Los científicos descubren un ‘camino de baldosas amarillas’ en el fondo del océano y solo hemos fotografiado el 0,001% del lecho marino

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Publicado el: 3 de mayo de 2026 a las 09:38
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Roca volcánica del fondo marino captada por el Nautilus con textura similar a baldosas en el océano profundo.

Hay imágenes que, aunque duren segundos, se te quedan pegadas. En una inmersión del buque de exploración E/V Nautilus, al norte de Hawái, una superficie rocosa empezó a verse como un suelo “enlosado”, con bloques rectangulares tan bien alineados que por radio alguien bromeó con “el camino a la Atlántida”.

La escena es real, pero el misterio no es mágico. Lo más importante es lo que deja claro. Bajo el océano queda muchísimo por entender y la ciencia apenas está empezando a poner luz en esa oscuridad.

Un hallazgo que sorprende

El “camino” apareció en 2022 mientras el equipo exploraba la cresta Liliʻuokalani dentro de Papahānaumokuākea, un inmenso monumento marino en el Pacífico. La grabación recoge el asombro del grupo, con comentarios como “¿el camino de baldosas amarillas?” y “esto es una locura”.

Hay un detalle que explica por qué el vídeo se hizo tan popular. Estas inmersiones se emiten y permiten seguir la exploración casi en tiempo real, con científicos colaborando desde tierra.

Y aquí viene el giro periodístico. La anécdota es divertida, pero sirve para recordar que gran parte del océano profundo sigue siendo un territorio casi desconocido. Y eso se nota.

Momento del hallazgo | Vídeo: EVNautilus

La geología pone orden

La explicación que dan los investigadores no habla de ruinas, sino de volcanes. Identificaron el “pavimento” como un flujo fracturado de hialoclastita, una roca volcánica que se forma en erupciones energéticas cuando los fragmentos se depositan en el fondo marino.

Lo llamativo son las fracturas en ángulo recto, esas líneas que dibujan “baldosas” casi perfectas. En el vídeo se apunta que podrían estar relacionadas con tensiones de calentamiento y enfriamiento tras varias erupciones en ese borde “horneado”.

A veces el cerebro busca patrones y se adelanta. Vemos un suelo “colocado” porque estamos acostumbrados a calles, aceras y plazas. Pero aquí manda la física de la roca.

El “lago seco” bajo el mar

El tramo más famoso se vio en la cima del monte submarino Nootka, a 1.029 metros de profundidad según el resumen de la campaña de 2022. A esa cota, el fondo puede parecer “seco” bajo los focos del ROV, aunque en realidad es una ilusión de textura y luz.

En las comunicaciones del equipo también aparece esa idea de “costra horneada” que se podría despegar. Es una forma sencilla de describir una superficie fracturada que, en una zona concreta, se rompe en bloques casi rectangulares.

¿Significa esto que estamos ante una rareza imposible de repetir? No necesariamente. Lo interesante es que, bajo condiciones parecidas, la naturaleza puede fabricar geometrías que parecen hechas a mano.

Un santuario enorme y remoto

Papahānaumokuākea no es cualquier lugar del mapa. Es una de las mayores áreas marinas protegidas del planeta y abarca 582.578 millas cuadradas (1.508.870 km²), una extensión mayor que todos los parques nacionales de Estados Unidos juntos.

Su tamaño y su aislamiento explican parte del reto. Está en el noroeste del archipiélago hawaiano, a unos 3.000 kilómetros de la masa continental más cercana, y más del 90% del área está a profundidades superiores a 914 metros.

Cartografiar ayuda, pero no lo arregla todo. Ocean Exploration Trust indica que, tras varias campañas, más de la mitad del fondo del monumento ya se ha mapeado a alta resolución, pero en las zonas más profundas la brecha sigue siendo enorme. En la región, el 97% del fondo marino a más de 3.000 metros permanece sin mapear.

El dato que lo cambia todo

¿Hasta qué punto está “sin ver” el océano profundo, el que empieza a 200 metros? Un estudio científico de 2025 lo puso en números y no son precisamente tranquilizadores.

Según ese trabajo, el océano profundo representa el 66% de la superficie del planeta y, aun así, solo hemos observado visualmente entre el 0,0006% y el 0,001% del fondo marino profundo desde 1958. La mejor estimación de cobertura ronda 3.823 km², aproximadamente una décima parte de Bélgica. No es poca cosa.

Además, no miramos “por igual”. En el mismo estudio, el 65% de las observaciones visuales recogidas estaban a menos de 200 millas náuticas de solo tres países (Estados Unidos, Japón y Nueva Zelanda) y el 97% de los registros de inmersiones procedían de cinco países.

Por qué importa para clima y CO2

El fondo del mar no es un decorado. Es parte del sistema que regula el clima y sostiene procesos que afectan a lo que respiramos y a cuánto CO2 se queda en la atmósfera, aunque no lo veamos.

El mismo estudio recuerda que el océano ha absorbido alrededor del 90% del exceso de calor y cerca del 30% del CO2 liberado a la atmósfera por actividades humanas. Eso ayuda a amortiguar el golpe, pero también cambia el océano por dentro con calentamiento, pérdida de oxígeno y acidificación. (vliz.be)

Por eso, cuando se habla de explotar recursos en profundidad o de nuevas técnicas para retirar CO2 en el mar, la palabra clave es precaución. Si apenas hemos visto una fracción, tomar decisiones sin líneas de base sólidas es como intentar gestionar un bosque con los ojos vendados.

Qué se busca ahora allí abajo

La exploración en Papahānaumokuākea no se queda en la foto curiosa. En proyectos asociados a las expediciones del Nautilus, los equipos analizan servicios ecosistémicos microbianos y cómo interactúan los microbios con minerales en costras de ferromanganeso de montes submarinos.

No es un tema menor. Estas costras pueden contener minerales críticos usados en electrónica y también en industrias ligadas a la transición energética, pero a la vez son hábitats de los que aún sabemos poco.

Así que el “camino de baldosas amarillas” no lleva a una ciudad perdida. Lleva a una conclusión más útil, nos falta mucho por explorar y, cuanto antes sepamos qué hay ahí abajo, mejor podremos protegerlo.

El estudio científico que cuantifica cuánto hemos visto del fondo marino profundo se publicó en Science Advances.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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