El CSIC marca un hito sin precedentes y todo el mundo mira a España: extraen plata, cobre y platino de la basura con una tecnología nunca antes vista

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Publicado el: 20 de mayo de 2026 a las 12:46
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Horno industrial del CSIC utilizado para extraer cobre, plata y platino de residuos electrónicos.

España acaba de dar un paso importante en una carrera que Europa no puede permitirse perder. Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM), del CSIC, han realizado con éxito la primera colada experimental de metales obtenidos a partir de residuos electrónicos mediante un horno vertical de lanza sumergida. En palabras sencillas, han logrado sacar valor de móviles, ordenadores, electrodomésticos y otros aparatos que normalmente acaban siendo un quebradero de cabeza ambiental.

La clave está en una tecnología de fusión que permite recuperar cobre, plata, platino y otros metales de alto valor con mayor aprovechamiento del material y menor impacto ambiental. No es poca cosa. En un momento en el que Europa busca reducir su dependencia exterior en materias primas estratégicas, convertir la basura electrónica en una fuente útil de metales empieza a sonar menos a futuro y más a necesidad urgente.

La basura que guarda metales

Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) no son una bolsa de basura cualquiera. Dentro de un móvil viejo, una placa de ordenador o un electrodoméstico roto puede haber cobre, oro, plata, platino y otros materiales necesarios para fabricar nuevas tecnologías.

El problema es que gran parte de ese valor se pierde. Eurostat calcula que en 2023 se recogieron en la Unión Europea 11,6 kilos de residuos electrónicos por habitante, mientras que la cantidad de aparatos puestos en el mercado siguió creciendo con fuerza en la última década. Cada casa tiene su ejemplo, ese cargador olvidado, un teléfono que ya no enciende o unos auriculares que nadie sabe dónde tirar.

Además, la Agencia Europea de Medio Ambiente recuerda que la tasa de recogida de RAEE en 2022 fue del 40,6 por ciento, por debajo del objetivo del 65 por ciento marcado por la normativa europea. Es decir, Europa genera muchos residuos electrónicos, pero todavía no recupera todo lo que podría recuperar. Y ahí entra esta tecnología española.

Así funciona el horno

El avance del CENIM-CSIC se basa en un horno vertical de lanza sumergida. Este reactor funde la basura electrónica a temperaturas superiores a los 1.200 ºC, una cifra difícil de imaginar hasta que pensamos que ahí dentro los materiales dejan de comportarse como piezas separadas y pasan a formar una masa fundida.

La diferencia con un horno convencional está en cómo se aplica el calor. Félix Antonio López, investigador del CENIM-CSIC, explica que en los hornos tradicionales «el calor se aplica desde fuera». En este caso, una lanza metálica introduce oxígeno y combustible directamente dentro del material fundido, lo que acelera las reacciones y mejora la eficiencia.

Después llega la parte más visual del proceso. Por su densidad, el cobre y los metales preciosos tienden a hundirse en el fondo del reactor, mientras que los materiales no metálicos forman una escoria que flota en la superficie. Parece simple, pero detrás hay metalurgia, control de temperatura y mucho trabajo de laboratorio. No es magia. Es ciencia aplicada.

Por qué importa tanto

Este hito no llega en cualquier momento. La Unión Europea se ha marcado para 2030 varios objetivos en materias primas estratégicas, entre ellos cubrir al menos el 25 por ciento de su consumo anual mediante reciclaje y evitar que más del 65 por ciento de una materia prima estratégica dependa de un solo país tercero.

En la práctica, esto significa que Europa quiere depender menos de importaciones lejanas y aprovechar mejor lo que ya tiene dentro de sus fronteras. Y lo que tiene no son solo minas tradicionales. También tiene millones de aparatos eléctricos y electrónicos que contienen materiales valiosos.

El comunicado del CSIC insiste precisamente en esa idea. La llamada minería urbana puede ayudar a que el valor económico e industrial de estos metales se quede en Europa, en lugar de perderse por falta de tratamiento, exportaciones mal controladas o reciclajes incompletos. Es una forma distinta de mirar el cubo de residuos.

Una planta piloto con socios industriales

La primera colada experimental se ha realizado en una planta piloto del CENIM-CSIC. Eso es importante, porque no estamos hablando todavía de una producción masiva como la de una gran industria, sino de una validación tecnológica. El paso sirve para demostrar que el proceso funciona y que puede acercarse a una aplicación industrial real.

El proyecto se ha desarrollado con la colaboración de Atlantic Copper y Glencore Technology. Según el propio investigador del CENIM, esta cooperación permite llevar el conocimiento generado en la investigación pública a un entorno más cercano a la industria. Dicho de otra manera, no basta con descubrir algo en el laboratorio. Hay que hacerlo funcionar fuera de él.

Esto puede ser clave para sectores vinculados a la transición energética, la digitalización y la fabricación avanzada. Baterías, placas electrónicas, redes eléctricas, motores y equipos industriales dependen de materias primas que no siempre son fáciles de conseguir. Recuperarlos de residuos ya existentes reduce presión sobre nuevas extracciones y mejora la economía circular.

Lo que viene ahora

El éxito de la primera colada no significa que el problema de los residuos electrónicos esté resuelto. Todavía quedan preguntas importantes. Cuánta energía requiere el proceso a gran escala, qué costes tendrá, cómo se organizará la recogida de residuos y qué calidad tendrán los metales recuperados cuando la tecnología avance hacia usos industriales.

También hace falta una cadena bien ordenada desde el primer paso. Si los aparatos acaban mezclados con basura común o guardados durante años en cajones, el mejor horno del mundo no podrá recuperarlos. Por eso, el reciclaje empieza mucho antes de la planta piloto, empieza cuando el ciudadano entrega bien sus residuos y cuando las empresas diseñan productos más fáciles de desmontar.

Aun así, el avance es relevante porque cambia el enfoque. La basura electrónica deja de verse solo como un problema ambiental y empieza a verse como una reserva de materiales. En un continente que quiere fabricar más tecnología limpia, esa diferencia puede pesar mucho.

La nota de prensa oficial más reciente sobre esta tecnología ha sido publicada por la Delegación Institucional del CSIC en la Comunidad de Madrid.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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