación clásica de los tapices microbianos de aguas poco profundas. Según el equipo científico, pudieron formarse por comunidades microbianas quimiosintéticas, organismos capaces de vivir usando energía química en lugar de depender del sol. No es poca cosa.

Un mar bajo el Atlas

El hallazgo procede de la Formación de Tagoudite, en el Alto Atlas Central de Marruecos. Allí, los investigadores estudiaron rocas del Toarciense inferior, una etapa del Jurásico temprano, cuando esa zona estaba ocupada por un ambiente marino profundo.

El estudio calcula una paleoprofundidad mínima de unos 200 metros. En la práctica, esto significa que las rocas no se formaron en una playa ni en una laguna iluminada, sino en un fondo marino oscuro y turbio, donde la luz útil para la fotosíntesis apenas tenía margen para actuar.

Las capas estudiadas son turbiditas, es decir, depósitos dejados por corrientes submarinas cargadas de arena y limo. Puede imaginarse como una avalancha bajo el agua, capaz de arrastrar sedimentos y materia orgánica hacia zonas más profundas del mar.

Las arrugas que no cuadraban

Las estructuras descubiertas son pequeñas crestas, surcos y relieves ondulados. Algunas miden milímetros y otras llegan al centímetro. A simple vista recuerdan a una piel rugosa, por eso los investigadores las comparan con texturas conocidas como «piel de elefante».

Hasta ahora, muchas marcas de este tipo se interpretaban como restos de tapices microbianos de aguas someras. El problema es que aquí el escenario era otro. Demasiada profundidad, demasiada turbidez y muy poca luz.

Rowan Martindale, investigadora de la Universidad de Texas en Austin, lo resumió de forma muy clara al recordar el momento del hallazgo. «Miré las arrugas y pensé que no deberían estar en rocas como estas», explicó.

Vida sin sol

La clave está en la quimiosíntesis. A diferencia de la fotosíntesis, que necesita luz solar, este proceso obtiene energía de reacciones químicas. En los fondos marinos actuales existen comunidades capaces de vivir así, por ejemplo en sedimentos ricos en materia orgánica o en ambientes donde hay compuestos de azufre.

Según el estudio, los microorganismos pudieron formar tapices sobre el fondo marino. Esos tapices habrían atrapado y fijado sedimentos, dejando una textura que más tarde quedó preservada en la roca.

¿Qué significa esto en la práctica? Que la vida no siempre necesitó un entorno cómodo para dejar huella. Incluso en un fondo oscuro, con corrientes y condiciones difíciles, pudo organizarse en comunidades microscópicas. Y eso cambia la mirada.

La pista estaba en el carbono

Los investigadores no se quedaron solo con la forma de las arrugas. También analizaron muestras al microscopio y usaron técnicas químicas para estudiar su composición. Debajo de las superficies arrugadas detectaron concentraciones elevadas de carbono en una franja muy fina, de entre 250 y 750 micras.

Ese carbono puede indicar materia orgánica. Según los autores, pudo ser alimento para la comunidad microbiana, restos de esa misma comunidad o ambas cosas a la vez. Es una señal pequeña, pero importante.

También importa la forma de las estructuras. Las crestas redondeadas y los surcos sinuosos encajan con movimientos de agregados microbianos o fragmentos de tapices sobre el fondo marino. No es una prueba aislada, sino un conjunto de pistas que apuntan en la misma dirección.

Un fósil fácil de pasar por alto

El descubrimiento tiene otra lectura. Durante mucho tiempo, algunas arrugas en rocas profundas se explicaban como simples deformaciones físicas causadas por corrientes o deslizamientos submarinos. Pero este trabajo sugiere que, al menos en algunos casos, podría haber una historia biológica detrás.

Esto no significa que todas las marcas rugosas sean fósiles microbianos. Los propios investigadores hablan de una propuesta basada en el contexto sedimentario, la química y la forma de las estructuras. Ese matiz es importante, porque en geología una roca rara vez cuenta su historia con una sola pista.

Jake Bailey, profesor de la Universidad de Minnesota que no participó en el trabajo, señaló que algunos de los mayores ecosistemas microbianos actuales están en el océano oscuro. Su lectura del estudio es que ciertas estructuras antiguas podrían registrar organismos que no dependían de la luz, sino de la química.

Por qué importa este hallazgo

El valor del descubrimiento va más allá de Marruecos. Si estas arrugas se formaron por tapices quimiosintéticos, los científicos podrían tener que revisar otros depósitos antiguos parecidos. Algunas huellas de vida microbiana quizá han pasado desapercibidas o se han interpretado como simples marcas físicas.

El estudio también amplía los lugares donde buscar señales de vida antigua. No solo en ambientes costeros o soleados, sino también en fondos marinos profundos, donde la energía química pudo sostener comunidades enteras. Es una idea sencilla, pero poderosa.

En el fondo, estas arrugas recuerdan algo que la naturaleza demuestra una y otra vez. La vida encuentra caminos incluso donde parece que no hay mucho que aprovechar. Un poco de carbono, compuestos químicos, sedimento y tiempo. A veces basta con eso.

Lo que queda por comprobar

El equipo plantea que las turbiditas pueden ser una ventana importante para conservar estructuras microbianas. También recuerda que se han observado arrugas en depósitos de distintas edades geológicas, desde el Cámbrico hasta el Jurásico. Eso abre una línea de trabajo bastante prometedora.

Ahora tocará comparar estas rocas con otros yacimientos y afinar el lenguaje con el que se describen estas texturas. Porque «arruga» puede sonar simple, pero en una roca puede esconder procesos físicos, biológicos o una mezcla de ambos.

El estudio científico ha sido publicado en la revista Geology.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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